lunes, 9 de marzo de 2009

MOMENTOS FICCION 1



Tanto al primer hombre de la foto como al segundo los conocí gracias a Él. Se pensaba que quería ligar con él (¡Mon Dieu!) cuando yo sólo quería reir, reir, reir. Porque me reía con él. No nos conocíamos a penas y vivíamos la misma novela, a dos metros de distancia, pero de cerca. Actos literarios, algunos fallidos. Me hacía gracia su aspecto derruido y su humor de "vanguardia pairal" (como diría aquel artista). Gracias a él comí con la Gran Vampiresa. Gracias a mí estuvo de invitado en la cena de la Gran Vampiresa. A el primer hombre le gustaba Él. Creo. A Él la novela de su anti-casi-vida. Ahora publicará su primer libro. O su último. Algunos no saben lo que quieren algunas mujeres. A otros les da miedo saberlo. Muchos piensan en La mujer y no en Esa mujer. "¡A la cosas!", que decían los fenomenólogos. Morir de risa es un gran invento. Vivir deprisa no. Los hombres que escriben poesía saben lo que son las flores, pero una mujer no es una flor. Algunos hombres cantan bien a las mujeres. Cuando las han perdido. Él me habló de Karver o alguien que tenía un nombre parecido. Algún día volveré a hablar con Él, porque compartíamos una risa protectora que nos unía a la vida. Momentáneamente. Pero a la vida. Quizás ya estemos demasiado protegidos para volver a esa vida. No echo en falta las risas, pero sonríe maliciosamente el recuerdo como testimoniando un casi echar en falta. ¿Cómo podía pensar que quería ligar con él? Si pensaba que era eso, ¡menuda falta de expectativas!¡menuda pobreza del amor! Quizás me confundió con una flor. Pero las flores no ríen. No vuelven viejos los zapatos baratos. Se marchitan más rápido. Y no piensan mientras se alejan de una calle y se acercan a otra que los malditos hombres que escriben poesía sólo recuerdan lo que nunca han vivido. "¡A las cosas!" me dije mientras un coche frenaba histérico hasta postrarse ante mis pies salvados por quién sabe qué. No conseguí entender nada de lo que me decía el hombre del volante. El mundo resplandecía en silencio mientras las primeras gotas de lluvia volvieron a enderezarme hacia la acera. Hacia los vestidos negros. Hacia las ambulancias del amanecer. A las cosas, a las cosas...