viernes, 8 de febrero de 2013

POR DEBAJO DE LOS BUITRES

Escribía hoy, Javier, en El Butano popular, algo que sólo puedo reproducir por entero:
"Homenaje a Curtis Garland
Ola, k ase, cari? ¿Lloras porque se fue el pez con los ojos de plata? ¿Qué poeta lo escribió, o fue la Biblia?: que cada cual entierre a sus muertos. Vivimos de rodillas, cielo, con los dedos despellejados de tanto excavar fosas. Cioran lo decía con ese tono que tenía de jefe de estación: la vida es un sistema de despedidas. Y de despedidos. ¿Te acuerdas de cuando el pan y el periódico eran lo mismo? Lo más auténtico de la mañana. La barra de pan, el diario doblado. La vida recién salida del horno. Pero vaya mierda de pan que se hace ahora. Está precongelado, como los periódicos y como el hombre aquél de la Edad del Hierro que se encontraron en Suiza. Venga, ponte las mallas y empieza a dar saltos, que hay que conservar la delgada línea roja. Quiero decir, que hoy los periódicos no traen nada que nos emocione. Ay, cariño, vámonos a ver otra vez la de Tarantino. Esa película es un canto al Ola K Ase. El pistolero negro se pasa todo el rato diciéndolo, a su manera, claro. Cada tiro suyo es un Ola K Ase.
Disparos, disparos, disparos. Los calendarios tabletean igual que metralletas y el reloj de la cocina es una mina antipersonas. Se están muriendo los hombres que escribían novelas del Oeste. En España siempre hemos entendido muy bien eso del lejano Oeste. Somos una tierra de pueblos en medio de la nada, de hombres que silban solitarios y de gente dispuesta a ahorcarte en el árbol más cercano porque no eres de los suyos. Gente de gatillo fácil. Hemos aprendido a desenfundar rápido y a poner la bala donde ponemos los ojos. Sí, cariño, mírame a los ojos con tus balas de plata. Hoy tienes los ojos grises, qué delicia. Las nubes rojas del Colorado, las montañas sagradas, los ríos sin retorno. Un escritor sólo necesita un paisaje. Escribir es eso, cielo, es ponerse en medio de las cosas. Sin miedo al huracán. Llega gimiendo, sí, y el aire ardiendo te arranca la piel a tiras; pero eso es lo más bonito de la escritura. Achicharrarse en medio de las cosas. Ya ves, amor mío, se nos mueren los escritores del Oeste, se nos caen por el desfiladero. Dentro de un rato salgo para un entierro. No mires atrás, los cementerios están siempre delante nuestro. Somos carnaza. Sólo venimos al mundo para darles de comer a los buitres".