viernes, 24 de agosto de 2007

De intenciones (21ª parte “Apuntes de Viaje”)



“Lucha por recobrar lo que se ha perdido y se ha encontrado y se vuelve a perder otra vez”, decía Eliott. Siempre se vuelve a perder otra vez, también a veces las hermanas. No sé porque siempre vivo poniendo precio al día, cada instante a prueba, a forzar la lucha por encontrar algo significativo en él, y eso sólo conlleva decepción y una profunda tristeza. Tendría que ganar más en confianza y menos en sublevación intensa de la materia en presente hiper-contínuo. Juzgo el presente como si sólo existiera él pero con viejos instrumentos de un pasado hiper-significado. Si lo hago así es porque la bestia voraz del pasado y su memoria me asaltan en cada esquina de cada hora. Y así, llenándose de ladrones llorones, mi corazón empobrece. Por eso pongo retos al presente y su “aún”. Por eso mi historia del amor sólo es veraz si se la llama como se vive su llama: una historia modular de desamores sin roturas, de pérdidas sin separación ni extinción final. Para no llegar al: “Sólo puedo decir que ahí hemos estado, no puedo decir dónde”. Sino al:
“Aquello por lo que creías haber venido
es sólo una concha, una cáscara de sentido
cuyo propósito rompe y sale sólo cuando está cumplido
si es que rompe. O no tenías propósito
o el propósito se halla más allá del fin que calculabas
y se altera en su cumplimiento”.
(Little Gidding, T. S. Eliott, en Four Quartets).