viernes, 24 de agosto de 2007

La muerte que no existe (14ª parte “Apuntes de Viaje”)



Aquí parece que la muerte no exista. Pues, me digo, así se manifiesta lo mortuóriamente vivo con toda su esplendorosa decadencia. Aquí la conciencia es sólo para el beneficio más efímero e inmediato, la construcción sólo para más complejos urbanísticos, nada complejos por cierto, son la multiplicación exacta de una forma matriz. ¿Proyectos? Para el próximo LARVARIO. Nada más. Una capa nubosa cubre todo el cielo. Por fin la naturaleza se revela, y mi ánimo entona una límpida carcajada silenciosa. ¿Lloverá? Que el tiempo cambie sirve para entrever un horizonte de expectativas, aunque tampoco modifique nada, un relámpago como mínimo te da a ver:
IRRUPCIÓN
INTENSIDAD
QUEBRANTAMIENTO DE LA NORMALIDAD
ILUMINACIÓN
ERUPCIÓN
LO VIVO NATURAL
INSPIRACIÓN
MUERTE PURIFICADORA
PODER
IRA JUSTICIERA
Los relámpagos, como mínimo, silenciarían los motores de los aires acondicionados, de las neveras y de las máquinas perforadoras.