jueves, 26 de febrero de 2009

MOMENTOS...

Edward Hopper

"¿Por qué estos momentos duran tan poco? No hay que hablar así, hay que hablar desde el interior de estos momentos.

El amor hacia los objetos cotidianos, sin correspondencia"

Adam Zagajewsky, Antenas

3 comentarios:

pelao dijo...

buf, que de coincidencias...hopper! visionando el recelo post-solitarium...no te lo creeras, seguro, pero en la que fue habitacion de "matrimonio" de mi casa, en un lado un hopper, hoy en dia en la exposicion "la sombra" aqui en madrid, con la chica sentada en la habitacion de hotel, y en frente, un cuadro de inspiracion africana que se parece muy muy mucho a la portada del libro del "zagal"ito...cosas, cosas, cosas....salud.

hiperboreana Ingrid dijo...

sí, esta exposición ya vendría a verla ya... El cuadro que mencionas de Hooper, la de la chica sentada en la habitación de hotel es La lectora? está aquí presidiendo mis diferentes comedores desde hace años... A pesar de vivir en una sociedad hiperestimulada, funcionamos tribalmente y las huellas no distan tanto las unas de las otras... salud!!!

Rodrigo Simón dijo...

Hopper como creador de la cotidianeidad más dolorosamente solitaria. Tengo varias láminas de cuadros suyos inundando las paredes de mi habitación.
Lo cotidiano de las cosas pequeñas pero eternas es lo único que nos queda y nos quedará en la buena pero pequeña memoria que nos queda -perdonen la tristeza, dice César Vallejo-.

Hay un poema, un poema de César Vallejo -de nuevo César Vallejo- que habla de esto, del agarrarse al último asidero:


""Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.
Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.
Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!
Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.
Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!""

Espero que te valga de algo todo esto.

Un saludo desde mi Apartamento Stroszek,

Rodrigo Simón