sábado, 22 de marzo de 2008

vibratil


Por encima de todo: Llueve. Por debajo de todo: Lloverá. Per sobre de tot: Paraules. Per sota de tot: En va. Retruny el cel en la setmana més santa. Dos ocell ratllen la negra capota i se’n van. Por encima de todo: La vida. Por debajo de todo: un tímido dolor. Por encima de todo: las máscaras. Por debajo de todo: enfriado el corazón. Gira la flecha del compás, pronto nos apuntará para hacernos bailar en el último round. Gira la flecha. Avanza el compás. Suena la campana y el cuerpo se va. La lluvia provoca una extraña democratización (igualación, a falta de entender la palabra democracia) de los sentimientos, también de los pensamientos, les da una parecida frecuencia. Cuando llueve no se puede hablar el propio idioma si no es para poemar, no se pueden hacer conjeturas sobre el propio futuro si no es para fantasearlo, no se puede pensar en el trabajo si no es para reirse de él, no se puede pensar en amores si no es para llorar, i no se puede llorar si no es para no pensar. Cuando llueve nos igualamos a lo que llueve. Vibrátil materia sonora ve por detrás de la ventana, a resumidas cuentas (porque todas las cuentas son resumidas), ve desfilar todo su pasado, y su pasado no es más que esas licuaciones rítmicas que caen del cielo y estallan en millones de pedazos cual carne inservible en gigante matadero. En los charcos van las gotas, como el recuerdo a la fuente sin oráculo. Vibrátil materia sonora deja pasar su pasado e, ignorando lo que pasa, llora y llora sin parar, casi sin llorar. No es nostalgia, pues no sabe, es el efecto inevitable de convertirse uno en grande cueva percutora, núcleo de sensaciones múltiples y contradictorias, canal por donde el tiempo aflora, acuchilla y transforma. Por encima de todo: Llueve. Por debajo de todo: el amable silencio de la pre-muerte. Vibrátil materia sonora confia en que sus párpados, cuando ya no puedan alejar la mirada de la cosa, cederán. De momento pervive fija la desconfianza, la duda y el extrañamiento de un mundo que se deja vivir a penas y con ellas. Sólo se trataba de sobrevivir. Pero aún así vislumbraste un camino y una cima que, en cuando se llega, se termina. También viste, inmutable: aquel fuego interior que sólo entonces pensaste que era inmutable. Ahora sabes que la llama no se enciende si no se vigila, soldados de una guàrdia permamente y sin más rey que nuestra alma. Sólo se trataba de sobrevivir, como ahora sólo se trataba de decir: llueve en Girona y todo pasa en medio de una abrupta calma.