jueves, 7 de diciembre de 2006

DOWNTOWN TRAIN

Hoy es el aniversario del viejo Tom, cumple 57, aunque uno ya se lo podía encontrar en El Proceso de Kafka o en cualquier esquina de antaño. Podeu escoltar-lo: Downtown Train. I la meva preferida: HOLD ON! Doncs això: hold on, hold on... And of course: TEMPTATION.

lunes, 4 de diciembre de 2006

PARIS VU PAR...


Sol de noche. París de noche. Marta et moi desde la habitación del hotel. Sol de día. París de día. Árboles atravesados por la flecha de las distancias de un tren que ya no está.

El hombre en cuestión habitaba la habitación contigua del hotel donde estábamos alojadas. A horas finas de la noche, como por entre el débil espacio que queda entre el cuchillo y el corazón del escribiente, lo escuché diciendo:

"No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo dolor no me concierne. Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte. Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza".

Al día siguiente lo vi en un café, un leonés en París, hablando solo, como quien prepara el monólogo de su última función. Nos presentamos, timidamente, tal como lo hacen aquellos que huelen una comprensión mútua immediata y sin motivo. Nos dijo de dónde venía:

"Amé las desapariciones y ahora el último rostro ha salido de mí. He atravesado las cortinas blancas: ya sólo hay luz dentro de mis ojos".

Por la noche, cabizbajo, más preocupado, volvimos a encontrarle. Era el vigilante de la nieve (eso se leía en la palma de su mano), errando su dirección hacia el norte, cayendo en el norte de la civilización: París. Nos explicó en qué punto se encontraba. No nos preguntó nada:

"La luz hierve debajo de mis párpados. De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales,surge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas celdas,advierto látigos vivientesy la mirada inmóvil de las bestias, su aguja fría en mi corazón. Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así arden en mí los significados."

Y luego, hacia dónde iba, como un hermano que nos señala en un mapa su próximo viaje, no para alardear nada, sino para propiciar un punto de encuentro y anclaje:

"No quiero ser mi propio extraño, estoy entorpecido por las visiones. Es difícil poner luz todos los días en las venas y trabajar en la retracciónde rostros desconocidos hasta que se convierten en rostros amados y después llorar porque voy a abandonarlos o porque ellos van a abandonarme.Qué estupidez tener miedo al borde de la falsedad, qué cansancio abandonar la inexistencia y morir después todos los días".

Antes de partir para no verlo más, nos dio un consejo:

"Entra otra vez en las alcobas blancas. Grandes son las jarras de la tristeza en las manos mortales. Entra otra vez en las alcobas blancas."

Antes de dejarnos su hueco, tuvimos tiempo de preguntarle por su nombre. Dijo que se llamaba Antonio Gamoneda, y que estaba ensayando un papel de protagonista que ahora le había tocado, pero que en realidad, lo que a él le gustaba, era ser el secundario. Desde allí uno puede vivir más tranquilo, e incluso morir sin tener que dar explicación alguna, tal como les pasa a las efigies públicas. A este paisajista del corazón ahora empezará a entrarle el miedo de los que, irremediablemente, no están solos, los que desdichadamente no pueden estar solos, ni gemir contra el corazón, ni arder contra la urdimbre, ni venerar en hogueras verbales la tristeza. Ahora el extraño se encontrará frente al espejo que hará de su extrañez, una extraña normalidad.

PD. Al poeta Antonio Gamoneda (todos los fragmentos entrecomillados son suyos) le acaban de dar, a sus 77 años, el premio Cervantes por su obra poética. Sus primero poemas datan de los 17 años. Otro jinete que iba con pozo y bandera a caballo. Otro desatendido vuelto de golpe un hombre ocupado.