viernes, 24 de agosto de 2007

Resistirse a lo involuntario opioso (19ª parte “Apuntes de Viaje”)


Aquí no se sabe lo que pasa en el resto del mundo, y eso inquieta. Quizás es lo que hace este entorno el lugar ideal para el ocio barato y para la metafísica. Uno tiene que vivir el presente que lleva a cuestas, y esa falta de costosidad es lo que alerta. Aquí todo es fácil y simple, pero, ¡atención! Carece de alma. Mañana visitaremos la Alcazaba de Almería, por fin saldremos. Queda anulada la visita al Cabo de Gata, allí donde se despertaría de nuevo la aventura en la mirada. Hundir de nuevo la cabeza en la tierra y en la mar salada en lugar de hacerlo en la sauna y las moquetas coloreadas, el combinado alcoholizado de verano o la piedra retocada de pasillos y piscinas. El cloro es lo que se me ha quedado fijo en la mirada, lo que me ciega, quemando mi alma, y dejando hecha trocitos mi voluntad aniquilada. Mi interior me pide resistencia, pero ¿cómo se puede resistir a algo que está hecho para el ocio y el bienestar ocasional de la gente, para el olvido? Ante esta realidad no hay lenguaje que hable en nombre de ninguna verdad. Sin ellos, ¿qué queda de mi?¿que queda de alguien si todo lo que lo motivaba queda rasurado?