viernes, 24 de agosto de 2007

Y se abrió el cielo (18ª parte “Apuntes de Viaje”)


Nos sabemos los anuncios de memoria y casi no recordamos cuando fue la última vez que hicimos el amor. Yo también me desdoblo. Cuando vivo los acontecimientos casi nunca me violento, no me quejo, pasivamente sigo su curso, sin forzar mis propias acciones, no siempre poniendo en duda las decisiones de los otros. Pero cuando llego aquí, en mi casa, este solitario y multiforme lugar de la escritura, este palacio sin corona que, conformando, piensa; aquí, donde tiempo y reflexión se dan la mano para la recreación de lo que, como un relámpago invisible, aconteció en una fracción espacio-tiempo determinada, en esa conjetura perfecta, entonces, en la imprecisión de la escritura, en su parquedad, sus limitaciones, ahí, revivo, abriéndose de nuevo un espacio de posibilidades y de sentidos, apareciendo, por fin, otra vez, el clamoroso “sí al mundo, sí, sí, sí a la vida”, la vivible, la que lleva siglos fluctuando y se concentra mínima en tus brazos que elevas al cielo del “aún hay mucho por hacer”, seguido del “aquí existo pues, para tal destino”.