viernes, 17 de septiembre de 2010

ANÁBASIS 1: VIERNES EN LA OFICINA


TAM-TAM total

Repicar de aburrimiento

Es algo muy sutil. Es el repicar de los dedos, simultáneo, sobre la superficie inmóvil de la mesa. El repicar suave y compasado, un leve roce de las gemas de los dedos por sobre la fría lámina de madera mientras miras el vídeo del ordenador. Ese gesto, el mismo que he visto hacer a mi padre, el mismo que vi hacer a mi abuela, un gesto sobre el cual nunca había puesto ningún centro de atención, un gesto que no podía recordar porque no existía en su evidencia, ahora, sin saber por qué, se apodera de mí y florece por el viaducto de los genes y la memoria más recóndita y pestilente. Es el repicar simultáneo, leve y sutil de los dedos contra la superficie inmóvil, objetual, que te sostiene. Es el Tam-Tam de la tribu domesticada. Y viaja hasta la última capa, la externa, del cuerpo a través de un baile cromosomático al que no accedo. Es el Tam-Tam, es mi abuela en mí, mi padre en mí, mis otros yoes en mí. Es el repicar de los dedos, es el arte de la paciencia y la magna y silenciosa obra del tiempo que culmina en un festejar de la memoria. Es el trabajo y el aburrimiento que me han devuelto el gesto, y el gesto que me devuelve los queridos muertos. Es el repicar de los dedos de los que aún estamos vivos contra la comisura invisible del amor que cubre y descubre los que te precedieron. Tam-Tam. Son ellos, los que me miran libres de compás, desde el otro lado del espejo. Seguid bailando en mis genes, que entre factura y documento, haré re-percutir los dedos, las paredes, los miedos. Tam-tam. Tam-tam. Viernes tarde. Suena el teléfono en la oficina, alguien me pregunta por un servicio de mensajería. Mi yo accidental responde debidamente. Mi otro yo se va, Tam-tam, tam-tam, cada vez más lejos, hacia su refugio astral. Hay otros compañeros de trabajo a los que les percute, entre sus nobles genes, el aura familiar, la herencia y la nómina salarial. Tam-tam, tam-tam.