sábado, 10 de marzo de 2007

HABITAR UN MÓN

Nader Khalili, Eco Dome

"El próxim 24 de Març a las 17h. a la Plaça de Catalunya de Barcelona, manifestació pel dret a l'Habitage (digne) i contra la precarietat"
HEIDEGGER: "Construir, Habitar, Pensar"
"Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir. Éste, el construir, tiene a aquél, el habitar, como meta. Sin embargo, no todas las construcciones son moradas. Un puente y el edificio de un aeropuerto; un estadio y una central energética; una estación y una autopista; el muro de contención de una presa y la nave de un mercado son construcciones pero no viviendas. Sin embargo, las construcciones mencionadas están en la región de nuestro habitar. Ésta va más allá de esas construcciones; por otro lado, sin embargo, no se limita a la vivienda. Para el camionero la autopista es su casa, pero no tiene allí su alojamiento; para una obrera de una fábrica de hilados, ésta es su casa, pero no tiene allí su vivienda; el ingeniero que dirige una central energética está allí en casa, sin embargo no habita allí. Estas construcciones albergan al hombre. Él mora en ellas, y sin embargo no habita en ellas, si habitar significa únicamente tener alojamiento. En la actual falta de viviendas, tener donde alojarse es ciertamente algo tranquilizador y reconfortante; las construcciones destinadas a servir de vivienda proporcionan ciertamente alojamiento; hoy en día pueden incluso tener una buena distribución, facilitar la vida práctica, tener precios asequibles, estar abiertas al aire, la luz y el sol; pero: ¿albergan ya en sí la garantía de que acontezca un habitar? Por otra parte, sin embargo, aquellas construcciones que no son viviendas no dejan de estar determinadas a partir del habitar en la medida en que sirven al habitar de los hombres. Así pues, el habitar sería en cada caso el fin que preside todo construir. Habitar y construir están el uno con respecto al otro en la relación de fin a medio. (...) ¿Qué significa entonces construir? La palabra del alto alemán antiguo correspondiente a construir, buan, significa habitar. Esto quiere decir: permanecer, residir. El significado propio del verbo bauen (construir), es decir, habitar, lo hemos perdido. Una huella escondida ha quedado en la palabra Nachbar (vecino). El Nachbar es el Nachgebur, el Nachgebauer, aquel que habita en la proximidad. Los verbos buri, büren, beuren, beuron significan todos el habitar, el habitat. Ahora bien, la antigua palabra buan, ciertamente, no dice sólo que construir sea propiamente habitar, sino que a la vez nos hace una seña sobre cómo debemos pensar el habitar que ella nombra. (...) Bauen, buan, bhu, beo es nuestra palabra «bin» («soy») en las formas ich bin, du bist (yo soy, tú eres), la forma de imperativo bis, sei, (sé). Entonces ¿qué significa ich bin (yo soy)? La antigua palabra bauen, con la cual tiene que ver bin, contesta: «ich bin», «du bist» quiere decir: yo habito tú habitas. El modo como tú eres, yo soy, la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el Buan, el habitar. Ser hombre significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar. La antigua palabra bauen significa que el hombre es en la medida en que habita; la palabra bauen significa al mismo tiempo abrigar y cuidar; así, cultivar (construir) un campo de labor (einen Acker bauen), cultivar (construir) una viña. (...) El construir como el habitar, es decir, estar en la tierra, para la experiencia cotidiana del ser humano es desde siempre, como lo dice tan bellamente la lengua, lo «habitual». (...) 1.° Construir es propiamente habitar. 2.° El habitar es la manera como los mortales son en la tierra. 3.° El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, es decir, que cuida el crecimiento... y en el construir que levanta edificios. (...) No habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan. Pero ¿en qué consiste la esencia del habitar? Escuchemos una vez más la exhortación del lenguaje: el anti­guo sajón «wuon» y el gótico «wunian» significan, al igual que la antigua palabra bauen, el permanecer, el residir. Pero la palabra gótica «wunian» dice de un modo más claro cómo se experiencia este permanecer. «Wunian» significa: estar satisfecho (en paz); llevado a la paz, permanecer en ella. La palabra paz (Friede) significa lo li­bre, das Frye, y fry significa: preservado de daño y amenaza; preservado de..., es decir, cuidado. Freien (liberar) significa propiamente cuidar. El cuidar, en sí mismo, no consiste únicamente en no ha­cerle nada a lo cuidado. El verdadero cuidar es algo positivo, y acontece cuando de antemano dejamos a algo en su esencia, cuan­do propiamente realbergamos algo en su esencia; cuando, en co­rrespondencia con la palabra, lo rodeamos de una protección, lo po­nemos a buen recaudo. Habitar, haber sido llevado a la paz, quiere decir: permanecer a buen recaudo, apriscado en lo frye, lo libre, es decir, en lo libre que cuida toda cosa llevándola a su esencia. El rasgo fundamental del habitar es este cuidar (mirar por). Este ras­go atraviesa el habitar en toda su extensión. Ésta se nos muestra así que pensamos en que en el habitar descansa el ser del hombre, y descansa en el sentido del residir de los mortales en la tierra. (...) Los mortales habitan en la medida en que salvan la tierra -retten (salvar), la palabra tomada en su antiguo sentido, que conocía aún Lessing. La salvación no sólo arranca algo de un peligro; salvar significa propiamente: franquearle a algo la entrada a su propia esencia. Salvar la tierra es más que explotarla o incluso estragarla. Salvar la tierra no es adueñarse de la tierra, no es hacerla nuestro súbdito, de donde sólo un paso lleva a la explotación sin límites. (...) La frontera no es aquello en lo que termina algo, sino, como sabían ya los griegos, aquello a partir de donde algo comienza a ser lo que es (comienza su esencia). Para esto está el concepto: õrismñw, es decir, frontera. Espacio es esencialmente lo aviado (aquello a lo que se ha hecho espacio), lo que se ha dejado entrar en sus fronteras. Lo espaciado es cada vez otorgado. y de este modo ensamblado es decir, coligado por medio de un lugar, es decir, por una cosa del tipo del puente. De ahí que los espacios reciban su esencia desde lugares y no desde «el» espacio.(...) El respecto del hombre con los lugares y, a través de los lugares, con espacios descansa en el habitar. El modo de habérselas de hombre y espacio no es otra cosa que el habitar pensado de un modo esencial. Cuando reflexionamos, del modo como hemos intentado hacerlo, sobre la relación entre lugar y espacio, pero también sobre el modo de habérselas de hombre y espacio, se hace una luz sobre la esencia de las cosas que son lugares y que nosotros llamamos construcciones. (...) La esencia del construir es el dejar habitar. La cumplimentacicín de la esencia del construir es el erigir lugares por medio del ensamblamiento de sus espacios. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir. (...) Pero ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mis­mos, llevar el habitar a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar."

martes, 6 de marzo de 2007

DESPUÉS DE UN MAL DÍA DE TRABAJO




Voy a lo obvio, que es lo que (me) falla. Nunca ni un amor ni una queja de segunda mano, nunca un instinto con fórmulas y pautado. Nunca intentar calmar después del incendio habiéndolo podido evitar. Siempre seguir el principio interno que opera más allá de una situación determinada, aunque adecuándose a la situación, para enriquecerla, sobre-vivirla. Las situaciones vienen creadas por las acciones, éstas, a su vez, están personalmente motivadas. Los principios (éticos) no justificarán un acción determinada (sería otra forma de manipulación), pero sí ajustan más la acción al buen desarrollo de la situación. Por buen desarrollo se entiende que favorece todas las partes implicadas.

No compadecerse de nadie que vive una situación que juzgas como evidentemente crítica en tu mismo contexto o delante de ti, sino cogerle o advertirle antes de que caiga, o, simplemente, dejarle caer con confianza pero sin lamento de después que nos haga (auto)creer que somos más buenas personas. Somos lo que hacemos, no lo que remediamos.

Olvidamos sin oposición y nos fugamos de nuestra conciencia de las cosas que están más allá de nuestro pequeño círculo cerrado de precaria individualidad. Por eso confundimos nuestros principios más arraigados y personales y no nos damos cuenta que eso es todo lo que, culturalmente, hemos heredado. Por ejemplo la compasión, la anteceden muchos siglos de historia cristiana y de mercado colonial y liberalista (contradicción comúnmente aceptada) que hace y, luego, al cabo de mucho tiempo, confiesa. Del todo camuflada ya dentro de nuestras venas. De tantos modales impuestos hemos perdido el modo y, con él, el sentido. Por ejemplo, alguien que se cree no estar agrediendo al otro por el simple hecho de bajar el tono de voz aunque sus palabras significan crucificarlo. Eso pasa y va pasando, ¿no se hacen las torturas en silencio y en lugares cerrados? Ojos que no ven corazón que no siente: Falso.

Hemos perdido el tacto, estableciendo una relación completamente virtual, antinatural con nuestro interior. Una máscara se ha instalado en nuestro corazón, sólo así la hiper-tecnificación, en el sentido de hiper-automatización (también del lenguaje que expresa un modo de sentir y comprender, también ese mismo sentir y comprender) puede extenderse como un cáncer mediador de toda relación y vínculo posible entre los hombres, y entre ellos y las cosas.

Respeto por el mundo, y por uno mismo. Evidenciar la insuficiencia de este canon nuestro occidental tan paternalista que ya no sirve ni para el parlamento, ni para las iglesias (de todo tipo), ni para el pueblo. El canon no es ya sólo cómo se estructura un sistema socio-económico y político-cultural determinado, sino que el canon se ha establecido de forma invisible en nuestra manera de pensar y sentir. La mayoría de la gente ni tan solo puede manipularlo porque es algo que se ha convertido en natural, es más, en algo deseable. Arterias base de la sociedad del bien-estar, donde ni se “está” ni “bien”. Carreteras, autopistas, vías, vuelos, para nunca llegar.

El exceso de escrúpulos puede tener las mismas consecuencias que la falta absoluta de escrúpulos. Su exceso conlleva una falta en otro sentido. Véase los líderes políticos o de cualquier agrupación (también con motivaciones puramente económicas) cuyo fundamento sea la confrontación y consecuente aniquilación de una agrupación que consideran perjudicial para su propia supervivencia. Eso es llevar el instinto al rango del corazón mediada por una prejuiciosa y maquinadora razón. Ni rastro del corazón ni de los valores potenciales tanto del instinto como de la razón. Mal uso extremo de lo que se nos ha dado. Eso es automatizar los principios morales a los que estamos llamados a buscar en la vida y que a nadie, de nacimiento, le tienen que venir dados. El escrúpulo, en todo caso, tiene que ser para con uno mismo, y nace de la atención, y tiene carácter abierto, para con el otro está el cuidado.

¿Hemos dejado de ver el muro que desde hace siglos los hombres han intentado, poco a poco, derribar?¿A qué me refiero con lo de muro? A toda esa hiper-automatización: del escrúpulo, de los modales sociales comúnmente aceptados, del canon, del miedo, del deber inculcado, del olvido de uno mismo y correlativamente del mundo en el que vivimos, de la acción vinculante, de la muerte para algunos, del vivir para unos pocos, del desapego hacia un lenguaje que ya no nos expresa. Y esa lucha, aunque la historia cambie el rostro de los hombres, siempre ha tenido lugar en el mismo espacio. Yo no pienso y luego existo a secas, sino que pienso y existo en un lugar que se está quedando, por nuestra culpa, a secas. Pero este espacio, este mundo, no goza de la eternidad que los hombres se prometieron entre ellos. Por sus promesas inconsecuentes, las cosas y el planeta perecerán antes de lo que les toca. Y eso es un crimen atroz. Y el culpable serán los hombres que desmerecen su calificada “humanidad”. No tenemos ningún problema, postulamos el remordimiento como un acto cultural (véase o léase la tradición cristiana), pero luego actuamos con el “sin escrúpulo”. Echamos hombres de sus trabajos, de sus tierras, de sus hogares, colonizamos, descolonizamos, aterrorizamos, y eso entre hermanos. ¿Cómo no vamos a ser igual o más déspotas e inconscientes con algo que no puede hablarnos con nuestro mismo lenguaje como el planeta? Pero ya había olvidado que incluso el lenguaje había caído en zona muerta.

Valorar la acción. Remeditar la pasión. Sensibilizar la acción. Sincerar la pasión. Olvidar los modales viciadamente aprendidos, buscar, cada uno, su propio modo. Establecer una red modal, con sus diferencias, y sus conexiones. Concretar: Necesitamos una casa, la casa, vida. Releer, volver a lo que decimos, reciclar lo dado, lo sido, transformarlo transformándonos. Continuar hurgando en las evidencias que pasan desapercibidas, en destornillar los engaños que ya no obran en nuestras vidas. Seguir, a pesar de todo. Porque pesa, pero se sigue.

¿Y por qué siempre empiezo en lo obvio y termino en el Apocalipsis?

06/03/2007, en el tren, ese jodido tren de cada día de ida y vuelta al trabajo...