martes, 5 de enero de 2010

CARRETERA PERDIDA...HACIA ALGUNA PARTE


dale al PLAY de la canción


Un melancólico es como un alcohólico, pero en lugar de ingerir litros de ginebra, ingiere litros y más litros de recuerdos, algunos tan borrosos que sólo sobreviven a través de su reverberación  en la superficie inmóvil de una vieja fotografía. Ayer pasé del Desktop a las carpetas de imágenes, la intención era sólo ordenarlas y eliminar unas cuantas. De inmediato di con unas fotografías de la escuela, de mi primer curso, en ellas salía mi hermana haciendo unas simpáticas danzas con sus compañeras. ¿Qué tendrán esas fotografías que el digital es incapaz de reproducir? No lo sé, quizás sólo tiempo de maceración. En una de ellas sabía que la figura lejana y peliroja era mi madre, y que los dos enanos de debajo éramos mi hermana gemela y yo; mis gafas, por cierto, han terminado por confundirse con el píxel. Gracias al Photoshop, que no a la memoria, pude acercarme a otra de las imágenes y adivinar de nuevo a mi madre, y adivinarme de nuevo a mí misma. Sorpresa: aún allí, pero de otra manera. Como en Blow Up, lo que se revelaba a medida que me acercaba, era la certeza de una desaparición, la huella de esa misma desaparición.  Mi madre hacía el gesto de ponerse la mano debajo la barbilla, tal como aún hace ahora, vestida de blanco, con un bolso blanco colgado del terso brazo, con su media melena rojiza tapándole casi un ojo, sonriendo se diría a pesar de lo borroso del caso. Debajo de sus brazos yo estaba sobre el alféizar de una ventana, con la boca completamente abierta, como si se me fuera el alma por ella. Escondida detrás de las enormes gafas en ese gesto que aún perdura. Asomada, asombrada, ante las danzas, casi mirando a cámara, ida, completamente ida rumbo hacia esta carretera magnética que aún me une aquí. En My Own Private Idaho River Phoenix decía "esta carretera no termina nunca, seguramente da toda la vuelta al mundo". Esa carretera que empieza en una fotografía atraviesa los tiempos y renace en la mirada que se estampa contra el píxel triste de haber olvidado tantas cosas. Tantas cosas. Pero entre estos escombros: ¡Heme aquí!

8 comentarios:

prince michael PELAO III dijo...

nice, perec-proud....ayer un chaval se llevaba blow-up de la biblio antes que yo, le segui durante 10 minutos, imaginandome en busqueda de un misterioso no-asesinato...la memoria, su recuperacion, la historia personal y su des-mitificacion here-now...salud.

lourdes dijo...

Tots els camins, per petits que sigui...sempre porten a un destí, i si no hi ha camí mercat..el fem nosaltres, amb tots els laberints(?)però sempre troban la sortida.
Gràcies carinyo.
T'estimo

hiperboreana Ingrid dijo...

Gràcies mare! per cert, que em podries enviar la foto aquella que estàs al terrat del bar entre la roba estesa? m'agrada molt, m'agradaria tenir-la. un petó, ens veiem demà. Has escoltat la cançó de'n Bowie? És extranya oi?

Kasku dijo...

Que ben expressat, Ingrid. I que emocionant.

saddie dijo...

nena.. a veces leo cosas en este blog y, la verdad, no entiendo nada. pero me dejan pensando siempre o casi siempre en lo que sé y lo que no sé. y en lo que necesito saber. y en lo que quiero saber. otras veces. leo. y lo que leo me sacude y pienso: mm.. esto es tremendo! esta chica va a hacer algo grande. para decirte eso me animé a escribir. pero leyendo el comentario de tu madre me di cuenta que quizá ya lo estás haciendo. que quizá, cada uno a su manera, ya lo estamos haciendo.

un beso.
sigue. por favor. sigue con lo que sea que sea esto...

^_^

hiperboreana Ingrid dijo...

Gràcies Sr.!!!!!
I gràcies Sra.!
Sí, yo a veces tampoco entiendo nada
;)
Muchas gracias niña, demasiado trabajo que impide la ocasión de dedicarse un poco más a lo que uno quiere y necesita.
nos blogueamos a la espera del próximo encuentro.
un abrazo
pd. mi madre es casi lo mejor del blog!

lourdes dijo...

La mare es només, un gra de sorra en l'inmensitat del teu oceá que tens davant.
t'estimo

serrozar dijo...

Esas fotos pixeladas.
Tu madre, siempre maravillosa.
Siempre creciendo, Ingrid.

Un abrazo del procrastinador!