viernes, 15 de mayo de 2020

CONVERSA AMB ISAKI LACUESTA AL D'A FILM FESTIVAL

Amb l'Isaki parlem informalment d'Aldo van Eyck, del Festival Punto de Vista, de les (multi)pantalles, de l'audiovisual expandit, del ministre de cultura, del teletreball, de Filmin, de festivals... No teníem peix a vendre, dos amics amb ganes de xerrar i veure'ns. Gràcies al D'A Film Festival.

sábado, 9 de mayo de 2020

"La nova normalitat / La nueva normalidad"_Soy Cámara_20min._2020




La pandemia del COVID-19 ha puesto sobre la mesa lo que, Alexander Kluge, llama “la hora del ejecutivo”, es decir, la recentralización del estado nación en el debate y acciones públicas. Además, la situación de confinamiento generalizado ha sacudido el “contrato social”. Ahora que el ejecutivo anuncia la entrada a una “nueva normalidad”, este capítulo del Soy Cámara reflexiona, con la ayuda de J.J. Rousseau, sobre el papel del estado y del pueblo ante una situación de crisis como la actual. El capítulo cuenta con la participación de los estudiantes de Documental Creativo del grado de Comunicación Cultural de la UdG que hacen unua relectura de El contrato social (1762), obra inacabada de Rousseau, todo aliñado con material procedente de las comparecencias políticas oficiales y de los vídeos domésticos colgados en las redes sociales durante el confinamiento, dos fuentes audiovisuales de inestimable valor etnográfico. 
Dirección, guion: Ingrid Guardiola 
Montaje: M.A. Blanca, Ingrid Guardiola 
Producción: Álvaro Feldman, Víctor Diago

miércoles, 29 de abril de 2020

"Hipercomunicació i incertesa" (CAT, CASTE) en el monogràfic d'El Món de Demà sobre la INCERTESA

ARTICLE online AQUÍ. Monogràfic AQUÍ.

A pesar de tener un alud incontable de información a nuestro alcance, la realidad es que cada vez cuesta más saber algo a ciencia cierta. La incertidumbre no es lo mismo que la ignorancia, de hecho, la gente tiene grandes ansias de saber, pero de maneras muy diferentes: para encontrar fundamentos, por el placer de conocer, para mejorar el modelo social, para crear mercados y extraer el máximo de beneficio o para alimentar la competición del infocapitalismo actual donde quien domina los datos, el comentario o la primicia, alcanza un poder singular en la esfera pública mediática, como si la información hubiera tomado el relevo a los antiguos “secretos” (religiosos, cortesanos, de estado), la marca del estatus social. Lewis Mumford, en El mito y la máquina, nos dice que «reunir, recolectar y acumular son operaciones que van de la mano y algunas de las cavernas más antiguas dan fe que los hombres primitivos acumularon algo cosa más que comestibles y cadáveres». Entonces como ahora, acumulamos información, datos, big data, somos el conjunto de esos datos.
La crisis del coronavirus ha aumentado la incertidumbre a muchos niveles. Como no sabemos qué pasará, los responsables políticos trabajan en «diferentes escenarios». Esta nomenclatura nos acerca más al espectáculo, al simulacro y a la prospectiva, que a los hechos. Prevalece lo que Kierkegaard denominaba la comunicación del poder frente a la comunicación del saber. Los ciudadanos no tenemos acceso a estas escenas de imaginación política que –presuponemos- van desde el mal menor hasta el desastre absoluto. Para paliar la experiencia de esta incertidumbre alimentada por el propio confinamiento, nos lanzamos a ciegas a la recolección de datos mientras estamos pendientes de la curva de crecimiento y de la llegada mesiánica del pico de contagio. Actualizamos las interfaces como un acto de fe y de desesperación a partes iguales.

El irrealismo de un escenario mediático mundializado

Antes de la crisis no teníamos muchas más certezas, pero era como ir en un tren en marcha desde el que el mundo se veía más difuminado. Vivíamos cerca del irrealismo definido desde la filosofía por Nelson Goodman, en un mundo hecho de versiones donde, seguramente, ninguna de ellas acababa coincidiendo del todo. Este irrealismo, hoy en día, lo expanden las grandes empresas del capitalismo de plataforma que lideran los «mercados sociales» (Google, Netflix, AirBNB, Facebook, Amazon, Uber…), que fundan su valor en el efecto de red (el número de usuarios) y en el hecho de que los usuarios pueden escoger en medio de un dispensario ilimitado de productos como en un Edén digital, es decir, en el poder de la decisión. Otorgan poderes precarios que tienen más que ver en cómo se relacionan los algoritmos y el consumo (también de información) que en nuestra posibilidad de escoger.

El documentalista Adam Curtis, en su último documental denominó «hipernormalización» al mundo falso que gobiernos, entidades financieras y tecnólogos fueron creando desde los años setenta. El término deriva del libro de Alexei Yurchak Everything was Forever, Until it was No More: The Last Soviet Generation (2006), sobre el último periodo comunista antes del colapso cuando todo el mundo sabía que el sistema se estaba cayendo, pero nadie podía imaginar una alternativa hasta que la mentira se hizo sistémica. Las farmacéuticas, los medios de comunicación y las redes sociales han ayudado a afianzar este «irrealismo hipernormal». Con la crisis del coronavirus y el confinamiento de millones de personas, la incertidumbre se ha instalado en el corazón del irrealismo.

Desinformación mediática, redes y distancia social

Con el confinamiento ha crecido exageradamente el consumo mediático. Se han impuesto la televisión online, los podcasts, el VoD, el gaming online, las videollamadas, la mensajería móvil y el comercio electrónico. Debido a esta situación de emergencia, los programas informativos y de actualidad han sido, prácticamente, monotemáticos, provocando una desinformación por sobreinformación, lo que Pierre Bourdieu llamaba «ocultar mostrando». El hecho de que el conflicto sea irrepresentable y se delegue a los datos como único indicador ha aumentado la sensación de irrealismo. Las imágenes que lo han visualizado han sido comparecencias públicas de políticos, las calles vacías de las ciudades, las fachadas de hospitales y las imágenes amateurs de performances online y de balcones. Cuánto más énfasis han dado los políticos a la «disciplina social» y a los eslóganes de campaña, más abstractos y teatrales se ha mostrado el poder y más abandonada se ha sentido la gente, que ha certificado que venía de antiguo la distancia social con respecto a la clase política.
Las redes sociales han sido una de las ventanas digitales que la gente ha escogido para informarse. Como medio de propagación que facilita la creación y difusión de contenidos, las redes son un espacio idóneo para las fake news y, en época de crisis, todavía más, de aquí que medios como Whatsapp hayan limitado la función de reenviar mensajes. Más que promover la incertidumbre, alimentan la confusión. La paradoja de las redes sociales es que lo que las hace adictivas, según Adam Alter, es el carácter imprevisible de la respuesta de la gente; pero, en realidad, son espacios donde los algoritmos calculan cada interacción, cada gratificación, aplicando la ingeniería social al diseño de la interfaz de cada usuario a partir de un sofisticado sistema de recolección e interpretación de datos, de sugerencias y recompensas. A eso tenemos que sumar el hecho de que en estos espacios la adopción de un rol determinado es casi inevitable, incluso se han generado roles de confinamiento que primero se basaban en compartir los miedos y los anhelos ante un problema común, después las creaciones y las tareas domésticas, a continuación los escarnios y, finalmente, el cinismo y la propaganda se ha reinstalado de nuevo.
Este «conductismo 2.0» que Shoshana Zuboff denomina «datos del comportamiento» (behavioural data) y en la la tecnología se pone al servicio de la manipulación cognitiva, afectiva y social, materializa la idea de que las redes sociales son un espacio que se basa más en la distancia social que en las relaciones transformadoras o el compromiso. No hay componente azaroso o imprevisible en estos sistemas que hacen negocio con los afectos y la opinión y que fomentan la polarización de los discursos y las opiniones extremistas porque son las más rentables. Las redes aumentan la experiencia de incertidumbre, de hecho viven de ella, es el resultado de los condicionamientos operantes que estructuran la interfaz. La situación es muy parecida a la de una emboscada voluntaria, a la de un auto-meta-confinamiento. La incertidumbre se convierte, entonces, en un nuevo naturalismo.

Corona apps: trust us!

La tecnología, junto con el confinamiento y los cuidados, se ha impuesto como la herramienta más útil para gestionar la pandemia. El modelo ha sido China, con su sistema de apps de rastreo online para detectar contactos próximos y así saber si hay riesgo de contagio. En España, el 27 de marzo se aprobó la DataCovid-19, que permite rastrear 40 millones de móviles con la colaboración de Telefónica, Vodafone y Orange. El jueves 16 de marzo se conocieron los primeros resultados: el 85% de los ciudadanos no se ha movido de su zona de residencia.
Ahora que ya tenemos una vigilancia a tiempo real a través de la geolocalización, drones públicos sobrevolando las zonas rurales y lo que se ha popularizado como «policías de balcón», es decir, la vigilancia ciudadana, ahora que el Estado nos pide que confiemos con ellos mientras siembran la desconfianza a través de naturalizar la vigilancia masiva, ¿cuáles serán los límites de la libertad de pensamiento, de expresión y de movimiento? ¿Y el sentido de la responsabilidad? ¿Quedarán subyugados al mandato oficial o se volverá a la tradición moderna donde el individuo asume el peso y el gozo de una responsabilidad individual al servicio del bien común? ¿Qué diálogo se establecerá entre los certeros datos que recolectan el estado y las grandes empresas TIC y la incertidumbre generalizada? ¿Qué retorno social habrá de este seguimiento y como se hará? ¿Qué fundamentos democráticos se pueden construir a partir de eso? ¿Nos conformaremos con disimular esta situación con el orgullo ciudadano de un callenge oficialista o evitaremos la normalización de uno rutinario «vigilar y castigar»?

La muerte diferida

La máxima expresión de incertidumbre y vulnerabilidad la encarna el hecho de que el coronavirus haya hecho imposible despedirnos de los muertos si no es por la vía telemática y en entierros sin ceremonias con un máximo de tres asistentes y separados entre ellos. Debe ser la primera vez que se da una situación así en un contexto no bélico. Alguien que no se puede enterrar no acaba de morir nunca del todo. La muerte diferida nos sitúa en un escenario de virtualidad absoluta, de consideración de la incertidumbre como fundamento ontológico. La evidencia de que todos mueren era una de las pocas certezas interclasistas que el individuo tenía, certeza y consuelo. Este diferimiento interrumpe el momento de culminación de una experiencia de vida, tanto para el que se marcha, como por los que permanecen; genera una suspensión intranquila que, incluso, nos impide la desesperación, ya que incide en el irrealismo y el simulacro, como en una versión premium de la vida donde nada puede acabar mal, porque no acabando, la vida tampoco empieza.
La incertidumbre podemos entenderla como una incógnita, como una apertura, un espacio de posibilidades. Pero si sólo es una pausa temporal para que expertos internacionales determinen nuestro destino colectivo (en Italia Conte ha contratado a un de los ex CEO de Vodafone para que proceda a la «reconstrucción nacional»), si no hay futuro al margen de la ingeniería económico-política y los escenarios que diseñen asesores financieros y tecnólogos sociópatas, entonces, la incertidumbre puede dar paso a la depresión social o a otra cosa que todavía desconocemos.

Articles Diari Ara

- Dades sense respostes

Conferència "El impacto tecnológico del confinamiento" (CIVICAN, Caja Navarra)


Vídeo sobre:
- capitalisme de plataforma: possibilisme irreal, l'algoritme i el hype, aguantar vs no aguantar
- allò virtual: no binarisme, a la recerca de la comunicació perduda, distanciament social i algoritmocràcia, l'espai virtual com a trompe l'oeil, la intimitat artificial
- la vigilància a temps real

jueves, 2 de abril de 2020

Un itinerari a través del SOY CÁMARA, el programa de vídeo-assaig del CCCB #confinament


Una habitació  (En mi habitación)

plena de pantalles  (El mundo como pantalla),

un moment per tornar a veure de nou les coses  (Pareidolia)

per desaprendre la mirada, desaccelerar-la, refer-la.

Som una massa (Aspectos de la masa)

feta de dades (Somos datos)

de rostres cartografiables i reconeixibles (Rostro y código)

vinculats a través de l'arxiu il·limitat de internet (Mal de archivo),

als secrets dels altres (El secreto),

vivint vides de segona mà  (Una vida de segunda mano),

sobrevivint als assumptes domèstics  (Asuntos domésticos),

passejant pels móns virtuals com l'únic deambular possible  (Al otro lado del paseo),

navegant entre les webcams connectades que ens mostren postals d'un món sense nosaltres  (Admin123).

Ja no podem desaparèixer de la nostra vida virtual (Com desaparèixer).

El món ja ens donava pistes de l'esgotament dels seus recursos (Cómo detener el ecocidio).

El món de la cultura ja ens convidava a tenir una relació profilàctica, a distància, amb les coses  (No tocar, por favor),

mentre la ciència ens obria la ment a l'invisible, a la micromatèria, a la quàntica  (Mundo cuántico)

i els murs de la por i de la barbàrie es reforçaven  (Somos muro).

Trobem a faltar el cultiu, la cultura, els altres (Per a què serveix la cultura?),

les biblioteques  (En defensa de la biblioteca pública),

poder jugaral carrer  (Jugar al carrer),

que els nens juguin al carrer (Qui ens mira?)

mentre s'encomanen a la moral de les joguines  , com ho escrivia Baudelaire (La moral de los juguetes).

Trobem a faltar la ciutat (La ciudad),

passejar per la ciutat  (Luz y calle),

contemplar el mar (The Water Gazers),

mentre ho mirem tot des del nostre balcó  (Desde mi balcón)

i pensem com hauríem de construir ciutats més habitables  (La ciudad ideal),

fora de la lògica comptable (Sueños que el dinero puede comprar).

Mentre perdem feines i agafem el teletreball com un ferro roent, ens preguntem per què treballem  (Per què treballem?),

i per a qui ho fem? (Per a qui treballem?)

mentre ens confiem a les que no poden deixar de treballar, les responsables de les cures (El món és de qui el treballa).

El confinament fins i tot ha fet desaparèixer el fum del segle XX  (El humo del siglo XX),

els cotxes (¿Te gusta respirar? Contra el coche)

i els animals reocupen les ciutats  (Ciudades salvajes).

Ens enfrontem a les plagues de tot tipus i a la civilització com una plaga més, per molt que aquesta metàfora molesti a uns -els que hi contribueixen amb escreix a la plaga- i altres -els snobs de les xarxes socials que contribueixen a altres plagues, les de l'infotainment- (Somos plaga).

Ens preguntem si hi haurà un "després del després" (El després del després),

llestos per la comparativa entre un abans insostenible i un després que ignorem (Caníbales del tiempo: antes y después).


Articles DIARI ARA

https://www.ara.cat/firmes/ingrid_guardiola/


L'impacte cultural del Covid-19


com més dies passen de confinament, més difícil resulta escriure, separar-se de la contingència, passar de la primera persona del singular a la tercera, dissimular la veu excitada del meu fill petit, el...

Després dels confinaments

El confinament ha esdevingut imprescindible per frenar l'expansió del coronavirus i impedir que la població més vulnerable se'n vegi afectada. El confinament trenca amb les dinàmiques socials i ens obliga a...

Tecnofeminisme: refer la vida

Demà dissabte té lloc el Congrés de Sobirania Tecnològica de la Lleialtat Santsenca, un punt de trobada imprescindible per als que volen cultivar una relació creativa, ètica, sostenible i social amb la...




Coronavirus: dades sense respostes


Des de fa una setmana em llevo i actualitzo la pàgina https://thewuhanvirus.com, on es fa un recompte quasi a temps real dels morts pel coronavirus, dels infectats i dels països per on s'està propagant....

lunes, 23 de marzo de 2020

Entrevista El País

Entrevista El País


ENTREVISTA

-         En el mundo físico real siempre tendemos a abusar del virtual (redes, relaciones online…) y ahora que estamos confinados parece que añoramos el real. ¿Perderá prestigio la relación virtual frente a la física tradicional o por el contrario se reafirmará en un contexto de confinamiento?

En El ojo y la navaja: un ensayo sobre el mundo como interfaz (Arcadia 2019) describo los peligros de relacionarnos con la tecnología digital conectada de forma irreflexiva, automatizada y, al final, sustitutiva de otras formas de concebir la comunicación, la identidad o la socialización. Creo que estos tiempos de confinamiento no solo han provocado un sobreuso de la tecnología digital conectada (un ruido global insoportable), sino que en muchos casos nos están generando un uso conciente de las herramientas, se cargan de valor. Sería hipócrita y snob no verlo así, una misma está viviéndolo así. Mi hijo de dos años me dice que quiere entrar en la pantalla para ver a sus primos. Frente a la imposiblidad del contacto humano, de la experiencia directa, solo nos queda la experiencia mediatizada (la experiencia vehiculada a través de algún medio tecnológico), que no es lo mismo que la “experiencia mediática” (la experiencia que nos dan los medios de comunicación). Es verdad que la gente está echando de menos el contacto humano, pero sobretodo el poder decidir sobre lo que uno hace o no hace, es o no es. De hecho, el confinamiento separa lo que hacemos de lo que somos durante un período y nos obliga a replegarnos hacia dentro y hacia nuestros seres más cercanos. Con mis alumnos hacemos clases virtuales con programas donde nos conectamos todos juntos. La conexión da paso a la comunicación, la relación virtual permite dibujar una experiencia colectiva, nos sentimos parte de una comunidad. Su reacción ha sido: más clases, más momentos compartidos con sentido. De alguna forma la situación de ahora es muy elocuente, pienso en tres escenarios: 1) los que no tienen que tele-trabajar tienen el tiempo, tienen las herramientas de comunicación, pero también el dilema de qué hacer con todo ello. Este paso nos lo habíamos saltado: cómo nos relacionamos con estas herramientas? 2) También se está produciendo un abuso irreflexivo, está claro, e incluso la gente ha hecho aflorar el “influencer” que llevan dentro, convirtiendo las redes sociales en un espacio dominado por identidades dominantes (hombres blancos, heterosexuales, clase media) haciendo cosas supuestamente graciosas o aleccionando al público. 3) También hay un tercer modelo: los que, frente al pánico económico y social de lo que está pasando, buscan una tele-terapia transitoria para no pensar en las devastadoras futuras consecuencias. Los que lo están perdiendo todo a tiempo real sin poder salir de sus casas (que son muchos, no solo los empresarios, sino los autónomos que vamos viendo como nuestra actividad laboral desaparece).

-         ¿Qué riesgo corremos por exceso de dependencia de la tecnología e Internet?

Este riesgo ya existía, son herramientas diseñadas para que seamos dependientes, generan adicción por cuestiones muy diferentes y muy bien estudiadas por las tecnosociólogas y tecnosociólogos (diseño, forma de socialización que promueven…). Para mí el problema no es la dependencia de estas tecnologías, sino cómo las empresas del capitalismo de plataforma están acumulando más poder del que ya tenían, y eso no estaba previsto a tan corto alcance: Google-Youtube, Amazon (acaba de anunciar la contratación de más de 100.000 nuevos trabajadores en Estados Unidos), las teleoperadoras, Facebook (Wapp), Microsoft (Skype), Netflix…y las grandes cadenas comerciales. El confinamiento nos está llevando a consumir a través de estos monocultivos basados en compañías que funcionan como plataformas de datos. Hay alternativas (Filmin, Zoo, Teatroteca, medios especializados, los canales de muchas instituciones culturales, los libros –imprescindibles-…), pero sobretodo se trata de que cuando pase esto podamos recuperar el comercio de proximidad, la cultura de proximidad y una aproximación responsable al consumo y a la política, votando no desde el castigo, la inercia o el miedo, sino desde la certeza que aquellos que votamos priorizarán el bien común, las lógicas distributivas, frente a la tendencia sociópata de los mercados y de las políticas más reaccionarias. Cada uno deberá encontrar su propio etólogo.

-         En términos de autoestima, de empatía ¿las redes nos permiten sustituir lo que nos da una conversación cara a cara?

No soy experta en autoestima o empatía, pero Sherry Turkle (autora de En defensa de la conversación) y la psicoanalista británica Gillian Isaacs Russell publicaron un artículo en el que decían que algunos ya sueñan que la inteligencia artificial y la robótica pronto podrán simular la experiencia emocional y las consciencias de estar físicamente con otra persona, como una intimidad artificial. Pero el confinamiento ha evidenciado que hay un elemento que el cautiverio inhibe, y es el azar. En las formas de comunicación humana hay un componente azaroso muy estimulante, atañe a lo progresivo, a lo que está vivo. Sin eso no se puede ni tansolo pensar: el pensamiento es un proceso en marcha, abierto. La inteligencia artificial no podrá emular lo imprevisible. Lo que da miedo no es que la máquina se humanice, sino que nosotros nos maquinicemos. Si la conversación se da cara a cara hay más elementos para lo azaroso, pero las conversaciones online también generan autoestima y empatía. La diferencia estriba en que las conversaciones no presenciales pueden romperse sin motivo aparente, son más transitorias, no siempre siguen un principio-desarrollo-fin, son más fragmentarias y corales. Hay fenómenos como el ghosting que enuentran en la esfera virtual su mejor aliado. Esto nos hace sentir vulnerables. Con el confinamiento la conversación virtual adquiere otra dimensión: al no haber alternativa, ese uso interesado, conectivo, aleatorio, es sustituido por una comunicación más buscada, más certera.

-         Y en términos de informarnos, ¿corremos el riesgo de ser arrastrados por el algoritmo o sabremos buscar información solvente?

El espectro comunicativo ha cambiado radicalmente. En las redes sociales y en algunos medios ofrecen tele-terapia cultural u ofertas de contenidos de calidad mientras en los canales oficiales públicos o generalistas privados prima la información sobre la pandemia y las comparecencias oficiales. Ante un escenario tan monolítico (poca diversidad informativa) el riesgo a ser arrastrados por el algoritmo no es tan diferente al riesgo de crear una agenda setting (unas editoriales mediáticas) reduccionistas y alarmistas. De hecho, la falta de personal profesional y el momento excepcional que vivimos hace que no pueda ser de otra manera. Ya no existen refugiados, ni la justicia, ni una monarquía fraudulenta… Solo en algunos medios especializados online, y a duras penas en los medios que hacen gala de “servicio público”, todos con unas plantillas a medio gas. Lo que sí que es verdad es que los algoritmos están aprendiendo demasiado sobre nosotros. Las consecuencias las veremos en breve, cuando tengamos una distancia crítica, física y emocional suficiente.

-         ¿Hay riesgo de ampliar brecha digital estos días?

Sí, claro, hay riesgo de ampliar la brecha digital. Pero también la brecha salarial, laboral, cultural…


lunes, 9 de marzo de 2020

Diàlegs Humanístics UPF_dimarts 10 de març a la UPF de Ciutadella (Pantalles i Desig) amb Imma Merino


1) ¿Quén es el intelectual hoy?
con Josep Ramoneda, filósofo y periodista y Santiago Zabala, profesor ICREA de Filosofía contemporánea a la Facultat d’Humanitats de la UPF
21 de enero 2020

2) Transició energética i ecològica: ¿arribarem a temps?, con Santiago Vilanova, consultor ambiental y propulsor de la ecología política a Catalunya y Europa y Ester Oliveras, profesora en la Facultat de Econòmiques i delegada de sotsenibilitat, UPF
28 de enero 2020

3) Litenatura: animales invisibles, ovejas negras y supermanzanas para cambiar el relatoGabi Martínez, escritor y Hélène Rufat, profesora titular de literatura, Facultad de humanidades UPF
4 de febrer 2020

4) XXI Century's bordersMatthiew Carr, historiador y escritor y Antoni Luna, profesor titular de geografía humana, Facultad de humanidades UPF
11 de febrer 2020

5)  Les migracions forçoses al s.XXI: activisme civil i criminalitzacióMar Sabé, periodista, Comunicación de Open Arms i Silvia Morgades, professora agregada de Dret internacional públic i Relacions internacionals, Facultat de Dret, UPF
18 de febrer 2020

6) De la ciència oberta a les dades obertes, Roderic Guigó, catedràtic de Bionformatica UPF i CGR i Eduard Aibar, catedràtic d’estudis de ciència i tecnologia als Estudis d’Arts i Humanitats, UOC
25 de febrer 2020

7) Correspondències: música i pinturaBenet Casablancas, compositor y Eduard Cairol, profesor de historia del arte en la facultad de humanidades, UPF
 3 de març 2020

8) Pantalles i desig: del cinema al mòbilIngrid Guardiola, professora a la Universitat de Girona i Alumni UPF, doctora en Humanitats per la UPF i Imma Merino, crítica de cinema i profesora, doctora en comunicació audiovisual per la UPF
10 de març 2020

miércoles, 26 de febrero de 2020

Fake Fiction(s)_participació a la sessió "Fake Affects" (divendres 28 de febrer)

Pressentir la història

El món contemporani viu un procés irreversible d’artificialització que ha donat lloc a una nova comprensió de la ficció. La ficció no només representa la realitat, sinó que la constitueix. Una noció clau d’aquesta dimensió de la ficció és el fake, entès com a mecanisme de propagació mediàtica que desencadena la producció de dades inesborrables, les quals es viralitzen sense referència externa.
Quins efectes té el fake en les relacions que establim amb el món que ens envolta i en el món mateix com a ficció travessada per l’espai i el temps? Com condiciona el fake el significant “República” com a ficció que circula en el discurs social, polític i econòmic arreu del món en els nostres dies? Les sessions Fake Fiction(s) tenen com a objecte observar la complexitat de la ficció entesa com a pràctica que determina la configuració de l’espai públic.
No ens trobem enfront de la ficció; ens trobem en la ficció. El recorregut traçat per pressentir la Història tempta la idea de la fake fiction com a imatge i com a significant flotant que, més enllà de la vella dicotomia veritat/falsedat i més enllà de la desgastada noció de postveritat, inaugura un nou ordre de veritat i un nou ordre de credibilitat.

Sessions
FAKE MEMORY
19 de febrer, 18.30 h
Amb Joan Fontcuberta

Fa uns anys, Andreas Huyssen va detectar l’emergència d’un nou fenomen en els estudis sobre la memòria que va anomenar “Fake Memory”. Aquesta idea ens confronta amb la gran i abastament explotada ficció dels orígens i palesa la relació de la memòria amb els processos mediàtics. En el món actual, hi ha memòries que mai no han estat viscudes, que no es relacionen amb fets o esdeveniments reals.
Podem parlar aquí d’una nova fase de “postmemòria” que remet a la relació traumàtica amb esdeveniments que poden haver succeït només en la circulació de les imatges. En aquest sentit, l’estatut de la imatge numèrica o digital, ara mancada de referent físic, ha obert el camp a una experiència visual que no està subordinada a l’ocurrència de cap fet concret, perquè l’original històric es revela com a ficció.

FAKE NEWS
21 de febrer, 18.30 h
Amb Carme Colomina

La mentida és el concepte que opera com a referent si no únic sens dubte hegemònic a l’hora de considerar les així anomenades “Fake News”. A banda de revisar quin és l’efecte de la mentida en l’escena política de l’Estat modern i com afecta la manera en què s’hi prenen decisions i es determina l’acció individual i col·lectiva, caldrà analitzar quins altres referents conceptuals permeten de copsar la complexitat del fenomen de les fake news i de les seves conseqüències més enllà del paradigma de la falsedat. Són simplement notícies falses? Diem amb la falsedat o amb la mentida tot allò que en podem dir?
Pensar les fake news com a dispositiu al servei del control sistemàtic de la informació, ja sigui intencional o no, obliga a demanar-se per les eines i mecanismes que el perpetuen, com ara la desinformació o la desintermediació. En què consisteixen? Quin paper hi fa la tecnologia i l’ús que en fem en les xarxes socials? Com contribueix la digitalització de les dades a la propagació de les ficcions?

FAKE POLITICS
26 de febrer, 18.30 h
Amb Andrés Hispano

En l’escena global actual, l’acció política concebuda com la lluita per l’hegemonia es constitueix en una relació antagònica, d’una banda, amb la veritat i, de l’altra, amb els fets. Això explica que l’escena política estigui discursivament ocupada avui per l’així anomenada “postveritat”. Però també explica que les lluites polítiques emergeixin i s’articulin en condicions “postfàctiques”.
Com es despleguen les democràcies contemporànies en aquesta escena política i quines limitacions hi comporta? Quin sentit fa apel·lar a significants com “poble” a l’hora de pensar les (dis)capacitats del(s) subjecte(s) polític(s) en el capitalisme digital? Què queda de l’Estat i què de les institucions en el context econòmic del mercat, que posa en circulació el mecanisme del fake? Quin és el deute de la política avui i arreu amb la veritat i quin amb la ficció?

FAKE AFFECTIONS
28 de febrer, 18.30 h
Amb Ingrid Guardiola

Envoltats de dispositius i assetjats per imatges, habitem un món d’immersió en els medis. Al bell mig d’aquest món, en un camp de fluxos electromagnètics, d’intensitats numèriques, d’acceleració imaginària i de distribució ininterrompuda de dades, “al mínim, trencadís cos humà”, com deia Walter Benjamin, només li resta la possibilitat de sincronitzar-s’hi i de lliscar com a encarnació processual i neuronal de la informació.
Alhora, la ubiqüitat dels mitjans ha suscitat l’expansió de la reflexió sobre l’afectivitat més enllà de la matèria i de l’agència corporal. El dilema ja no és tan sols com es produeixen políticament estats d’ànim col·lectius, sinó com s’inventen, en el llindar de la interfície, nous afectes el nom dels quals ens manca i pels quals la relació amb els altres és prescindible.

Amb el cicle “Pressentir la Història”, El Born CCM ofereix moments per a la reflexió afectiva i
crítica sobre el present viscut i sobre la Història, i també per copsar l’esperit dels temps
i projectar futurs a partir del potencial transformador de la memòria.

Cicle comissariat per:
Ivan Flores | Paula Kuffer | Begonya Saez Tajafuerce

domingo, 2 de febrero de 2020

Dijous 6_Diàleg amb Iván Miró a Contrabandos

 
Contra la mercantilització de la mirada.
Diàleg amb Ivan Miró.
Llibreria Contrabandos. 
19h-dijous 6 de febrer

Dimarts 4 de febrer_Conversa amb Marcelo Expósito


In girum imus nocte et consumimur igni


 
Presentació de "In girum imus nocte et consumimur igni" de Guy Debord a Tabakalera-Donosti. 31 de gener del 2020.

viernes, 24 de enero de 2020

El món és de qui el treballa_nou #SoyCámara

Com a cloenda de l’exposició Feminismes! aquest Soy Cámara es planteja algunes de les lluites socials encara no resoltes per una part del feminisme i encara menys per la vasta majoria de la nostra societat: com donar una resposta concreta al tema del reconeixement de les cures i dels treballs reproductius i com oferir una mirada plural i àmplia al tema del control i de l’explotació dels cossos de les dones, on el classisme i el racisme s’imposen com a ideologia de fons. 
Intervencions: Marta Segarra (comissària de Feminismes!), Fina Birulés (filòsofa), les artistes Daniela Ortiz, Mireia Sallarès i Linda Porn (integrants de l’exposició); Norma Falconi i Karina Fullados de Sindillar (Sindicato independiente de las trabajadoras del hogar y del cuidado) i Marta Vergonyós (La Bonne), les tres com a membres de la junta directiva de La Bonne. 
Obres citades: Mireia Sallarès, Carole Roussopoulos, Núria Güell, Virginia García del Pino, Elena Fraj, Tonina Matamalas, Carme Gomila, Ingrid Guardiola e Isabel Coixet. 
Direcció i guió: Ingrid Guardiola 
Muntatge: Víctor Diago 
Durada: 25 min.