lunes, 17 de octubre de 2011

EL DISCRETO ESPANTO DE LA BURGUESÍA

videojournalism #06 (excerpt) from Workroomfilms on Vimeo.



"Allò que una vegada va passar en la nostra història, en els segles de la decadència de l'Imperi romà, podria tornar a passar de nou. Fins i tot aleshores, el treball es va convertir en una ocupació de les classes lliures, "només per portar-los les obligacions de les classes servils", Hannah Arendt, La condició humana

"Totes les penes es poden suportar si les posem en una narració o n'expliquem una història", Isak Dinesen

"¡A la mierda!", Fernando Fernán-Gómez

Una nueva clase de gente

Manifestarse es poner de manifiesto algo en lo que prévia y tácitamente un grupo de personas se han puesto de acuerdo. El pasado sábado 15 de octubre, centenares de miles de personas en todo el mundo salieron a la calle para manifestar su indignación ciudadana contra la corrupción de los políticos, de los bancos, de los especuladores que no dudan en utilizar a la masa popular como un insumo para sus ruletas rusas particulares. La falta de transparencia política no es cosa nueva, ni el abono y cuidadoso mimo que los gobiernos prodigan hacia las empresas, bancos e iniciativas privadas que mueven grandes cantidades de dinero. El problema se hace real cuando se hace visible, que es cuando todo eso lo paga el pueblo quedándose sin trabajo, sin la posibilidad de pagar sus deudas, sin casa, sin cuentas, con cuentos, todos muy chinos, con nada. Está claro que la democracia sólo sirve para crear eufemismos por donde pasa, como aquel aristócrata de El discreto encanto de la burguesía de Buñuel (que nos dejó retratado a todos por los siglos de los siglos y amén) que clama que él todo lo ha hecho a conciencia, pero luego es capaz de sacrificar su vida para comer un poco más de delicatessens (todo en forma de parodia onírica). Ahí están las nuevas clases burguesas, las que se han enriquecido no sólo gracias a la herencia, sino también a la explotación de los asalariados en un chantaje laboral indefinido que se arrastra desde hace más de un siglo y, sobretodo, de la especulación con el dinero en borsa, de la especulación con los negocios immobiliarios, de la inversión en el mercado negro (armas, drogas, etc.), en definitiva, nos encontramos frente a una nueva clase que ha crecido gracias a alimentar una economía a base de "burbujas" que cuando explotan sólo salpican su veneno a los que están debajo (para decirlo burdamente). Son estos los que beben champán, sonríen y se cuentan sus secretitos ("mira estos desgraciados") mientras ven marchar a los indignados de Wall Street. Sonríen de espanto, de ver a toda esta gente gritando que son el 99%, pero seguros en su balcón como lo estaban los emperadores romanos en sus púlpitos mientras veían como los esclavos iban muriendo a manos de gladiadores, esclavos ellos a su vez. Hombres con cara de pedófilos, mujeres con cara de quirófano, hombres y mujeres hijos de Saló. Esa es la clase de gente que tiene la desfachatez de salir a festejar sus lujos en público ante gente que apenas puede asistir a su presente, como si vieran pasar una marcha de majorettes o un desfile de animales exóticos que van siendo conducidos en manada por la policía como ridículos pastores del orden que son. Es esa clase la hija de otra clase que vimos morir asesinada (aunque sólo fuera un sueño) en la película de Buñuel que funciona como un contra-plano perfecto a las imágenes que nos han dejado de la marcha de Wall Street. Tanto las montadoras rusas como los miembros del Grupo Dziga Vertov y otros nos enseñaron del valor político que subyace en un contraplano, pero ¿qué pasa cuando el contraplano se da en un mismo plano secuencia como el que vemos en el vídeo de Wall Street?¿Qué pasa cuando la realidad pone en evidencia sus propias fisuras y, por lo tanto, los argumentos para la indignación?¿Cómo el balcón siguió siendo balcón y la indignación pasó como una tranquila marea del norte? Está claro que con violencia no se llega a ninguna parte, pero violencia es lo que contiene el mismo plano secuencia. Violencia es la coexistencia en un mismo plano de la precariedad y el champán.

Un poco de alegría

Evidenciamos, también, a través de este movimiento global, cómo los ítems culturales que nos unen cambian y ya no son cosa de una clase privilegiada (esa nueva clase burguesa que ha aparecido toma la cultura como algo irrelevante), sino que están en los "bienes comunales" como agua de mayo. El Himno de la Alegría de Beethoven, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ha pasado de su mención de honor patrimonial a ser finalmente una obra de unión humana: ya se convirtió en las reivindicaciones holandesas contra los recortes en cultura en un leit motif, ahora ha podido escucharse este 15 de octubre en Sol. De la misma forma, este 15 de octubre nos ha dado los más bellos planos secuencias de la fratria humana que es la quinta esencia del movimientos de los indignados, como éste de Pablo Useros.

Coda final

Como decía Hannah Arendt, la bondad es imposible en los confines de la esfera pública, hará falta algo más que eso para derribar los balcones y los áticos donde se gestiona maquiavélicamente el devenir de nuestros mundos posibles. Aunque "esta clase de gente" parece que olviden que los mundos posibles de este 99% también es su propio mundo y que los gusanos no atienden a clases ni a privilegios ni a champán.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

LOS PASOS DOBLES

(este viernes en el Cine Truffaut de Girona estrenamos Los pasos dobles,
os dejo la crítica en catalán y castellano)



A LA RECERCA DEL TRESOR
Sobre Los Pasos Dobles d’Isaki Lacuesta (2011)
“¿Quién hace estos cambios? Disparo una flecha a la derecha,
cae a la izquierda. Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo. Conspiro para conseguir lo que quiero y
termino en la cárcel. Cavo fosas para atrapar a otros y me caigo en ellas.
Debo sospechar de lo que quiero”(*)
Rumi
Al material promocional de Los Pasos Dobles de Isaki Lacuesta pot llegir-se: “Unos personajes a la búsqueda de un búnker desaparecido en el desierto. Una duna cercana al mar. Una banda de bandidos motorizados. Los adivinos. Un baobab en forma de esqueleto. Un amuleto de bronce. Un pez de piedra. Una emboscada. Un viaje de ida sin billete de vuelta. Y un misterio: ¿cuál es la única cosa que al compartirla se destruye?”. Aquesta críptica sinopsis, que podria semblar escrita per R. L. Stevenson (algú que també anava darrera de tresors amagats i dobles problemàtics), ens ensenya el pòrtic d’entrada d’una pel·lícula atípica i fascinant. Quan vaig veure fa uns mesos la pel·lícula (encara no estava rematada), em vaig quedar encantada i sorpresa, per moltes coses que ja refrescaré aquest cap de setmana quan torni a veure-la; però una cosa és segura, em semblava, d’una banda, una pel·lícula de pel·lícules on rastrejava Jarmush (el de The Limits of Control), Pasolini (el de Les Mil i una nits), Claire Denis o Pekinpah, i de l’altra una proposta nova i genial que alhora mantenia moltes de les preocupacions i interessos de les anteriors pel·lícules de Lacuesta. Per començar aquesta fixació en personatges la biografia dels quals conserva en proporcions iguals la llegenda i la història, tal com vèiem a Cravan vs. Cravan o fins i tot com podia respirar-se a La leyenda del tiempo amb el fantasma de Camaron. Lacuesta, a diferència de la majoria de pel·lícules que aborden un personatge real, sempre aconsegueix que un cop acaba la pel·lícula l’espectador vulgui saber més coses del personatge, establint un pont directe cap a la història, partint, això sí, de la inventio pseudo-docu-ficcional (o el que sigui aquesta manera de pendul·lejar constantment entre la ficció i el documental). En aquest cas Lacuesta agafa el pintor, escriptor i bandoler François Augiéras que, com Rimbaud (una de les seves revelacions), prendrà els bàrtols i viatjarà per Àfrica i Grècia (potser també afectat per Nietzsche, un dels altres mentors imaginaris d’Augiéras). Diu Lacuesta en el seu diari de rodatge: “Sin duda, el joven Augiéras se veía a sí mismo como una mezcla imposible de fauno, poeta maldito, beduino, santo y pistolero, y siempre procuró vivir acorde con esos modelos extremos”. Només va fer falta que Miquel Barceló li expliqués que Augiéras havia pintat una espècie de Capella Sixtina en un búnker militar “perquè ho descobrís l’home del segle XXI”, per decidir anar a trobar-lo al País Dogon i fer d’aquesta recerca l’argument de la pel·lícula. Arrel de la història d’Augiéras es creuen tot tipus de personatges exòtics i enigmàtics, un dels que apareix és el mateix Miquel Barceló, que es presenta com una espècie de meta-narrador demiúrgic que, en la mesura que pinta, va creant part de la història.
Los pasos dobles és una pel·lícula d’aventures que no segueix la típica estructura clàssica de plantejament, nus i desenllaç que ens van ensenyar fa més de 2.000 anys, sinó que va aventurant-se ella mateixa sense arribar a cap conclusió. Com Les mil i una nits o Així parlà Zarathustra de Nietzsche, Los Pasos Dobles és un relat sobre l’aventura del relat, alhora que un laberint de situacions màgiques i imprevisibles, ja que, com en el poema de Rumi*, no totes les decisions porten allà on s’esperava i és en la recerca (el camí) on està l’autèntic tresor (la saviesa popular sempre ens fa arribar aquí). Està clar que en aquesta aventura no hi ha reis ni princeses, sinó dogons anònims, una comunitat de negres albins, militars, farsants, pintors i pintors farsants, i més important encara, hi ha una cosa que ens ho fa tot més estrany: el cor d’una Àfrica als nostres ulls encara desconeguda. Per això l’aventura és una altra, i per sort encara no hi estem acostumats.
Trobem una excel·lent banda sonora de Gerard Gil i un bon treball amb l’equip de sempre (o quasi) en el so (Amanda Villavieja), la fotografia (Diego Dussuel) i el muntatge (Domi Parra); en aquest cas també Lacuesta ha tirat d’actors no professionals i de poc guionatge en els diàlegs, tot i que l’estructura de la pel·lícula, que va fer juntament amb Isa Campo, estava molt pautada i estretament lligada amb la vida d’Augièras. Res és gratuït, segons explicaven els autors del guió, tot i que no se’ns expliqui o aclareixi tot. En aquest sentit la gaudiran més aquells que alguna vegada han perdut la son llegint a Conrad o Stevenson, aquells que encara són capaços de recuperar la mirada infantil, és a dir, la mirada màgica, aquella que es sorprèn de l’existència de cada cosa i situació, més que de les seves conseqüències. Com diu Lacuesta: “Los niños están acostumbrados al estilo que propongo, donde no importa tanto el final del cuento como la siguiente aventura . Con ellos no hay que ser muy específico a la hora de contar lo que pasa entre una aventura y otra”. Però sembla que la crítica encara prefereix les pregàries als enigmes, els gèneres estancs (allà on tot està “dat i beneït”) a la llibertat creativa, els relats tancats amb redempció o moralina final a les històries que deixen a l’espectador la possibilitat de trobar-hi a poc a poc les seves “mil i una nits”. I parlant de redempció, qui redimirà a alguns crítics de la seva patològica falta de imaginació? Heus aquí un altre enigma.
Ingrid Guardiola
Col·lectiu de Crítics de Cinema de Girona
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LA BÚSQUEDA DEL TESORO
Sobre Los Pasos Dobles de Isaki Lacuesta (2011)
“¿Quién hace estos cambios? Disparo una flecha a la derecha,
cae a la izquierda. Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo. Conspiro para conseguir lo que quiero y
termino en la cárcel. Cavo fosas para atrapar a otros y me caigo en ellas.
Debo sospechar de lo que quiero”(*)
Rumi
En el material promocional de Los Pasos Dobles de Isaki Lacuesta puede leerse: “Unos personajes a la búsqueda de un búnker desaparecido en el desierto. Una duna cercana al mar. Una banda de bandidos motorizados. Los adivinos. Un baobab en forma de esqueleto. Un amuleto de bronce. Un pez de piedra. Una emboscada. Un viaje de ida sin billete de vuelta. Y un misterio: ¿cuál es la única cosa que al compartirla se destruye?”. Esta críptica sinopsis, que podría parecer escrita por R. L. Stevenson (alguien que también iba detrás de tesoros escondidos y dobles problemáticos), nos enseña el pórtico de entrada de una película atípica y fascinante. Cuando la vi hace unos meses (aún no estaba rematada), me quedé encantada y sorprendida, por muchas cosas que ya refrescaré este fin de semana cuando vuelva a verla; pero una cosa es segura, me parecía, por un lado, una película de películas donde rastreaba Jarmush (el de The Limits of Control), Pasolini (el de Las Mil y una noches), Claire Denis o Pekinpah, y en segundo lugar una propuesta nueva y genial que a la vez manteía muchas de las preocupaciones e intereses de las anteriores películas de Lacuesta. Para empezar esta fijación en personajes la biografía de los cuales conserva en proporciones iguales la leyenda y la historia, tal como veíamos en Cravan vs. Cravan o incluso como podía respirarse en La leyenda del tiempo con el fantasma de Camarón. Lacuesta, a diferencia de la mayoría de películas que abordan un personaje real, siempre consigue que una vez termina la película el espectador quiera saber más cosas del personaje, estableciendo un puente directo hacia la historia, partiendo, eso sí, de la inventio pseudo-docu-ficcional (o lo que sea esta manera de pendulear constantemente entre la ficción y el documental). En esta cosa Lacuesta coje el pintor, escritor y bandolero François Augiéras que, como Rimbaud (una de sus revelaciones), tomará sus cachivaches y viajará por África y Grecia (quizás también afectado por Nietzsche, otro de los mentores imaginarios de Augiéras). Dice Lacuesta en su diario de rodaje: “Sin duda, el joven Augiéras se veía a sí mismo como una mezcla imposible de fauno, poeta maldito, beduino, santo y pistolero, y siempre procuró vivir acorde con esos modelos extremos”. Sólo hizo falta que Miquel Barceló le explicara que Augiéras había pintado una especie de Capilla Sixtina en un búnker militar “para que lo descubriese el hombre del siglo XXI”, para decidir ir a encontrarlo en el País Dogon y hacer de esta búsqueda el argumento de la película. A raíz de la historia de Augiéras se cruzan todo tipo de personajes exóticos y enigmáticos; uno de los que aparece es el mismo Miquel Barceló que se presenta como una especie de meta-narrador demiúrgico que, en la medida que pinta, va creando parte de la historia.
Los pasos dobles es una película de aventuras uqe no sigue la típica estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace que nos enseñaron hace más de 2.000 años, sino que aventurándose ella misma sin llegar a ninguna conclusión. Como Las mil y una noches o Así habló Zarathustra de Nietzsche, Los Pasos Dobles es un relato sobre la aventura del relato, a la vez que un laberinto de situaciones mágicas e imprevisibles, ya que, como en el poema de Rumi*, no todas las decisiones llevan donde se esperaba y es en la búsqueda (el camino) donde está el auténtico tesoro (la sabiduría popular siempre nos conduce aquí). Está claro que en esta aventura no hay reyes ni princesas, sino dogones anónimos, una comunidad de negros albinos, militares, farsantes, pintores y pintores farsantes, y más importante aún, hay una cosa que lo hace todo aún más extraño: el corazón de una África a nuestros ojos aún desconocida. Por eso la aventura es otra, y por suerte aún no estamos acostumbrados a ella.
Encontramos una excelente banda sonora de Gerard Girl y el buen trabajo de su equipo técnico de siempre (o casi) en el sonido (Amanda Villavieja), la fotografía (Diego Dussuel) y el montaje (Domi Parra); en este caso Lacuesta también ha escogido trabajar con actores no profesionales y con poco guión en los diálogos, aunque la estructura de la película, que hizo junto a Isa Campo, estaba muy pautada y estrechamente ligada con la vida de Augiéras. Nada es gratuíto, según explicaban los autores del guión, aunque no todo se explique o se esclarezca. En este sentido gozarán más aquellos que alguna vez han perdido el sueño leyendo a Conrad o Stevenson, aquellos que aún son capaces de recueprar la mirada infantil, es decir, la mirada mágica, aquella que se sorprende de la existencia de cada cosa y situación, más que de sus consecuencias. Como dice Lacuesta: “Los niños están acostumbrados al estilo que propongo, donde no importa tanto el final del cuento como la siguiente aventura . Con ellos no hay que ser muy específico a la hora de contar lo que pasa entre una aventura y otra”. Pero parece que la crítica aún prefiere las oraciones a los enigmas, los géneros estancos (donde todo está “dado y bendecido”) a la libertad creativa, los relatos cerrados con redención o moralina final a las historias que dejan al espectador la posibilidad de encontrar allí, poco a poco, sus “mil y una noches”. Y hablando de redención, ¿quién redimirá a algunos críticos de su patológica falta de imaginación? He aquí otro enigma.
Ingrid Guardiola
Col·lectiu de Crítics de Cinema de Girona

martes, 20 de septiembre de 2011

APOYO AL FESTIVAL PUNTO DE VISTA


El FESTIVAL PUNTO DE VISTA, un dels festivals espanyols més apreciats per molts no pot celebrar la seva 8a edició a causa de les "POLÍTIQUES D'AUSTERITAT" (absolutament relativa!) d'aquest país. En el terreny cultural són moltes les propostes que van caient per culpa, sí, per culpa del frau fiscal i la crisis econòmica (recordem-ho: fiscal) que els bancs, els especuladors immobiliaris i els polítics han propiciat. Per donar suport a un dels festivals més seriosos amb la seva matèria (el documental cinematogràfic) i més amable amb aquells que el gaudíem cada any, podeu anar a la web de ACTUABLE, clicant AQUÍ.

Al facebook podeu seguir tot el procés, AQUÍ.

També podeu seguir el twitter amb el hastag: #apoyopuntodevista

AQUÍ us deixo la carta que el director de El Punto de Vista, Josetxo Cerdan, va escriure informant de la situació.

Al diari GARA una entrevista amb Josetxo Cerdan.

La notícia a EL PAÍS.

40 ANYS DE "JO, LA DONYA I EL GRIPAU"


Clica la imatge per ampliar-la


Ja fa 40 anys que Pau Riba va dedicar al seu fill el disc "Jo, la donya i el gripau". Ara ha reunit als músics, segons ell, "més locos" que coneix i estan preparant un concert celebratori que tindrà lloc el novembre al Tradicionarius. Les imatges D'AQUEST VÍDEO testimonial d'una de les improvitzacions-assajos d'aquest estiu provenen d'unes gravacions que va fer la Zoe Valls aquest estiu a Cadaqués i que formaran part d'un documental. Els que rondàvem per allà a Can Riba, mentre la música i l'alegria sonaven a parts iguals, vam certificar no només la bonesa a la que arriben els homes que han viscut fent el que els hi agrada, sinó el fantàstic estat de salut musical d'un imprescindible anfitrió (en molts sentits) com és Pau Riba. L'acompanyen alguns músics que de natural toquen amb altres formacions (Pascal Comelade, Les Aus, Don Simon y Telefunken...), i són fantàstics, i es diuen Llull, Mau, Ivan, Maus, Joanso. Són els Germans Gripau, els que venen després dels Grimm.

jueves, 15 de septiembre de 2011

LES PREDICCIONS DE LA CIÈNCIA FICCIÓ

Clicar per ampliar o anar aquí: http://i.imgur.com/FgDzZ.jpg

En la següent infografia creada per Michael Hobson es poden veure les prediccinos de més de 50 pel·lícules i un parell de sèries des d'ara fins l'any 3oo1988.

Des de Mundo Geek, anteriorment ja havien recollit algunes prediccions que s'havien fet des del cine de l'any 2010: CLICA AQUÍ!

sábado, 10 de septiembre de 2011

EL LLARG CARRER DE L’IMAGINER/ LA CALLE DEL IMAGINERO

Clica a sobre per ampliar



(VERSIÓ CATALANA)


Oculus et aucellus


Un dia tenia 16 anys i em vaig plantar al Teatre Municipal de Girona a veure La calle del imaginero, de la companyia Mal Pelo. En aquella època poc sabia de teatre (tot i que n’havia llegit), ni de la retòrica del cos o de l’amor, més aviat ho evitava tot; per no tenir, no tenia ni un cos de dona, ni allò propi de l’edat, la prova visible de la teva pròpia fertilitat. El que vaig veure em va deixar commocionada, transformada, fins i tot em va portar a escriure un (crec que prou horrible) text de teatre (“Sis veus per a la consciència”) que es va quedar a l’ordinador de la meva germana gran, que un bon dia, sense adonarme’n i per sort, van llençar.


Havien muntat una arquitectura de fusta sobre l’escena, per on anaven entrant i sortint els personatges (a cavall entre Escher i Piranesi), a diferents alçades. Mai havia vist res semblant, de cop el teatre era una capsa màgica oberta a la imaginació, de forma entre natural i espontània. Tot i que hi havia un guió, hom tenia la sensació de que la representació anava creant-se ex nihilo i sense pautes davant dels teus ulls. Allà, en directe, aquest directe que per a mi representava la inversió de tot possible engany, com aucells antropomorfitzats, les persones podien volar.


Els cossos


Un personatge es presentava nu davant l’escenari. Vaig pensar que qualsevol cos, si li donaves temps de ser davant la teva mirada, automàticament es convertia en alguna cosa bella per antonomàsia, fos quina fos la morfologia, només calia deixar-lo ser, i una atenció consumada. El que no sabia era que si a més a més el tocaves, allò et podia deixar per sempre més segellada. Estava a anys-llum d’això, ja que si hagués tingut un software intern de programació automàtica d’auto-locomoció m’hagués estalviat molts mals de cap. Els personatges es relacionaven a partir de pulsions i verbalitzacions que per a mi eren noves i inesperades. Ja no era llegir o testimoniar les mil formes del desig en una pel·lícula o en un llibre, amb la gran distància física que comporten, sinó que el teu ull n’era el testimoni directe, i es comunicava (m’imagino les gràfiques piramidals de les teories de la percepció) amb alguna cosa semblant a una ànima. Per evitar mals endreços, dic “ànima” a tot allò que s’escapa de la meva comprensió empírica de l’existència i que de la forma més naif (bàsicament per intentar entendre-ho) penso que és el nucli més intern de l’organisme, i que és quelcom transversal a la matèria, entesa aquesta com un continuum. Aquesta ànima sempre passa per la pell, la nostra frontera amb l’Altre, de vegades fins i tot s’hi instal·la.


Era el COS: la novetat era el cos. I per algú tan solipsista como jo en aquell moment, allò era una novetat de vital importància: l’ull fent-se carn, és més, carn de l’altre. Després he vist molts autors que treballaven a partir de posar el cos sobre l’escenari amb una radicalitat corpòria, quasi histèrica, com passa amb la Fura dels Baus, amb en Romeo Castelluci o la Marta Carrasco, però no era el mateix efecte. Tenia la sensació que Mal Pelo escrivia l’alfabet del cos, i els altres (essent de naturalesa i intencions diferents), el literaturitzaven, l’embarrocaven, fins i tot alguns l’embarrancaven. El que m’agradava dels treballs de Mal Pelo era que, fos quin fos l’argument, la posada en escena, sempre hi havia un moment en què quedava clara la sentència: “això és un cos”. Sempre m’agrada tornar a l’origen, no sé com explicar-ho millor. Potser si us dic, com deia aquell: allà on no hi ha cos, no hi pot haver ànima. I en els cossos de Mal Pelo hi és tota: una ànima animalitzada.


El pathos


Els “imagineros” són els pintors i escultors de imatges sagrades, la majoria contretes amb gestos de dolor, de penitència o d’èxtasis. Als cossos de Mal Pelo els hi brilla la carn com a déus animals, els hi floreix el nervi com una magrana oberta al sol d’estiu i dels insectes, i de tant en tant volen (deixant la fixació de la carn enrera) i es recargolen en espirals de dolor, que el mateix moviment alleuja. Penso en aquest punt en el poema d’Andreu Vidal (mallorquí, com Pep Ramis, un dels fundadors de la companyia):


“Pensar amb violència, veient com lentament

el cos s'inflama

i una suor sangonosa va perfent

repugnants mars sobre el trespol,

sentint com les artèries, tibants,

dolorosament tendeixen cap a l'aire,

com va obrint-se

la pell sense un punyal.”


Com va obrint-se la pell sense un punyal i es posa en dansa. El 2001 la companyia va fundar, amb més gent, l’Animal a l’Esquena, un centre de pedagogia, creació i difusió de la dansa. En paral·lel van gestar l’espectacle homònim. L’Animal a l’Esquena és un dels noms més bells i fèrtils que he trobat per a una companyia, per a un projecte, per a una criatura o per a qualsevol cosa. La nostra pròpia animalitat, així com la nostra ànima (els dos extrems d’una mateixa cosa que em costa diferenciar), ens vigilen de prop, esquena amunt, esquena avall, i quan deixin de fer-ho, llavors més val que ens preocupem, no fos cas que tornéssim a l’autòmat, a desitjar que les coses funcionin i prou, a la seguretat d’allò que ja està previst, a aquells 16 anys de mutisme filo-corporal. Deixem, com deia Andreu Vidal, que un arbre ens creixi dins el cor, que travessi la nostra pell morta, que les branques s’enlairin com serps enllà la sepultura i xuclin l’entranya lluminosa del migdia, fins que els nostres nervis encesos estrangulin l’univers (1). Això que llegiria un any després de veure l’espectacle, és el que vaig comprendre després de veure La calle del imaginero, la màgia de les coses que apareixen i existeixen en la seva materialitat fluïda i rocosa, a renunciar a la renúncia i a la desaparició, però no a la incomunicació, a aixecar la mirada, a estimar el cos propi i sobretot el de l’altre, a trobar una comunicació més primària en aquest mirar-se, una dramatúrgia plena de llicències poètiques i absurdes, a desitjar a seques i per primera vegada. Van fer falta alguns anys per portar-ho a la pràctica, per veure la diferència entre “la pell que va obrint-se sense un punyal” o la pròpia apunyalada.


Enguany Mal Pelo torna per Temporada Alta.


L’apèndix:

Diu José A. Sánchez: “probablemente, de los espectáculos de Mal Pelo La calle del Imaginero fue, junto a L'animal a l'esquena, el que más se parecía a un libro, un libro ilustrado con imágenes que se instalaban en la memoria del espectador, y salpicado de palabras fácilmente legibles, pero difícilmente fijables en el interior de una estructura lineal. Lo importante es la sensación, la percepción de un mundo. Si La calle del Imaginero podía parecer un cuento (sólo en apariencia infantil), L'animal a l'esquena era como un libro de viaje, en que se habían ido anotando pequeños momentos y deseos (incluido ese otro viaje imaginariamente aún no realizado a París que funcionaba como motivo recurrente en el espectáculo). Constituía una réplica, diez años más tarde, a Quarere, y al elementarismo fabulador de éste se superponía ahora un discurso más reflexivo, por ello melancólico, voluntariamente ingenuo y por tanto inevitablemente irónico. Al margen de la mayor o menor efectividad del aparato escenográfico, la eficacia comunicativa del espectáculo residía en los cuerpos de los intérpretes, capaces de transmitir en solitario o interacción esa constante tensión entre la fortaleza y la duda, entre la ilusión y la fragilidad, entre la capacidad voladora y el encogimiento huidizo y tímido, entre la animalidad y la ternura, la composición y la espontaneidad”.


(1) "Un arbre li creix dins el cor, lentament travessa la seva pell morta, esqueixa, romp, les seves branques s'enlairen com serps enllà la sepultura, aspiren, xuclen l'entranya lluminosa del migdia, fins que la nit esdevé perennal, eterna, i els seus nervis encesos estrangulen l'univers”, El Foll, Andreu Vidal


(VERSIÓ CASTELLANA)

LA LARGA CALLE DEL IMAGINERO


Oculus et aucellus


Un día tenía 16 años y me planté en el Teatro Municipal de Girona para ver La calle del imaginero, de la compañía Mal Pelo. En aquella época poco sabía de teatro (aunque había leído bastante), ni de la retórica del cuerpo o del amor, más bien lo evitaba todo; por no tener no tenía ni un cuerpo de mujer, ni lo propio de la edad, la prueba visible de tu propia fertilidad. Lo que vi me dejó conmocionada, transformada, incluso me llevó a escribir un (creo que bastante horrible) texto de teatro (“Seis voces para la conciencia”) que se quedó en el ordenador de mi hermana mayor que, un buen día, sin darme cuenta y por suerte, tiraron.


Habían montado una arquitectura de madera sobre la escena, por donde iban entrando y saliendo los personajes (a caballo entre Escher y Piranesi), a diferentes alturas. Nunca había visto nada parecido, de golpe el teatro era una caja mágica abierta a la imaginación, de forma entre natural y espontánea. Aunque había un guión, uno tenía la sensación de que la representación iba creándose ex nihilo y sin pautas delante de tus ojos. Allí, en directo, aquel directo que para mí representaba la inversión de todo posible engaño, como pájaros antropormizados, las personas podían volar.


Los cuerpos


Un personaje se presentaba desnudo delante del escenario. Pensé que cualquier cuerpo, si le dabas tiempo de ser delante de tu mirada, automáticamente se convertía en alguna cosa bella por antonomasia, fuera cual fuera la morfología, sólo hacía falta dejarlo ser, y una atención consumada. Lo que no sabía aún era que si además lo tocabas, aquello te podía dejar para siempre sellada. Estaba a años-luz de aquello, ya que si hubiera tenido un software interno de programación automática de auto-locomoción me hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza. Los personajes se relacionaban a partir de pulsiones y verbalizaciones que para mí eran nuevas e inesperadas. Ya no era leer o testimoniar las milaformas del deseo en una película o en un libro, con la gran distancia física que comportan, sino que tu ojo era el testimonio directo, y se comunicaba (me imagino las gráficas piramidales de las teorías de la percepción) con alguna cosa parecida a un alma. Para evitar malentendidos, digo “alma” a todo aquello que se escapa de mi comprensión empírica de la existencia y que de la forma más naif (básicamente para intentar entenderlo) pienso que es el núcleo más interno del organismo y que es algo transversal a la materia, entendida esta como un continuum. Esta alma siempre pasa por la piel, nuestra frontera con el Otro, a veces incluso se instala en ella.


Era el CUERPO: la novedad era el cuerpo. Y para alguien tan solipsista como yo en aquel momento, aquello era una novedad de vital importancia: el ojo haciéndose carne, es más, carne del otro. Después he visto muchos autores que trabajaban a partir de poner el cuerpo sobre el escenario con una radicalidad corpórea, casi histérica, como pasa con la Fura dels Baus, con Romeo Castelluci o Marta Carrasco, pero no era el mismo efecto. Tenía que sensación que Mal Pelo escribía el alfabeto del cuerpo, y los otros (siendo de naturaleza e intenciones diferentes), lo literaturizaban, lo embarrocaban, incluso algunos lo embarrancaban. Lo que me gustaba de los trabajos de Mal Pelo era que, fuera cual fuera el argumento, la puesta en escena, siempre había un momento en que quedaba clara la sentencia: “esto es un cuerpo”. Siempre me gusta volver al origen, no sé cómo contarlo mejor. Quizás si os digo, como decía aquel: donde no hay cuerpo, no puede haber alma. Y en los cuerpos de Mal Pelo está toda: una ánima animalizada.


El pathos


Los “imaginero” son los pintores y escultores de imágenes sagradas, la mayoría constreñidas con gestos de dolor, de penitencia o de éxtasis. A los cuerpos de Mal Pelo les brilla la carne como dioses animales, les florece el nervio como una granada abierta al sol del verano y de los insectos, y de tanto en cuanto vuelan (dejando la fijación de la carne detrás) y se retuercen en espirales de dolor, que el mismo movimiento alivia. Pienso en este punto en el poema de Andreu Vidal (mallorquín, como Pep Ramis, uno de los fundadores de la compañía):


“Pensar amb violència, veient com lentament

el cos s'inflama

i una suor sangonosa va perfent

repugnants mars sobre el trespol,

sentint com les artèries, tibants,

dolorosament tendeixen cap a l'aire,

com va obrint-se

la pell sense un punyal.”


Cómo va abriéndose la piel sin un puñal y se pone en danza. En 2001 la compañía fundó, con más gente, L’Animal a l’Esquena, un centro de pedagogía, creación y difusión de la danza. En paralelo gestaron el espectáculo homónimo. L’Animal a l’Esquena es uno de los nombre más bellos y fértiles que he encontrado para una compañía, para un proyecto, para una criatura o para cualquier cosa. Nuestra propia animalidad, así como nuestra alma (los dos extremos de una misma cosa que me cuesta de diferenciar), nos viglan de cerca, espalda arriba, espalda abajo, y cuando dejen de hacerlo, entonces más vale preocuparse, no fuese que volviéramos al autómata, a desear que las cosas funcionen y basta, a la seguridad de lo que ya está previsto, a aquellos 16 años de mutismo filo-corporal. Dejemos, como decía Andreu Vidal, que un árbol nos crezca dentro del corazón, que atraviese nuestra piel muerta, que las ramas se eleven como serpientes más allá de la sepultura y sorban la entraña luminosa del mediodía, hasta que nuestros nervios encendidos estrangulen el universo (1). Esto que leería un año después de ver es espectáculo, es lo que comprendí después de ver La calle del imaginero, la magia de las cosas que aparecen y existen en su materialidad fluída y rocosa, a renunciar a la renuncia y a la desaparición, pero no a la incomunicación, a levantar la mirada, a querer el cuerpo propio, pero sobretodo el del otro, a encontrar una comunicación más primaria en este mirarse, una dramaturgia llena de licencias poéticas y absurdas, a desear a secas y por vez primera. Hicieron falta algunos años para llevarlo a la práctica, para ver la diferencia entre “la piel que abriéndose sin un puñal” y la propia puñalada.


Este año Mal Pelo vuelve por Temporada Alta.


El apéndice:

Dice José A. Sánchez: “probablemente, de los espectáculos de Mal Pelo La calle del Imaginero fue, junto a L'animal a l'esquena, el que más se parecía a un libro, un libro ilustrado con imágenes que se instalaban en la memoria del espectador, y salpicado de palabras fácilmente legibles, pero difícilmente fijables en el interior de una estructura lineal. Lo importante es la sensación, la percepción de un mundo. Si La calle del Imaginero podía parecer un cuento (sólo en apariencia infantil), L'animal a l'esquena era como un libro de viaje, en que se habían ido anotando pequeños momentos y deseos (incluido ese otro viaje imaginariamente aún no realizado a París que funcionaba como motivo recurrente en el espectáculo). Constituía una réplica, diez años más tarde, a Quarere, y al elementarismo fabulador de éste se superponía ahora un discurso más reflexivo, por ello melancólico, voluntariamente ingenuo y por tanto inevitablemente irónico. Al margen de la mayor o menor efectividad del aparato escenográfico, la eficacia comunicativa del espectáculo residía en los cuerpos de los intérpretes, capaces de transmitir en solitario o interacción esa constante tensión entre la fortaleza y la duda, entre la ilusión y la fragilidad, entre la capacidad voladora y el encogimiento huidizo y tímido, entre la animalidad y la ternura, la composición y la espontaneidad”.


(1) "Un arbre li creix dins el cor, lentament travessa la seva pell morta, esqueixa, romp, les seves branques s'enlairen com serps enllà la sepultura, aspiren, xuclen l'entranya lluminosa del migdia, fins que la nit esdevé perennal, eterna, i els seus nervis encesos estrangulen l'univers”, El Foll, Andreu Vidal

miércoles, 31 de agosto de 2011

#reformazo constitucional


CALVINISMO CONSTITUCIONAL. En Llamazares explica per què no hem d'acceptar les reformes constitucionals que està plantejant el PPSOE. REFERENDUM JA! (entre d'altres coses més vinculants que permetin canviar lleis)