martes, 6 de marzo de 2007

DESPUÉS DE UN MAL DÍA DE TRABAJO




Voy a lo obvio, que es lo que (me) falla. Nunca ni un amor ni una queja de segunda mano, nunca un instinto con fórmulas y pautado. Nunca intentar calmar después del incendio habiéndolo podido evitar. Siempre seguir el principio interno que opera más allá de una situación determinada, aunque adecuándose a la situación, para enriquecerla, sobre-vivirla. Las situaciones vienen creadas por las acciones, éstas, a su vez, están personalmente motivadas. Los principios (éticos) no justificarán un acción determinada (sería otra forma de manipulación), pero sí ajustan más la acción al buen desarrollo de la situación. Por buen desarrollo se entiende que favorece todas las partes implicadas.

No compadecerse de nadie que vive una situación que juzgas como evidentemente crítica en tu mismo contexto o delante de ti, sino cogerle o advertirle antes de que caiga, o, simplemente, dejarle caer con confianza pero sin lamento de después que nos haga (auto)creer que somos más buenas personas. Somos lo que hacemos, no lo que remediamos.

Olvidamos sin oposición y nos fugamos de nuestra conciencia de las cosas que están más allá de nuestro pequeño círculo cerrado de precaria individualidad. Por eso confundimos nuestros principios más arraigados y personales y no nos damos cuenta que eso es todo lo que, culturalmente, hemos heredado. Por ejemplo la compasión, la anteceden muchos siglos de historia cristiana y de mercado colonial y liberalista (contradicción comúnmente aceptada) que hace y, luego, al cabo de mucho tiempo, confiesa. Del todo camuflada ya dentro de nuestras venas. De tantos modales impuestos hemos perdido el modo y, con él, el sentido. Por ejemplo, alguien que se cree no estar agrediendo al otro por el simple hecho de bajar el tono de voz aunque sus palabras significan crucificarlo. Eso pasa y va pasando, ¿no se hacen las torturas en silencio y en lugares cerrados? Ojos que no ven corazón que no siente: Falso.

Hemos perdido el tacto, estableciendo una relación completamente virtual, antinatural con nuestro interior. Una máscara se ha instalado en nuestro corazón, sólo así la hiper-tecnificación, en el sentido de hiper-automatización (también del lenguaje que expresa un modo de sentir y comprender, también ese mismo sentir y comprender) puede extenderse como un cáncer mediador de toda relación y vínculo posible entre los hombres, y entre ellos y las cosas.

Respeto por el mundo, y por uno mismo. Evidenciar la insuficiencia de este canon nuestro occidental tan paternalista que ya no sirve ni para el parlamento, ni para las iglesias (de todo tipo), ni para el pueblo. El canon no es ya sólo cómo se estructura un sistema socio-económico y político-cultural determinado, sino que el canon se ha establecido de forma invisible en nuestra manera de pensar y sentir. La mayoría de la gente ni tan solo puede manipularlo porque es algo que se ha convertido en natural, es más, en algo deseable. Arterias base de la sociedad del bien-estar, donde ni se “está” ni “bien”. Carreteras, autopistas, vías, vuelos, para nunca llegar.

El exceso de escrúpulos puede tener las mismas consecuencias que la falta absoluta de escrúpulos. Su exceso conlleva una falta en otro sentido. Véase los líderes políticos o de cualquier agrupación (también con motivaciones puramente económicas) cuyo fundamento sea la confrontación y consecuente aniquilación de una agrupación que consideran perjudicial para su propia supervivencia. Eso es llevar el instinto al rango del corazón mediada por una prejuiciosa y maquinadora razón. Ni rastro del corazón ni de los valores potenciales tanto del instinto como de la razón. Mal uso extremo de lo que se nos ha dado. Eso es automatizar los principios morales a los que estamos llamados a buscar en la vida y que a nadie, de nacimiento, le tienen que venir dados. El escrúpulo, en todo caso, tiene que ser para con uno mismo, y nace de la atención, y tiene carácter abierto, para con el otro está el cuidado.

¿Hemos dejado de ver el muro que desde hace siglos los hombres han intentado, poco a poco, derribar?¿A qué me refiero con lo de muro? A toda esa hiper-automatización: del escrúpulo, de los modales sociales comúnmente aceptados, del canon, del miedo, del deber inculcado, del olvido de uno mismo y correlativamente del mundo en el que vivimos, de la acción vinculante, de la muerte para algunos, del vivir para unos pocos, del desapego hacia un lenguaje que ya no nos expresa. Y esa lucha, aunque la historia cambie el rostro de los hombres, siempre ha tenido lugar en el mismo espacio. Yo no pienso y luego existo a secas, sino que pienso y existo en un lugar que se está quedando, por nuestra culpa, a secas. Pero este espacio, este mundo, no goza de la eternidad que los hombres se prometieron entre ellos. Por sus promesas inconsecuentes, las cosas y el planeta perecerán antes de lo que les toca. Y eso es un crimen atroz. Y el culpable serán los hombres que desmerecen su calificada “humanidad”. No tenemos ningún problema, postulamos el remordimiento como un acto cultural (véase o léase la tradición cristiana), pero luego actuamos con el “sin escrúpulo”. Echamos hombres de sus trabajos, de sus tierras, de sus hogares, colonizamos, descolonizamos, aterrorizamos, y eso entre hermanos. ¿Cómo no vamos a ser igual o más déspotas e inconscientes con algo que no puede hablarnos con nuestro mismo lenguaje como el planeta? Pero ya había olvidado que incluso el lenguaje había caído en zona muerta.

Valorar la acción. Remeditar la pasión. Sensibilizar la acción. Sincerar la pasión. Olvidar los modales viciadamente aprendidos, buscar, cada uno, su propio modo. Establecer una red modal, con sus diferencias, y sus conexiones. Concretar: Necesitamos una casa, la casa, vida. Releer, volver a lo que decimos, reciclar lo dado, lo sido, transformarlo transformándonos. Continuar hurgando en las evidencias que pasan desapercibidas, en destornillar los engaños que ya no obran en nuestras vidas. Seguir, a pesar de todo. Porque pesa, pero se sigue.

¿Y por qué siempre empiezo en lo obvio y termino en el Apocalipsis?

06/03/2007, en el tren, ese jodido tren de cada día de ida y vuelta al trabajo...


4 comentarios:

Fawn dijo...

Valorar la acción. Remeditar la pasión. Sensibilizar la acción. Sincerar la pasión.

Sencillamente enorme.

Un abrazo explosivo.

Stay wild.

bosquimano dijo...

...quizá porque el apocalipsis es parte ya del terreno de lo obvio.

(un texto para tener de cabecera. gracias.)

un grapat de sorra,
bosquimà

hiperboreana Ingrid dijo...

Gracias a los dos, friendly fires (como dice la canción de Eric Trufaz). Sí, sí: lo obvio del apocalipsis...

grapats de sorra són els que deixem cada dia, però sempre és poc quan un s'encara amb el desert.

Bosquimano, sorprendente magdalena la de tu blog. Siempre he sido devota defensora de la figura bíblica, una Juana sin Arco mal comprendida

besos

bosquimano dijo...

poc a poquet, grapat a grapat, fem els nostres deserts.

me alegra que te sorprendiera mi magdalena (parte de una serie). la bíblica debiera haber sido apóstol, si hasta recaudadores de impuestos hubo entre los doce.

besos,
bosquimano