viernes, 24 de agosto de 2007

Enjaularse en plena libertad (22ª parte “Apuntes de Viaje”)



Sin propósitos o con ellos y mucha atención para cambiar el rumbo del barco o dejarse llevar hacia alta mar cuando haga falta, cuando esté alta, si es que llega a ello. Eso tiene que ver poco con Almería. Tengo ganas de decírselo a alguien. Soy como un animal enjaulado en plena libertad, saltando libre en un mundo que detesta, soldado sin batalla, cantor con la boca sellada y el corazón vertiendo entristecido por cada descosido de mi cuerpo quieto. Tengo algo, pero nadie que lo pueda recibir. Quizás en el fondo no tengo nada. Mi hermana no sabe nada de todo esto que cuento, supongo que ésta es mi máxima crueldad: la de decir las cosas en el momento más inesperado y en el lugar más cobarde, aquel desde el cual nada se puede modificar a doble banda. Pues éste es mí aquí y ahora, donde se pueden decir, aunque vagamente, las cosas por su nombre, o con un posible nombre, y en mínima libertad. También está la concreción del sentido.