domingo, 17 de enero de 2010

CARRETERA PERDIDA...HACIA ALGUNA PARTE (3)


dale al PLAY mientras lees...

Un escritor poco conocido decía esto:
“una flota cansada embarca lo querido/ suben a bordo de un tiempo perezoso las nostalgias/ se alejan/ se adentran en lo infinito las barcas de la madrugada/ remas por la angustia que cuelga de mi barba/ ajena al poder de las heridas/ sobrevivida por viajes/ interiores/ tú me quedas/ silenciosa ternura/ aún tu voz/ tu sabio instinto/ eres el ser que más respeto"

Y el ser melancólico siente que emana de cada poro de su piel su ser pasado, su yo de antaño. En un segundo pasa a ser alguien diferente y siente algo que ya no es, siendo al mismo tiempo esa punzante negación. Pero tiene sus películas, sus canciones, sus poemas, los tiene allí, como las mejores pastillas del amanecer, allí, como bendas para aplicar, finas películas sobre las tenues heridas del no poder dejar de recordar. Pero tú decidiste cambiar, algo pasó, algo te dijo: tienes que cambiar. En una fracción de segundo todas las dudas se acumulan encima de su mano y en la evidencia de que no hay videncia sino sólo acto intenta pensar que lo que hace es lo único que existe, la única dirección posible, como en el libreto de Benjamin: una calle de dirección única. Y de golpe empieza a correr, sin mirar a ningún lado, sin mirar atrás, intentando evitar cruzar la mirada, ningún gesto, ninguna palabra. Corre, corre y corre. Huye, se diría que de su pasado. Es esto, y nada más, es esto. Se dice. Y piensa que tiene que conseguir maravillarse de este “esto”. Está empezando a saber concretar, sin temer las dimensiones y caducidades del “esto”, “aquí”, “ahora”, “ya”. Intenta transformar el nervio que se tensa en cada toma de decisión en un río por el que viajar, calma las penas que nacen de las dudas con la afirmación de lo excitante del dudar. Intenta alegrarse de no saber nunca más, de que lo que sabíamos se ha ido cubriendo con nuevas capas, de que en realidad nada sabíamos, pero ¡qué buen disimular! Con nuestras medias verdades crecíamos y crecíamos y podíamos haber crecido aún más, pero la vida le ha ido acumulando accidentes y detalles, y en ellos descubre que no hay modelo, ni fórmula y, al final, quizás tampoco haya naufragio. Cabalca los accidentes, trenza los detalles, nace de este reciclaje, de este sacrificio: a pesar de que no deja de llorar está a punto de dejar de recordar, o eso espera. El melancólico siente que es un animal con una perpetua herida que no sangra y de ella hace su oficio. Es el animal que no sangra, no osa vivir, sólo funciona en él el instinto de la memoria, su reloj no marca ninguna hora, todo en él es antiguo compás. El melancólico siente que es un animal sin funciones, atado a su instinto de conservación como el perro a su amo. ¿Pero conservación de qué? De lo que recuerda, que, con el tiempo, se confunde con lo que sueña. Todo le remite a lo que ya no es, de vocación suicida, se aprieta la cuerda del tiempo contra su cuello demasiado blanco de no exponerse al sol de las cosas que con él y a diario queman. No se expone a la alegría, por miedo a que se acabe y termine por sólo acordarse. Pero un día decide que tiene que cambiar, como si su instinto se hubiera atrofiado, se pone “my funny valantine”, y descubre que ni gozo ni pena ni siquiera Chet Baker resucitan en el player. Por primera vez descubre lo buena que es esa canción, la escucha musicalmente, la describe, porque escribir le evita el llorar, por primera vez no acumula sus amores no vividos en ella, sus amores demasiado vividos, sus amores derruidos, sus incapacidades que había construido como único destino. Por primera vez se atreve a decirle: “eres el ser que más respeto, pero ya no quiero dedicar ni un minuto más a lamerme las heridas. Soy un coñazo, un leñador con una pesada hacha interior, ¿sabes? Yo no sé, pero hoy mi nuevo instinto me ha tatuado muy adentro: te quiero, lo sé, pero lo que ha sido, aquí lo dejo. Voy a mi rescate, hacia el mundo, con la única certeza que tengo: voy a ser “esto” que desconozco, sólo es cuestión de tiempo, tengo que cambiar”.

4 comentarios:

lourdes dijo...

La malangia no es bona companya per caminar a la carretera perduda, que t'ha de portar a molts llocs....., quan sàpigues el camí.
Boníssima cançò.
Molts petons carinyo

hiperboreana Ingrid dijo...

apa, mare, t'he fet una "corranda" popular, que també em sé divertir (merci bonica):

quan sàpiga el camí
aniré vestida d'or fi
i em diran adéu-siau
cada dia al dematí.
siau-siau
qui hi ha?
vingui al vepre amb mi
i li besaré la mà.
portaré un bon capell
m'enriuré de tot el vell
estaré perduda igual
i em diré doncs tan se val
i riuré com un vedell
dels homes que són com cal
Que el camí dels fets així
és de treure cap i pit
obrir el mapa, alçar la mà
i dibuixar amb un bon traç
el viatge matutí,
i el sejorn del bon demà.

apali, bona nit...

Lila Mariona dijo...

M'has "tocat"...

"(...) Así... así... pasé aquel día, tan solo esperando como... como espera precisamente un amok: absurdamente, como un animal, con esa tenacidad rabiosa, rectilínea."- S.Zweig, "Amok".

petonet

hiperboreana Ingrid dijo...

mhm...
gràcies Marions!
petó!