sábado, 25 de agosto de 2007

La vuelta: el desierto (29ª parte “Apuntes de Viaje”)



En el tren de vuelta a Granada vislumbro, finalmente, lo que tanto esperaba: La travesía por el desierto del sur de España. Salgo por la ventana, y no escribo.

Sudar imágenes (28ª parte “Apuntes de Viaje”)



La noche anterior a la partida, durante el sueño sudo imágenes. Son cuadros de formas en la entrevela. Distingo un par de asesinatos en un local nocturno, y yo casi estoy con un pie en la muerte del sueño sin sueño más duradero, y el otro en la vida profunda del sueño verdadero, aquel en que no me pregunto a mi misma si estoy soñando o despierto, si aquel terror en la escena es fruto de mi mente intranquila o si de verdad me muero. En todo caso sudo imágenes afiladas que se me clavan en la almohada y no descanso.

Cabezas (27ª parte “Apuntes de Viaje”)


Hoy hemos ido a comer en un buen sitio, si no fuera por las dos cabezas de toro que colgaban de la pared. He estado mirando un buen rato el que era todo negro, bueno, supongamos que el resto de su cuerpo también lo era. Acaso no estábamos tan lejos, yo también un animal al que le hubieran cortado la cabeza y al que se le hubieran quedado las pupilas permanentemente abiertas. “Los zorros tienen madrigueras y los pájaros del aire tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”, citado en Alan Watts, El camino del Zen. Ningún sitio donde reclinar la cabeza, aunque cuelgue de una pared o se hunda en una cama cualquiera. Aquí todo el mundo habla en castellano, esto es evidente. Sería difícil escribir en otra lengua.

Hermanas (26ª parte “Apuntes de Viaje”)


¿De dónde sacar las fuerzas para continuar? Evidentemente del interior. ¿Y cómo vivir a conciencia sin que ésta te desvele los engranajes básicos de la existencia y caigas en la más profunda decepción? Estoy enterrada viva en mi valle de silicio (el mental) con mi cilicio y mi grito final, al que apelo para que me arranque de aquí, donde no hay ni esencia ni raíz. Migrar, como las almas, a un lugar donde “de verdad” pueda vivir y, quizás, descansar. Antígona otra vez. Claire Lejeune también. María Zambrano desde siempre. La pasión según Clarice Lispector. Hermanas, las de mentira en las que tanta verdad he hallado. Autopistas del saber: Ninguna de pago. Me voy a la piscina a rebajar este calor inhumano.

Almariyyat (25ª parte “Apuntes de Viaje”)



El Alcazaba es un sitio precioso, tranquilo, lleno de jardines por dentro, de murallas y torres por fuera, por fin un resquicio de algo natural. Desde esta torre se divisa la ciudad, y también el desierto. Aunque ahora mismo hace tanto sol que aquello es como un apacible infierno. Almería viene de “Almariyyat”, que quiere decir, precisamente, “atalaya”. ¿Para divisar qué? ¿Los posibles ejércitos de tierra?¿Las flotas navales?¿Comerciales?¿El compás del corazón?¿Su incendio? Desierto, desierto, desierto. Y yo en medio.

viernes, 24 de agosto de 2007

Cópula (24ª parte “Apuntes de Viaje”)


No sé si nunca alguien soportará estar conmigo de una forma un poco seria (aquí le deberían seguir párrafos de justificaciones y preguntas a las que no accedo, porque sería ya otro cuento), pues busco que cada instante sea más que menos verdadero. ¿Cómo es eso? Pues con una cierta autenticidad que nace de la entrega, un querer estar ahí, hacerse presente también y sobretodo hacerlo para el Otro, y de ello nace toda intensidad posible, hace que las cosas se vivan en su calidad propia. Sin este querer o presencia donativa, la misma forma del instante se difumina y vuelve a su celda virtual. Soy exigente, no en las formas, sino en la sinceridad con la que se atreve a vivir alguien. A cuanta más sinceridad más riesgo por la misma vulnerabilidad en la que uno llega cuando se muestra, se expone a lo que vive, sin descartar nada, sin encapsular nada, sin agarrarse con garfios a fórmulas ya dadas, buscando no crear efectos concretos en los otros, sino su propia forma, acostándose con uno mismo como si en aquel acto uno tuviera que descubrirse en su más originario desnudo o nudidad (si cabe, si existe el término), su máxima fragilidad, su original desamparo, el humilde vacío madre que nos llama a copular con las cosas, a buscar una unidad que quizás sólo existe más allá de toda pregunta, de todo fenómeno, de toda individualidad, de todo accidente, carácter y forma.

Nombres y obispos (23ª parte “Apuntes de Viaje”)


Nombres de vestimentas de obispos: Dalmática, Gremial, Casulla, Bulario, Humeral. Abismos. Burlas lujosas para los que dijeron ser los portavoces naturales de la religión. Portaviático: joya para hacer el viaje interior más coqueto, más molesto, aunque el nombre encanta y viaja hacia un tiempo que ya no puede ser.

Enjaularse en plena libertad (22ª parte “Apuntes de Viaje”)



Sin propósitos o con ellos y mucha atención para cambiar el rumbo del barco o dejarse llevar hacia alta mar cuando haga falta, cuando esté alta, si es que llega a ello. Eso tiene que ver poco con Almería. Tengo ganas de decírselo a alguien. Soy como un animal enjaulado en plena libertad, saltando libre en un mundo que detesta, soldado sin batalla, cantor con la boca sellada y el corazón vertiendo entristecido por cada descosido de mi cuerpo quieto. Tengo algo, pero nadie que lo pueda recibir. Quizás en el fondo no tengo nada. Mi hermana no sabe nada de todo esto que cuento, supongo que ésta es mi máxima crueldad: la de decir las cosas en el momento más inesperado y en el lugar más cobarde, aquel desde el cual nada se puede modificar a doble banda. Pues éste es mí aquí y ahora, donde se pueden decir, aunque vagamente, las cosas por su nombre, o con un posible nombre, y en mínima libertad. También está la concreción del sentido.

De intenciones (21ª parte “Apuntes de Viaje”)



“Lucha por recobrar lo que se ha perdido y se ha encontrado y se vuelve a perder otra vez”, decía Eliott. Siempre se vuelve a perder otra vez, también a veces las hermanas. No sé porque siempre vivo poniendo precio al día, cada instante a prueba, a forzar la lucha por encontrar algo significativo en él, y eso sólo conlleva decepción y una profunda tristeza. Tendría que ganar más en confianza y menos en sublevación intensa de la materia en presente hiper-contínuo. Juzgo el presente como si sólo existiera él pero con viejos instrumentos de un pasado hiper-significado. Si lo hago así es porque la bestia voraz del pasado y su memoria me asaltan en cada esquina de cada hora. Y así, llenándose de ladrones llorones, mi corazón empobrece. Por eso pongo retos al presente y su “aún”. Por eso mi historia del amor sólo es veraz si se la llama como se vive su llama: una historia modular de desamores sin roturas, de pérdidas sin separación ni extinción final. Para no llegar al: “Sólo puedo decir que ahí hemos estado, no puedo decir dónde”. Sino al:
“Aquello por lo que creías haber venido
es sólo una concha, una cáscara de sentido
cuyo propósito rompe y sale sólo cuando está cumplido
si es que rompe. O no tenías propósito
o el propósito se halla más allá del fin que calculabas
y se altera en su cumplimiento”.
(Little Gidding, T. S. Eliott, en Four Quartets).

Conversaciones ardientes (20ª parte “Apuntes de Viaje”)



Aquí no tienes obligación alguna, pero estás continuamente limitado por los ancorajes propios del hotel, las urbanizaciones y el desierto. Aquí que el tiempo pase no significa nada. Lo significativamente peligroso es no ponerse de gala para la cena, ni participar en las noches temáticas de baile, ni sentarse en una mesa llena de barrigudos y señoras encorsetadas con la faja y la carne saliéndose por todos los costados como una fuente colesterolizada. Todos hablando del calor que hace. No hacer eso es lo raro. Todo este ruido me altera, y es que aquí el silencio va caro. El generador del hotel de enfrente (que no sé ni qué genera ni qué extrae) no deja que se abra ningún instante de paz natural. Aquí no existe la noche y su salvífica matriz de silencio. En dos días: ningún contacto humano salvo mi hermana y todos aquellos que le dicen, mientras pasa, sus debidos “buenos días”. Ella está medio trabajando, medio chateando abajo con un chico del que se ha enamorado por la vía telemática mientras yo saboreo mi telepathos en la terraza.

“Así que aquí estoy, por el camino de en medio (…)
tratando de aprender a usar palabras, y cada intento
es un arranque completamente nuevo,
y un diferente tipo de fracaso
porque uno ha aprendido sólo a extraer
el mejor partido de las palabras
para aquello que uno ya no tiene que decir, o el modo
en que uno ya no está dispuesto a decirlo, y así
cada nuevo empeño
es un nuevo comenzar, una incursión en lo inarticulado
con un desartado equipo en constante deterioro
en la confusión general de la imprecisión del sentimiento,
indisciplinadas escuadrillas de emoción y lo que hay que vencer
por fuerza y sumisión, ya se ha descubierto
una o dos, o varias veces por parte de algunos hombres que nadie puede confiar en
emular –aunque no haya competición,
sino sólo la lucha por recobrar lo que se ha perdido
y se ha encontrado y se vuelve a perder otra vez.”
(East Coker, T. S. Eliott, dentro de Four Quartets).

Resistirse a lo involuntario opioso (19ª parte “Apuntes de Viaje”)


Aquí no se sabe lo que pasa en el resto del mundo, y eso inquieta. Quizás es lo que hace este entorno el lugar ideal para el ocio barato y para la metafísica. Uno tiene que vivir el presente que lleva a cuestas, y esa falta de costosidad es lo que alerta. Aquí todo es fácil y simple, pero, ¡atención! Carece de alma. Mañana visitaremos la Alcazaba de Almería, por fin saldremos. Queda anulada la visita al Cabo de Gata, allí donde se despertaría de nuevo la aventura en la mirada. Hundir de nuevo la cabeza en la tierra y en la mar salada en lugar de hacerlo en la sauna y las moquetas coloreadas, el combinado alcoholizado de verano o la piedra retocada de pasillos y piscinas. El cloro es lo que se me ha quedado fijo en la mirada, lo que me ciega, quemando mi alma, y dejando hecha trocitos mi voluntad aniquilada. Mi interior me pide resistencia, pero ¿cómo se puede resistir a algo que está hecho para el ocio y el bienestar ocasional de la gente, para el olvido? Ante esta realidad no hay lenguaje que hable en nombre de ninguna verdad. Sin ellos, ¿qué queda de mi?¿que queda de alguien si todo lo que lo motivaba queda rasurado?

Y se abrió el cielo (18ª parte “Apuntes de Viaje”)


Nos sabemos los anuncios de memoria y casi no recordamos cuando fue la última vez que hicimos el amor. Yo también me desdoblo. Cuando vivo los acontecimientos casi nunca me violento, no me quejo, pasivamente sigo su curso, sin forzar mis propias acciones, no siempre poniendo en duda las decisiones de los otros. Pero cuando llego aquí, en mi casa, este solitario y multiforme lugar de la escritura, este palacio sin corona que, conformando, piensa; aquí, donde tiempo y reflexión se dan la mano para la recreación de lo que, como un relámpago invisible, aconteció en una fracción espacio-tiempo determinada, en esa conjetura perfecta, entonces, en la imprecisión de la escritura, en su parquedad, sus limitaciones, ahí, revivo, abriéndose de nuevo un espacio de posibilidades y de sentidos, apareciendo, por fin, otra vez, el clamoroso “sí al mundo, sí, sí, sí a la vida”, la vivible, la que lleva siglos fluctuando y se concentra mínima en tus brazos que elevas al cielo del “aún hay mucho por hacer”, seguido del “aquí existo pues, para tal destino”.

No pasa nada (17ª parte “Apuntes de Viaje”)




Aquí me dicen cómo me tengo que comportar y eso me exilia progresivamente de mí misma. Su concepto de rectitud está completamente codificado y una acción justa sólo está justificada por el grado de confortabilidad que provoca en el cliente. Aunque hay otro tipo de normas que tienen que ver con el estatus: a la hora de la cena todo el mundo tiene que ponerse ropas buenas. Mi hermana ha gozado y forzado tanto la idea de que venía que ahora no hace falta hacer nada para disfrutarlo, ergo, no se disfruta. La mayoría de las personas gozan los acontecimientos antes que sucedan, y es parte importante del mismo, pero uno no elimina lo otro. Hay quienes viven la ilusión del mismo en formato porcelana, y cuando llega la cosa: nada pasa. Como en la publicidad. Como con mi hermana.

Coma nada profundo (16ª parte “Apuntes de Viaje”)


Aquí no hay un solo libro a kilómetros de distancia, el periódico va escaso, pero te dan cincuenta piñas coladas por minuto y mil tintos de verano cada segundo. Las palmeras del mini-golf están todas carcomidas, y qué importa. ¿De dónde sacarán toda el agua que se necesita para mantener seis hoteles de cuatro estrellas, minigolfs, kilómetros de urbanizaciones clónicas en medio del desierto? Se lo pregunto a mi hermana. Ni lo sabe ni le importa. Vivimos en un coma, nada profundo. Quiero despertar de este sueño impuesto. No sé vivir sin deberes ni pasión. Esta inacción produce náusea, la inacción de un bienestar completamente calculado. No tiene nada que ver con el vértigo de cuando te encuentras sólo en medio del campo o el mar. Aquí no hay ninguna transfusión, y el corazón late a marcha forzada en su fúnebre e inmóvil procesión.

Valor y respeto (15ª parte “Apuntes de Viaje”)



(Valor y respeto, repetición con mucha diferencia, lo natural y la prisión de lo que quiere, artificialmente, pasar como natural, el Hotel)

Si éramos algo ruin, en lo que nos hemos convertido, de tan vergonzosamente aceptable, es peor. Si de la naturaleza lo hemos perdido todo, de lo humano ya casi no queda nada. Cuatro formas modales que me impone mi hermana, sin modo. Me riñe porque dice que vivo en mi “matrix” personal, mis “Mundos de yupi” (¿cómo se escribirá “yupi”?). ¿Quién le habrá hecho creer que lo institucionalmente aceptable es lo más necesario para la humanidad? Ciertamente, desde fuera, sólo rezuma en mí un autismo amable, así se me ve, como caída de ninguna parte, respetuosa e indiferente a todo. Mi vida, precisamente (si la hay), no comulga con ninguna indiferencia, y si me aparto es sólo para intentar ver mejor. Prefiero decir desde la escritura en lugar de herir en vano, con mi opinión, a la gente que vive “felizmente” de todas estas idioteces que nutren su engaño diario según su propia definición de “felicidad” (búsquese en la guía de El Corte Inglés todos sus atributos). Al fin y al cabo no estoy yo aquí para joderles las dos semanas del año en que libran del trabajo, estoy aquí para joderme viva, semi-desnatada y poco sonriente. Mi actitud también es criticable, pero nunca se me podrá decir que no vivo a conciencia y que me conformo con éste estúpido e hipócrita “Post-american-way-of-life” = “an other way to die”. No así, porque el mundo escuece y la tierra va camino de su resignación final. Tenemos que merecer vivir y no hacer que podemos destrozar o consumir todo cuanto nos es dado, porque nada nos es dado si no es comprado. Mi conciencia sigue (intenta) este camino, que es viejo y lleva muchos padres. Si Nietzsche dice que se transformen todos lo valores, yo me digo que se repiense de nuevo la misma noción de “valor” y “respeto”. El “valor” está encallado en la jerga económica y el “respeto” es sólo el “seguir la regla del juego”. Lo que nos dan para comer no alimenta, lo que nos dan para crecer no funciona, pues no quieren que crezcamos, sino, como las gallinas que ponen fast-forward sus huevos en su jaula bajo una luz incandescente, quieren que así caguemos, para ellos, nuestros billetes.

La muerte que no existe (14ª parte “Apuntes de Viaje”)



Aquí parece que la muerte no exista. Pues, me digo, así se manifiesta lo mortuóriamente vivo con toda su esplendorosa decadencia. Aquí la conciencia es sólo para el beneficio más efímero e inmediato, la construcción sólo para más complejos urbanísticos, nada complejos por cierto, son la multiplicación exacta de una forma matriz. ¿Proyectos? Para el próximo LARVARIO. Nada más. Una capa nubosa cubre todo el cielo. Por fin la naturaleza se revela, y mi ánimo entona una límpida carcajada silenciosa. ¿Lloverá? Que el tiempo cambie sirve para entrever un horizonte de expectativas, aunque tampoco modifique nada, un relámpago como mínimo te da a ver:
IRRUPCIÓN
INTENSIDAD
QUEBRANTAMIENTO DE LA NORMALIDAD
ILUMINACIÓN
ERUPCIÓN
LO VIVO NATURAL
INSPIRACIÓN
MUERTE PURIFICADORA
PODER
IRA JUSTICIERA
Los relámpagos, como mínimo, silenciarían los motores de los aires acondicionados, de las neveras y de las máquinas perforadoras.

El animal que no existe (13ª parte “Apuntes de Viaje”)


Aquí los animales se esconden. De hecho, los únicos animales son los turistas. Cuatro golondrinas paran por el aire, pero ninguna ave más se atreve a dar círculos por este desierto urbanizado. También ellas pronto marcharán, por culpa del cambio climático sus ciclos se escaparán al de las estaciones. En vano sus círculos, pues, también serán. El animal es lo que falta, el animal también en la persona humana. El instinto se rebaja al programa de actividades del hotel. Ni tan sólo se huele el sexo, la carne está dormitando y sólo profiere grito y movimiento para su constante ingesta de líquido y manjar.

Repetición de la diferencia (12ª parte “Apuntes de Viaje”)


Y es que me aterra el hecho de que el tiempo avance y las preguntas no. Sólo me sacia saber que aquel que vivió en mi lugar hace un par de siglos seguía preguntándose lo mismo. Una chica que conozco me dijo un día que los que han nacido bajo el signo de cáncer tienden a repetir lo que ya hicieron en otra vida. Sólo pensarlo me aturde y me angustia. Quebrantemos muros, por favor, y la eterna repetición que sea la de la diferencia.

Sol y letras (11ª parte “Apuntes de Viaje”)



(A veces, antes de escribir, también me parece estar en la situación del cactus que tiene que remontar 14 pisos para llegar al sol)

Sólo hablo con mi hermana y en los ratos en que nos encontramos, pocos, a veces cuando nos vemos también lo hacemos poco, a veces sólo para discutirnos. La gente me mira, porque no es normal encontrar una chica joven vagando sola, leyendo, escribiendo, nadando, tomando su negro café y el sol casi imperceptible ante tanta piel blanca. Aún así, mi “reino” sigue estando en éste mundo. Pero no aquí. Lo único bueno es que obliga a enfrentarme al sol, al que soy medio alérgica, y a la escritura, a la que me he vuelto hiper-reactiva y con la que, por eso mismo, nos hemos ido abandonando. También a la soledad, al sentirme extraño a todo, lo cual me hace recapacitar sobre el valor de las existencias de aquellos que quiero. Aquí se muestra el porque éste incomprensible viaje puede llegar a poner sus luces sobre el ocaso del amor. Aunque parece que sólo se llega a una verdadera reflexión cuando se pone por escrito, en el pensamiento los juicios van y vienen como el aire, como el tiempo, dibujándose y desdibujándose con diferente impresión e intensidad según el momento y el sujeto que es puesto en cuestión. Y allí nadie accede, a nadie sirve.

En la Isla un espejo sin espejismo (10ª parte “Apuntes de Viaje”)



La gente llega cansada de sus vidas anuales para desocuparlas desocupándose. Para vaciar sus tensiones se llenan de algo semejante a una fórmula sintética que funciona pero no repara. Su esencia es artificial y todos la acogen con los brazos expectantes. Esta clase de turismo veraniego imperante, ¿servirá para algo más que para alimentar la economía de base de los pueblos y ciudades? Si nuestras culturas ya están inmersas sin marcha atrás en esta forma de consumo cultural, ¿qué nos depara?¿saciarán nunca estas fórmulas simplificadoras el alma?¿O se exiliará definitivamente en la más lejana morada para ya nunca más regresar? Inmigrantes donde quiera que vayamos, extranjeros incluso en nuestra casa, so pretexto de que uno es el amo donde quiera que va: figurilla, sonrientemente callada, de catálogo. Esquizoforma del XXI con todo lo que heredamos del siglo pasado: Lo que a uno le dicen que es o puede ser y lo que, finalmente, en nuestra esencia, resultamos. Nadie vive como quiere o siente, sino como preconfiguradamente bebe de ese nuestro entorno psicóticamente publicista que nos rodea. Y lo peor es que no nos damos cuenta: ¿quién sabe si yo, con mis quejas, no estoy respondiendo a otro estereotipo que viene vendiéndose desde hace tiempo en el mercado del “modus vivendi” que toca y no me doy cuenta?¿Quizás esta pregunta forme ya parte del guión? Un perfil que compraría libros en sus librerías habituales, discos de ocasión, que iría al teatro una vez al trimestre y al cine una a la semana. Un tipo que se gasta unos 80 euros de cultura mensuales. Que se gasta 500 quilos de proteínas con sus lamentos y sigue con lupa medio ciega la evolución de las instituciones culturales mientras juega a ser Santa Teresa de Ávila en sus noches tristes y solitarias. Quizás de verdad ésta sea yo. Aún así está el mar, el blanco de las paredes y un silencio que casi llega de otro continente por esas interminables corrientes submarinas y aéreas.

La Isla (9ª parte “Apuntes de Viaje”)



Hoteles de cuatro estrellas para familias donde antes había el desierto: prisiones (de)generadoras de dinero de la nueva era. Invernaderos donde antes había ríos. Extensiones contorneadas por esas casi invisibles espinas de Aloé Vera que el estado protege. Mi hermana goza en las calles comerciales de Almería, no se atreve a adentrarse por las calles donde yo huelo que se esconde la vida. Son dos modelos, y tan diferentes, dos polos en una sola línea. Aquí la gente sólo bebe y pasea, supongo que en Barcelona debe estar pasando lo mismo, pero aquí, en esta isla de urbanizaciones y hoteles, cualquier atisbo de intensidad queda rezagado al monocorde viento que en ese cabo peninsular sólo sirve para el olvido. Si hay un sueño de mundo posible, no está aquí, o no el mío, en esas cuatro paredes encapsuladas en el hilo musical, los bronceadores y las conversaciones más polvorientas. Viajar para desencontrarse, siendo algo, ya es bueno.

Levante y poniente, día y noche (8ª parte “Apuntes de Viaje”)


La primera noche en Almería la cubren relámpagos en el cielo. Por la noche llueve. Es extraño que ocurra, tan extraño como que yo esté aquí, pues ya somos dos contradiciendo la noche almeriense. Visita al mar matutina. Playas desiertas que se asemejan a vertedores naturales. Mucho mar, y ninguna posibilidad de adentrarse en él. Para hacerlo tendrías que ir hasta el Cabo de Gata, otro finis-terrae para descubrir. Si durante la noche todo lo cubren las autopistas de faroles y el neón de los hoteles, durante el día son las grúas y esas cavernas de cuatro estrellas repletas de veraneantes familiares. Nunca me familiarizaré con ese ‘falseado’ entorno natural donde el crédito de la naturaleza humana se ciñe al de su tarjeta para comprar un ocio estéril. Entrono mi queja. Aquí, pues, enemiga de todos y nadie, la más inútil de todos, sólo puedo confiar en mí misma y lo que me queda: Escribir y leer. A pesar de mi hermana, que es dulce a veces, y trabaja siempre. Todos la respetan como subdirectora que es. Aquí lo único que pasa, lo único que cambia, es el viento. De día trae calor y viene de levante, de noche trae fresco y viene de poniente. Levante y poniente, ¡levántese y póngase! ¿Es que hay nada más?

Cohabitar nómada (7ª parte “Apuntes de Viaje”)


Pintada en Almería
Viajar despierta el deseo de embellecer el propio hogar, de alimentarlo con todo lo que uno ve por el camino. El hogar tiene que ser fijo (único) y nómada (plural) al mismo tiempo. El hogar: la lengua, la tierra, el cuerpo, el lecho donde descansar y la mesa donde compartir. Embellecerlo es dejar que entren en él todos los demás hogares, sin perder su amfitrionidad, ni su diferencia. No se es habitante de ningún sitio si no se sabe ser cohabitante de la casa propia. El siglo XX fue el siglo del “extranjero”, el cambio de siglo ha dado lugar a un nuevo “inmigrante”. ¿Qué le depara al siglo XXI?¿Un nuevo “ciudadano del MUNDO”?¿O quizás sea ya hora de concretar y llamar a la TIERRA por su nombre, de mirarla sin sentir vergüenza ni desprecio, a la cara.

El recorrido (6ª parte “Apuntes de Viaje”)


Después que el sol se haya derretido por entre las nubes, las interminables hileras de olivos no son, sino, pequeñas motas sombreadas clavadas como estacas movedizas en el corazón de la tierra. En la pobreza y aridez del paisaje se descubre una tierra con corazón. Curiosa y excitante paradoja.

“Aquí, en éste pobre, miserable, apartado terreno de lo real, en el que ahora mismo te encuentras, ni aquí, ni en ninguna otra parte, has de hallar tu ideal (…) Lo Ideal está en ti, tu condición no es más que la materia… ¡Produce!¡Produce!” (Carlyle, Sartor Resartus).

Producir y esperar a la vez. Quizás no me haya cortado a la medida de mi tiempo. El alma tendrá que cortarse y vestirse a la medida del mundo para que aprenda a amarlo. Hacerlo cogiéndose a uno mismo como medida es vestirse sobre la base de un vacío ridículo. Si el modelo acaba siendo interior, lo que activa el modelo viene de fuera, de lo matérico del alma, del alma de la naturaleza. Intento encontrar una manera justa y a la vez personal de decir las cosas, pero el mundo está tallado a partir de ideas fijas, o el hecho de que la voz que anuncia que dentro de poco llegaré a mi destino es la misma que la de los trenes en Barcelona casi lo prueba.

Expectativas (5ª parte “Apuntes de Viaje”)


Me he decidido tomar notas como una clara operación de memoria y sentido, constatación y búsqueda a la vez. Me he entredicho que éste sería un viaje para meditar sobre el amor, pues es lo que conlleva ir a la búsqueda de la hermana y dejar los seres queridos por un momento en la distancia. Aunque eso nunca se sabe. También me he dicho que éste era un tiempo para meditar sobre lo que quiero hacer y enfocar corazón y escritura a partes iguales. Pero esto también está por ver. Suena a demasiado grande para un ojo tan pequeño. Hay cosas que se saben, como que tengo la frente ancha, mi alma en proceso de ebullición y mi voluntad expectante. Y aunque sea marinera con buenos conocimientos de su propio barco, de las mareas que la rodean, del ojeale y las tempestades que van llegando, la angustia no cesa. Porque lo que se sabe siempre apunta a lo que no se sabe, que es casi todo. Gracias al humor esta afilada angustia se rebaja a un cosquilleo inquietante que compartimiento en el estante de mi propia exigencia, lo que equivale a ponerlo en la misma ecuación que la de la insatisfacción. Y así navega el barco, contra viento y marea.

Me he… ido pertrechando con hilachas de ovejas muertas, con la corteza de los árboles, con las entrañas de los gusanos… Y por ahí camino bajo esa pantallas de harapos, despojos y andrajos… Día tras día me veo en la obligación de pertrecharme de nuevo; trozos gastados, desgarrados, deteriorados son a diario lo que es preciso desechar y arrojar al pozo de las cenizas… hasta que paulatinamente, yo, el hacedor del polvo, el inocultable triturador de andrajos, consigo nuevos materiales que triturar” (Carlyle, Sartor Resartus)

El tren (4ª parte “Apuntes de Viaje”)


Se va el tren hacia Almería. Como buen tren español, todos los asientos van en la dirección contraria a la del recorrido natural, es decir, que vamos todos de culos y espaldas. Después que bajasen en Granada unos cuantos hombres con guitarras al hombro, uno lamenta no poder pasar más tiempo en esta ciudad mágica. Con el tren sólo veo las afueras de la urbe, y esto es lo mismo en todas las ciudades, aunque ahora, con la legítima explotación turística de los núcleos urbanos, pasa allí lo mismo. Escribo en castellano, quizás a santo de Federico García Lorca, que es con quien, a edades tempranas, aprendí a leer y escribir. Aquí se escampan por todos los rincones los objetos que revivían en los nombres de sus poemas y canciones. Su lírica se huele y baja al moro. Escribo en castellano quizás también porque en los viajes uno deviene extraño por naturaleza.

Estación de Granada (3ª parte “Apuntes de Viaje”)


Hace un calor de grillos. Acaba de manifestarse el verano por fin, ese dormir sin sueño, esa horizontalidad incólume, ese ronroneo caluroso que te susurra que nada pasa y, aún así, que todo va a salir bien. Un leve olor a muerto llega también con esa sofocante dilatación compresiva del aire. Es un muerto, en todo caso, sonriente. Quizás sea el mismo que el que transpira en el paciente hombre sureño español. Quizás sea mi propia sarna. Si me quedase en Granada, lo saborearía con toda su sangre, con su latir más vivo, nocturno, musical, de jolgorio y plazoletas. Aquellas en las que quizás nunca estaré. Atender horas en cada sitio para moverse hacia el siguiente es ya, de por sí, un aprendizaje. En la estación de Barcelona se pasean perros con policías, en Granada la poca gente atiende dicharachera sentada en el suelo mientras declina el día y el sol desaparece. En la esquina una chica rusa está llorando con todo el maquillaje licuado, está tan concentrada en su dolor que ni se tapa la cara. En Barcelona, si alguien llora, apenas se nota, la agitación es demasiado grande. Las chicas extranjeras del norte de Europa llevan faldas de colores y zapatos de niñas pequeñas, tienen la piel acristalada, los hombros caídos, el pelo liso. En el sur de España otra es la mujer que canta. Otra es la profundidad de su mirada y el viento que va al encuentro de sus almas. Las chicas del norte quizás busquen este advenimiento. Se les ha dicho que aquí hay duende, jinetes y postergadas albas, tórridas noches y días calmos, arquitectura milenaria, cante jondo, olivares, peñascos y todo muy barato, que se vive ahora como antaño. Un cierto aire primitivo meciéndolo todo pero con la limitación del marco desde el que se ha vendido. Siguiendo con la fisonomía humana, cabe decir que aquí hay menos Quijotes que Sancho Panzas, con todo lo que conlleva.

Barcelona-Granada (2ª parte “Apuntes de Viaje”)


¿Para qué viajar? Cuando llevas más de dos horas en el aeropuerto se te han pasado las ganas. Opaca sensación de que no hay nada por ver. Arranque del avión (porque por fin despegas). Como si te hundieran la cabeza en el agua, la presión de la altura te hunde en un sueño profundo. Cuando abres los ojos tienes el desierto rocoso y llano de el sur de España ante tus pies. A veces pagaría por el solo placer insustituible de ver la tierra desde el aire. Las rasgadas nubes de enfrente pasan rápidas, el paisaje, en cambio, lento, como si el tiempo se doblara. De hecho, lo único que se mueve es el aire. Al aterrizar todo el mundo aplaude, como si hubiesen pagado para asistir al milagro de llegar vivos. El autobús hacia el centro de Granada se demora aún más. Son diferentes concepciones del tiempo en una misma cultura. Será por la falta de mitos. El “ahora salimos” del conductor, seguido de media hora de espera lo evidencian. Cada uno se toma las cosas a su medida. La estación de Granada es sencilla, como su gente, como su geografía. Líneas muy marcadas, poco ruido, tiempo sin tiempo, mas con un sólido compás. Como en la Soleá, el compás es interno y se hace evidente sólo para los oídos más atentos.

El aeropuerto (1ª parte “Apuntes de Viaje”)



El mundo se parece cada vez más a un aeropuerto. Eso creo que ya lo dijo Houellebecq en Plataforma. El aeropuerto es un espacio, por antonomasia, cacofónico. Diríase que es transitorio, pero ha terminado formando una finalidad en sí mismo. En él encuentras de todo, todo lo que podrías encontrar en la ciudad ya está allí. O como mínimo todo lo que podrías encontrar según lo que ofrecen las guías de viaje. Sólo faltaría una zona con las reproducciones en miniatura de los edificios más emblemáticos. Sería lo mismo y las abejas de la colmena estaríamos más tranquilos. Las organizaciones gubernamentales tendrían que invertir mucho dinero allí, pero ya les saldría rentable, siempre es así, siempre lo ha sido y lo será. Podrían montar un zoológico de turistas también, yo quizás pagaría para irlos a ver. Lo primero creo que ya existe, de lo segundo no hay duda.

1 + 1 = 1 (3a part)




"El sol inextinguible enel descenso
a la noche de todo lo creado.
Del útero,
en el resplandeciente cielo de los santos,
y antes que la luz de la mañana
y el sol del antedía, te engendré."
(José Ángel Valente)

"De suerte que el pneuma es una materia que se hace propia del alma, y la forma de esa materia consiste en la justa proporción del aire y del fuego." (Veterum fragmenta)

Para que lo tenga en cuenta la nueva arquitectura, el nuevo arte, si cabe, que no succione en exceso materia, que enferma va por doquier, que sea ligera la obra, y que a su debido tiempo, hable

1 + 1 = 1 (2a part)




"Piedras. Norte. Estalla
lejos la luz, muy lejos.
Andemos todavía"
José Ángel Valente

És estrany parlar dels Marcs i l'Agnès com si fossin algú altre. Són amics de florida intimitat. La proximitat, però, no em perturba a l'hora de valorar el meravellós treball que han fet i totes les hores que en Marc dedica al misteri de la forma.

1 +1 = 1 (1a part)



Escenografia feta per Marc Padrosa amb l'ajuda d'Agnès Juventench i la col·laboració en el muntatge de Marc Santacreu. L'escenografia tingué lloc a l'Auditori de Girona el 17 de juliol arrel d'un concert de música clàssica on el repertori anava des de Xavier Montsalvatge fins a Isaac Albéniz.

"1 + 1 = 1
La música és al temps
el que la geometria a l'espai.
Reuneix la música l'arquitectura,
fràgil ventre...
Cosmos!"
Marc Padrosa Mateu
marc_padrosa@yahoo.es