viernes, 24 de agosto de 2007

La Isla (9ª parte “Apuntes de Viaje”)



Hoteles de cuatro estrellas para familias donde antes había el desierto: prisiones (de)generadoras de dinero de la nueva era. Invernaderos donde antes había ríos. Extensiones contorneadas por esas casi invisibles espinas de Aloé Vera que el estado protege. Mi hermana goza en las calles comerciales de Almería, no se atreve a adentrarse por las calles donde yo huelo que se esconde la vida. Son dos modelos, y tan diferentes, dos polos en una sola línea. Aquí la gente sólo bebe y pasea, supongo que en Barcelona debe estar pasando lo mismo, pero aquí, en esta isla de urbanizaciones y hoteles, cualquier atisbo de intensidad queda rezagado al monocorde viento que en ese cabo peninsular sólo sirve para el olvido. Si hay un sueño de mundo posible, no está aquí, o no el mío, en esas cuatro paredes encapsuladas en el hilo musical, los bronceadores y las conversaciones más polvorientas. Viajar para desencontrarse, siendo algo, ya es bueno.