jueves, 5 de julio de 2007

EN LOS BRAZOS DEL LEVIATAN

Estaba en el locutorio. han entrado todo de hombres vestidos de negro, encapuchados, armados, gritando que nos pusiésemos contra la pared y las manos en alto. Era la policía, pero la primera impresión ha sido: Ahora nos atracan. Casi nos matan de un ataque de corazón a todos. Y a eso lo han llamado: "control de seguridad ciudadana". Si casi nos matan! Todos contra la pared, pues. Yo hablo con un pequeño cubano de 20 años, casi no puede tragar saliva y tiembla. Yo soy la única con la piel blanca. Preguntan a todos por sus antecedentes, hay unos cuantos que ya pasaron por el calabozo. Es humiliante, supongo, es como cuando eres pequeño y tienes que decir que te has meado encima. A mi no me preguntan. Le digo al cubano: ¿Te has fijado, a mí no me han preguntado?¿tú lo entiendes", y lo entiende, lo peor es que lo entiende: Tú eres una mujer, y blanca. Pero no acusa al otro de sus prejuicios raciales. Luego me toca meterme en el cuarto oscuro, dejar la maleta fuera y ser registrada por una mujer que lleva guantes, que va diciendo a la gente que se tranquilice porque sólo están haciendo su trabajo. Que no me jodan. Yo no tengo miedo, me indigno y sulfuro, y le pregunto al jefe (que como extras debe llevar un par o tres sesiones de psicoterapia con sus angry young men que tiene como empleados) si puedo continuar o que me deje cerrar la sesión. EN el cuarto oscuro me hacen quitar los zapatos, me tocan por todos sitios, nunca me habían manoseado tanto los pechos, miran dentro de cada bolsillo, dentro del pantalón. ¿Creen en miráculos? La gente tiembla, tiembla tanto que cuando les preguntan por el nombre de sus padres casi ni se acuerdan. A mi casi ni me miran, no temen, soy parte del stablishment. No me lo puedo creer. Salgo y veo que han aparcado tres o cuatro furgones de los mossos de la cuadra y que han cortado la circulación de la calle. Al final se ha apelotonado un montón de curiosos, gente, también, que quiere ir a su casa. Todos curiosos y sin ver. En el interrogatorio, uno de los que tenía antecedentes le pregunta al jefe qué setiene que hacer para ser mosso de cuadra, que tiene el b1 de catalán, que no sabe si mide lo suficiente, empiezan a hablar de estupideces, para aplacar el miedo. Y pienso que qué es lo que quiere aquel joven extranjero, hacer lo mismo que hacía pero con la seguridad de que no será a él a quien le metan la mano hasta los cojones, le abran de par en par sus posesiones y hagan de su carta de identidad un motivo de expulsión. Hay un niño pequeño que viene con su hermano, tienen al pequeño apartado, ¿para qué, me digo? Es casi peor. En fin: control de seguridad ciudadana. Yo no quiero pagar con mis impestos estos jodidos perros de caza, fundadores del miedo, de la rabia, porque la violencia culmina en ellos, sólo en ellos y gracias también a ellos. Y ver al pobre propietario del locutorio ser acusado por no tener llave de una puerta que es de su jefe. Él, que me enseña fotos de su mujer y su hija, son guapas le digo, pero él, con lágrimas en los ojos sólo piensa en la distancia. Él que cuando le pregunto cómo va la familia me habla de un año más, un año más perdido de vida en que aquellos seres casi pasan a ser fantasmas del pasado en pro de un presente que no se deja vivir, penetrar. Y nosotros pensando que no hay hombre que valga la pena, y ellos, tan extranjeros a todos, incluso a lo que les es familiar. No sé qué debe ser vivir en un contexto de guerra, pero esta guerra cotidiana duele. Yo intentaba darle miradas de complicidad, pero parecía un ave asustada en un bosque sin árboles, y aquellos hombres negros entrando de golpe y entonando a la vez con un grito cavernario que nadie se mueva. Quiere performances? Todos al unísono de una ley que quebranta... jodidos... Y lo que me ha dejado temblando no era la papereta de los hombres grises, sino el grito silenciado de la gente temblando, la pobre china con la hija a cuestas que no entendía nada, y esa falsa compasión por las mujeres y los niños... en fin, este tiempo perdido, estas vidas minimizadas sin que les sea concedida la primera palabra, el color (siempre amargo) de su incierto día.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por Vazquez Montalbán


lo que se presiente y no se dice
desde que Hiroshima
nos dejó sin habla
que la tercera guerra mundial
se ha declarado
que se muere
en los cuatro puntos cardinados
que crucifican la tierra en cruz gamada
lejos del parking amortizable
del supermercado de leches descremadas
de los lugares de vacaciones invernales
de las familias de hijos únicos
desplegables
lejos del Louvre y de la poesía tónica
lejos
muy lejos de la Plaza Roja y de la Casa Blanca
si se supiera
que a los vietnamitas del Líbano les abren en canal en Guatemala
más no se inventó el napalm para Le Bois de Boulogne
ni la violada de El Salvador será Miss Play Boy
en abril
aunque abril siga siendo el mes más cruel
en ésta guerra sólo se mata en los arrabales
el centro es ciudad abierta por mutuo acuerdo
entre el Bien y el Mal, mientras la ciencia
del alma calcula como calcular lo incalculable
por ejemplo
cuántos deben morir cada día en Etiopía
para que nos salga social
de pronto
la poesía.

hiperboreana Ingrid dijo...

Te has avanzado, Madame, a mi comentario vía e-mail..., gracias, besos