viernes, 24 de agosto de 2007

Valor y respeto (15ª parte “Apuntes de Viaje”)



(Valor y respeto, repetición con mucha diferencia, lo natural y la prisión de lo que quiere, artificialmente, pasar como natural, el Hotel)

Si éramos algo ruin, en lo que nos hemos convertido, de tan vergonzosamente aceptable, es peor. Si de la naturaleza lo hemos perdido todo, de lo humano ya casi no queda nada. Cuatro formas modales que me impone mi hermana, sin modo. Me riñe porque dice que vivo en mi “matrix” personal, mis “Mundos de yupi” (¿cómo se escribirá “yupi”?). ¿Quién le habrá hecho creer que lo institucionalmente aceptable es lo más necesario para la humanidad? Ciertamente, desde fuera, sólo rezuma en mí un autismo amable, así se me ve, como caída de ninguna parte, respetuosa e indiferente a todo. Mi vida, precisamente (si la hay), no comulga con ninguna indiferencia, y si me aparto es sólo para intentar ver mejor. Prefiero decir desde la escritura en lugar de herir en vano, con mi opinión, a la gente que vive “felizmente” de todas estas idioteces que nutren su engaño diario según su propia definición de “felicidad” (búsquese en la guía de El Corte Inglés todos sus atributos). Al fin y al cabo no estoy yo aquí para joderles las dos semanas del año en que libran del trabajo, estoy aquí para joderme viva, semi-desnatada y poco sonriente. Mi actitud también es criticable, pero nunca se me podrá decir que no vivo a conciencia y que me conformo con éste estúpido e hipócrita “Post-american-way-of-life” = “an other way to die”. No así, porque el mundo escuece y la tierra va camino de su resignación final. Tenemos que merecer vivir y no hacer que podemos destrozar o consumir todo cuanto nos es dado, porque nada nos es dado si no es comprado. Mi conciencia sigue (intenta) este camino, que es viejo y lleva muchos padres. Si Nietzsche dice que se transformen todos lo valores, yo me digo que se repiense de nuevo la misma noción de “valor” y “respeto”. El “valor” está encallado en la jerga económica y el “respeto” es sólo el “seguir la regla del juego”. Lo que nos dan para comer no alimenta, lo que nos dan para crecer no funciona, pues no quieren que crezcamos, sino, como las gallinas que ponen fast-forward sus huevos en su jaula bajo una luz incandescente, quieren que así caguemos, para ellos, nuestros billetes.