miércoles, 1 de junio de 2011

THE DARK SIDE OF PRIMAVERA SOUND

(ARTÍCULO ESCRITO EN CASTELLANO PARA SER PUBLICADO EN VENUSPLUTON!COM)

Dream, baby, dream, for ever, keep those dreams burnin' forever
Suicide, Dream, baby, dream

Esto no es un texto de pureta ni de crítico musical, son sólo las impresiones personales de un buen paseo por las mareas oscilantes de la “dark side of the Primavera Sound”, un intento consciente de evitar los miles de anglosajones que ocupaban las lenguetas esfaltadas de este recinto con fábrica de fondo, con su letanía postindustrial y prefuturista que es el Fórum, un anhelo de ver los grupos que mejor sintonizaban con los convulsos tiempos presentes y con mi propio maelstrom; músicos capaces de llevar nuestra indignación a los ínferos, a un infierno cargado de ángeles sacrificados, de electricidad extática, de sabiduría y veteranía a partes iguales.

Dia 1

El escenario de San Miguel ya está listo para acoger Nick Cave y sus elegantes hombres de Harrison, dándole al rock&roll, un espectáculo que no quería perderme por nada del mundo. Cuando decidimos no entrar en el caldero sé que ninguno de los planes que he hecho se van a cumplir. Nos plantamos delante de Glenn Branca Ensemble en el escenario ATP que, junto al Ray Ban, fueron los escenarios más arrolladores del festival. De lejos se escuchan los gritos de Grinderman y Glenn Branca no da crédito, no sabe cuándo activar su coro de guitarras, bajo y batería, pero cuando arranca con The Tone Row That Ruled the World ya no hay manera de pararlo. Unas norteamericanas que no llegan a la mayoría de edad se ponen a primera fila hablándose para ser vistas como pájaros tropicales en celo, pero la electricidad las expulsa inmediatamente, veinte minutos de Trece lecciones para Steve Reich superan su ebriedad y despiste. Aquello es una inmersión musical de primer orden que justifica toda la mugre, las colas, las masas de gentes y gestiones que uno tiene que apechugar para poderse instalar ante un concierto del Primavera Sound. Aquello lo justifica todo. Frases y más frases de guitarreo eléctrico en composiciones interminables donde la repetición nos lleva al éxtasis, o casi. Les siguen Caribou que dan un muy buen concierto, pero a los que dejamos por acumulación de gente y por las ganas de regresar al mundo viejuno. Nos vamos directos a las fauces demoníacas de Suicide interpretando su primer LP, listas para los “jinetes fantasmas”. Alan Vega, como dice mi amiga Marta, es la reencarnación de Gadafi: él es Gadafi, él es el demonio, a él claudicamos. De Ghost Ryder a Dream, Baby Dream, cuando este hombre de más de setenta años canta “Sueña, nena, sueña para siempre” a lo largo de más de veinte minutos, ¿qué hacer sino sucumbir a ello? Cuando grita “I love you” como si de un mesías luciferiano se tratara, en las pantallas gigantes chicas y chicos se muerden las orejas, el cuello, gozando del festín, del ditirambo de un sintetizador, una caja de ritmos y un vocalista que ha cambiado el ansia por el grito letal. En un rincón, solo, separado de la gente, un chico ciego se abraza a su palo y, cual lázaro, proyecta sus cuencos negros y ve la oscuridad melódica de Martin Rev, el gemido entre condenatorio y salvífico de Vega.


Después de esto asomamos la cabeza al macroescenario de San Miguel donde se preparan los Flaming Lips. Entran por una especie de pasarela aguantada por cuatro pobres chicos, y Wayne Coyne se mete en su bola de plástico gigante y empieza a circular por el público. Pensamos: “ojalá que la bola no regrese al escenario”, pero regresa y decidimos que tenemos ya bastante lección de ostentación gratuita y kitsch, de música barata. La historia a veces se excede a sí misma. Damos con El Guincho, que es muy buen músico, pero que idea o le idean un espectáculo un poco tontorrón y aburrido. El merodeo llega hasta GirlTalk, este biólogo, rata de laboratorio de la que era devota sin haberlo escuchado nunca desde que lo vi en los documentales Good Copy, Bad Copy y en RIP: A remix manifesto, haciendo sus mezclas y sampleados de otros músicos, bulímicamente, saltándose la ley del copyright, pasando del rap (en la base del cual ya está el sampleo, y sino ver los idiotas pleitos que les han caído a grupos como De La Soul), hasta Lady Gaga, que sonó, sí señores, sonó en el festival de música indie por excelencia. El directo lo encuentro un poco mareante, un juego de niños, pero excelentemente bien jugado, sus composiciones son auténticos trabajos de artesanía electrónica. La gente está tan a gusto que gusto da ver el escenario repleto de niñas y niños descamisados, de trasnochados bailongos, de militantes de los sórdidos amaneceres en el Fórum.


Día 2

Llegamos tarde, los “mossos” de Felip Puig con su desalojo forzado de los “indignados” de Plaza Cataluña nos lo ponen en bandeja para ir a poner paz, solidaridad y cabreo a partes iguales en la plaza. Allí uno se da cuenta de algo muy evidente: de la diferencia entre una masa informe (o sea, el público del Primavera Sound) y una congregación ciudadana (la de la plaza), y yo estoy voluntariamente en las dos. La congregación suma, la masa resta, iguala e indiferencia, pero regresemos a la música. Seguimos con lo arcaico, empezamos con Pere Ubu tocando The annotated modern dance. Nos encontramos con viejas historias de Cleveland, Ohio (ahí también nació Edison), con remanencias de la patafísica de Alfred Jarry, el burlesque mezclado con el punk, la petaca y los tirantes con el rock expresionista, un batería joven a lo Curt Cobain apaleando brutalmente la batería, unos momentos de sosiego campestre y una alegría de estar allí tremenda. Si el Primavera Sound es el avispero de los modernos, la “anotada danza moderna” de Pere Ubu (su revisión de su primer LP, The modern dance), reunió a los que no estaban en The National. Uno se hubiera pasado la noche escuchando las batallitas y canciones de David Thomas y sus secuaces.


En Belle&Sebastian me aburro, Stuart Murdoch se dedica a coquetear con las chicas de primera fila, se deja pintar las pestañas, invita al público al escenario y les pone una medalla, como buenos británicos, ejecutan su repertorio elegantemente, recuperan (según mi amiga) caras B de sus EP’s, todo correcto, sobre la marcha, bien ejecutado, muy aclamado. Despegamos hacia Shellac, hacia Steve Albini y sus infalibles directos de rock y noise a partes iguales, el ruido siempre bajo control. “Shellac” es un esmalte de uñas que no se descascarilla, ni salta, ni se ralla, ni pierde brillo, pues así suenan Shellac desde 1992: no pierden brillo, no saltan, no se descascarillan ni se rallan, suenan de fábula. Mi gozo en un pozo visible, en el escenario. Regresamos al fetiche, a ver a Jarvis, mientras de camino Explosions in the sky nos hacen entreveer que nos hemos perdido uno de los buenos. Asistimos a misa, junto a miles de personas, nos postramos ante las letras de neón, Pulp, y reconfirmamos que este señor seguirá reinando en el brit pop por los siglos de los siglos, aunque mi devoción ya no esté para estos reinos. La masa me escupe de nuevo y retiro a lo más lejos. Jarvis dedica Common People a los “indignados” de Plaça de Cataluña, a la “common people” que sin previo aviso fue victima de la brutalidad de las fuerzas del orden. Aquel día hago un recuento de todo lo deseable, “digno de admirar”, que diría otra amiga, que me he perdido: Low, Les Aus y Battles. Vaya.


Día 3

Empieza el tercer día con colas que me impiden ver mis queridos Za! y a John Cale, vamos a por Warpaint, estas chicas que están en la cúspide de lo cool, unas Cocteau Twins modernizadas que me dejan un amable sabor de boca, sobretodo por uno de los temas, el instrumental. Un concierto bonito de Fleet Foxes a media tarde, bajo la luz del día, sin artificios, ellos que venían por primera vez a España (¡hay las primeras veces!¡Cuánta expectación extra!) y directos a la alemania industrial de Einsturzende Neubaten. Empiezan con su Garden, preparándonos para lo que vendrá. Blixa Bargeld y los suyos, como Alan Vega, han hecho un pacto con el diablo, está claro, ¡cómo se puede seguir haciendo estos directos! Cómo no enloquecer con su Let’s do it Dada! Está claro, cuando acaban tienen que volver a salir, la gente no los deja marchar y ellos demuestran que podrían estar tres horas más encima del escenario. Su música, a veces recitativa, a veces primitiva, a veces metálica e infrahumana, por si lo habían dudado, no pasa por la frente, pasa por las venas, e incluso hace llorar (que se lo digan a mi amiga).





De allí a la recuperación que hace Dean Wareham de Galaxie 500
, un exquisito concierto lisérgico con algunos de sus mejores temas sobre la escena que suenan de maravilla. El escenario ATP se llena cuando sube Jon Spencer Blues Explosion, el trío de punk-blues, de puro rock&roll en el fondo, liderado por el hombre más sexy y deseable del mundo entero (perdón por este inevitable resbalón), Jon Spencer, herido y cabreado, intenso hasta la médula. “Bailad, bailad, malditos”, es eso, es lo que hacemos ante estas canciones interminables cargadas de parones y arrancadas, subidas de theremin, de guitarreo, de golpes de batería, ante esta descarga, explosión musical indefinida. Al terminar: un punto y final como Dios manda, el sosiego que sigue a una buena explosión. Después de esto ya mucho es nada, pero The Suicide of Western Culture aún nos dan una grata sorpresa con su oscura electrónica, preludiada por ¡Ay Carmela! y acompañada de unos preciosos visuales inspirados en la Guerra Civil Española e imágenes de libertad en sus mil y una formas. A la hora en que las pupilas se ensanchan más que el corazón retiramos, nada listos para los auténticos “ghost ryders” del lugar, de los cuales formamos ya parte. Y con este sabor de viejas glorias, de infiernos floridos en los poros de nuestros oídos, entramos en un coma profundo del que aún no nos hemos recuperado. No es momento, el final del texto, de hacer política de estado, pero lean el texto de Luis Hidalgo para saber cuatro cosas de ello. Por mi parte, una despedida no pudo acabar con mejor sabor de boca. Ahora toca regresar a la ciudadanía consciente, a la inmanencia de los desajustes socio-económicos de este infierno real al que nuestros políticos nos han dejado.


pd. Gracias a las Martas, a Montse, a Anna, a Mónica, a Dani, Albert e Isma por la compañía, y los buenos consejos, la ayuda y compañerismo de los niños de venuspluton!com y al buen gusto de alguno

3 comentarios:

Xavi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Xavi dijo...

Una crònica fantàstica, de la qual em quedo amb la descripció dels Flaming Lips.

Què va passar amb Swans?

hiperboreana Ingrid dijo...

Xavi, va passar que estava ballant com una boja Jon Spencer Blues Explosion, em sembla! moltes gràcies!!!