viernes, 24 de agosto de 2007

Coma nada profundo (16ª parte “Apuntes de Viaje”)


Aquí no hay un solo libro a kilómetros de distancia, el periódico va escaso, pero te dan cincuenta piñas coladas por minuto y mil tintos de verano cada segundo. Las palmeras del mini-golf están todas carcomidas, y qué importa. ¿De dónde sacarán toda el agua que se necesita para mantener seis hoteles de cuatro estrellas, minigolfs, kilómetros de urbanizaciones clónicas en medio del desierto? Se lo pregunto a mi hermana. Ni lo sabe ni le importa. Vivimos en un coma, nada profundo. Quiero despertar de este sueño impuesto. No sé vivir sin deberes ni pasión. Esta inacción produce náusea, la inacción de un bienestar completamente calculado. No tiene nada que ver con el vértigo de cuando te encuentras sólo en medio del campo o el mar. Aquí no hay ninguna transfusión, y el corazón late a marcha forzada en su fúnebre e inmóvil procesión.