viernes, 16 de noviembre de 2007

MICRO-CUENTO "EL ENCUENTRO"


La tristeza de la mujer era tan grande, que su lecho se había convertido en un vasto desierto. Tan ancho, y tan vacío que incluso su propio cuerpo había casi desaparecido. Aunque a vista de pájaro aún se distinguían en la arena las huellas de un caminante, pero ni rastro del cuerpo ni del recorrido. De pronto una voz gritó no muy lejos. Ella se giró y vio a su amante.
-(Ella) ¿Por qué te has ido?
-(Él) Yo no me he ido. ¿Por qué te has instalado en este desierto? Desde aquí no sé si existes o eres un espejismo en la memoria, ni tan solo sé si podría existir lo suficiente aquí como para creer que existes de verdad.
-(Ella) ¿No puedes acercarte más? Casi ni te oigo.
-(Él) No puedo moverme, ni tú tampoco. Tienes que alejar el desierto, y eso sólo lo pueden hacer los pájaros. ¿Pero acaso ves tú algún pájaro?
-(Ella) ¿A dónde vas?
-(Él) A ningún sitio, yo nunca he estado aquí. En el desierto no se puede vivir. Es una cantera de sol y arena, hecha de muertos. El incendio es la inmovilidad. Nunca podrás respirar.
-(Ella) ¿Entonces cómo llegaste?¿Y por qué te fuiste?
Pero él ya no estaba. Cuando se despertó lo primero que hizo fue llamar a su amante. Pero éste ya no quería saber nada de ella. A través del teléfono podía oír los besos de una mujer caliente de verdad, con aires de madre impúdica que nunca sería madre, con el pelo revuelto deslizándose por su cara y sus pechos, quizás medio desnudos, mordiendo y labio-pintando el silencio con una sonrisa excitada, y con la misma seguridad que tiene el león al atrapar a su presa engarfiada en las pupilas dilatadas como dos soles negros llenos de satisfecha rabia. Una mujer que, por lo que se figuraba, la voluptuosidad estaría a la misma altura de su vulgaridad. Una mujer sin día después. Pero al fin y al cabo, ella era la derrotada. Entonces se tumbó en la cama, se hundió en el desierto, y se dispuso a no regresar nunca más. Los siguientes siete días el teléfono de ella sonó cuarenta veces. En el cuarto donde él aún vive, después de tantos años, aún está la foto de los dos, su arrepentimiento y un silencio ancho como un gran desierto.