Mica P. Hinson. Clicar para ampliar.
Hoy sale en
La Vanguardia una entrevista con mi persona. En ella se habla de mi blog (este blog), que hace quince días que no actualizo por exceso de trabajo, y de mis quehaceres laborales y creativos (si puede llamarse así, que, en general, deberían llamarse así todas las cosas). Pasado este pórtico justificatorio, confieso que llevo dos días preguntándome si puede una persona ser el tema de una entrevista y, como soy yo, la respuesta es clarísima: ni de coña. Pero al final resulta que no es la persona, sino lo que hace. Entonces uno se vuelve a hacer la pregunta en la cabeza (circuito cerrado del que no puede escapar hasta que no se diluye) y se responde que sí, que es posible, algo más posible, porque hacerse, lo que es hacerse las cosas, se hacen. Sigamos. Resulta que como uno mismo es el tema, es decir, el fondo sobre el cual se escribe o tatúa cada palabra (como en La colonia penitenciaria de Kafka), el pasado personal revierte sobre el texto como una mina de oro, llena de minas y de oro a partes iguales: ahí va, lo que has hecho, como un misil apuntando hacia ti. Uno debería estar orgulloso de lo que ha obrado en su pasado, como una manera de entender el curado de la piel, ciertas durezas y alguna que otra fisura más y también la fortaleza de la estructura que nos sostiene a cada uno. Resulta que lo más visible de este pasado es lo que menos valor tiene, lo que, para ti, casi no importa de tan concreto, o no importa tanto como otras cosas que guardas en sutiles alacenas (físicas y no tan físicas) o no tanto como lo que te imaginas de las cosas y sus límites, fuerzas y posibilidades, siempre por encima del resultado real que, a base de repetición, duración y constancia, se va volviendo un poco consistente. Aquí están algunas de esas partes visibles en las que aún o ya no me reconozco: Las ficciones publicadas no llegan a transmitir nada de nada sobre la importancia del lenguaje y la poiesis en la vida de uno, dicen más los que se encuentran permanentemente reelaborándose entre susurros, muros y silencios. Tienen más valor las imágenes grabadas con el móbil que el cortometraje que llegó a finalista de un premio y que desmonté por hartarme. Finalmente está el futuro: un proyecto de cortometraje (ahí va lo futurible como telón de fondo 2), del que sólo hay una idea bastante clara, horas amistosamente compartidas con la co-autora, algunos nombres de referencias ineludibles, una cierta experiencia del cine y del arte que queremos re-concretizar y un esbozo de guión. Una piensa que todo lo que se nombra se vivifica de alguna forma u otra y que nombrar este proyecto es hacer precisamente esto: “pro” –adelante- “iectus” –lanzar-, lanzar por delante algo que en su estado embrionario espera realizarse. Se nombra y se habla para transformar el querer en poder, a la vez que para compartir. Así se piensa y así se hace.
En todo caso funcionen estas cuatro líneas como una especie de contracampo natural de la entrevista. Sirva para darle las gracias a JM por contactar conmigo sin venir a cuento de nada y por, después de estar un par de horas amablemente hablando, no decidir que aquello no valía la pena. Y vale, claro que vale, y si vale es porque todo lo que se explica es fruto de la voluntad, la filia con otros y el trabajo, y esto, esté en quien esté, siempre vale. Con respecto a la parte de influencias (una pregunta ante la cual uno no puede, sino, ruborizarse), sólo matizar que lo que hubiera puesto es el bar de mis padres y abuelos, que es donde crecí, pero tenía que personificar el terreno y así lo hice, descubriendo que lo que te ha hecho lo que eres, ya no te interesa tanto como otras cosas, aunque no puedas escapar de ello. De la misma forma que el cuerpo se regenera a diario, nuestras filias y fobias van transicionando, morfoseándose en nuevas paletas de sensaciones y formas en un contexto que cambia aún más rápido que lo personal, aunque al final siempre regresemos a lo mismo. Resumiendo la experiencia de verse a sí mismo como materia cultural actual:
La vida va urdiendo sus hilos dentro del reloj de arena. Cuando más se muestra el animal, cuando más público es su grito, más silencioso e inofensivo parece, pero con más fuerza se clavan sus uñas en la tierra.