viernes, 24 de agosto de 2007

Cópula (24ª parte “Apuntes de Viaje”)


No sé si nunca alguien soportará estar conmigo de una forma un poco seria (aquí le deberían seguir párrafos de justificaciones y preguntas a las que no accedo, porque sería ya otro cuento), pues busco que cada instante sea más que menos verdadero. ¿Cómo es eso? Pues con una cierta autenticidad que nace de la entrega, un querer estar ahí, hacerse presente también y sobretodo hacerlo para el Otro, y de ello nace toda intensidad posible, hace que las cosas se vivan en su calidad propia. Sin este querer o presencia donativa, la misma forma del instante se difumina y vuelve a su celda virtual. Soy exigente, no en las formas, sino en la sinceridad con la que se atreve a vivir alguien. A cuanta más sinceridad más riesgo por la misma vulnerabilidad en la que uno llega cuando se muestra, se expone a lo que vive, sin descartar nada, sin encapsular nada, sin agarrarse con garfios a fórmulas ya dadas, buscando no crear efectos concretos en los otros, sino su propia forma, acostándose con uno mismo como si en aquel acto uno tuviera que descubrirse en su más originario desnudo o nudidad (si cabe, si existe el término), su máxima fragilidad, su original desamparo, el humilde vacío madre que nos llama a copular con las cosas, a buscar una unidad que quizás sólo existe más allá de toda pregunta, de todo fenómeno, de toda individualidad, de todo accidente, carácter y forma.