viernes, 24 de agosto de 2007

El tren (4ª parte “Apuntes de Viaje”)


Se va el tren hacia Almería. Como buen tren español, todos los asientos van en la dirección contraria a la del recorrido natural, es decir, que vamos todos de culos y espaldas. Después que bajasen en Granada unos cuantos hombres con guitarras al hombro, uno lamenta no poder pasar más tiempo en esta ciudad mágica. Con el tren sólo veo las afueras de la urbe, y esto es lo mismo en todas las ciudades, aunque ahora, con la legítima explotación turística de los núcleos urbanos, pasa allí lo mismo. Escribo en castellano, quizás a santo de Federico García Lorca, que es con quien, a edades tempranas, aprendí a leer y escribir. Aquí se escampan por todos los rincones los objetos que revivían en los nombres de sus poemas y canciones. Su lírica se huele y baja al moro. Escribo en castellano quizás también porque en los viajes uno deviene extraño por naturaleza.