sábado, 25 de agosto de 2007

Cabezas (27ª parte “Apuntes de Viaje”)


Hoy hemos ido a comer en un buen sitio, si no fuera por las dos cabezas de toro que colgaban de la pared. He estado mirando un buen rato el que era todo negro, bueno, supongamos que el resto de su cuerpo también lo era. Acaso no estábamos tan lejos, yo también un animal al que le hubieran cortado la cabeza y al que se le hubieran quedado las pupilas permanentemente abiertas. “Los zorros tienen madrigueras y los pájaros del aire tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”, citado en Alan Watts, El camino del Zen. Ningún sitio donde reclinar la cabeza, aunque cuelgue de una pared o se hunda en una cama cualquiera. Aquí todo el mundo habla en castellano, esto es evidente. Sería difícil escribir en otra lengua.