miércoles, 22 de mayo de 2013

MULTITUDS

Deixo un text publicat per Franco Berardi "Bifo" (més reflexiu) i un altre de meu (més general i contextual, més purament periodístic) al Cultura/s (versions castellanes)


MULTITUD Y REVUELTA, FRANCO BERARDI

En el siglo pasado, la revuelta contra la explotación y la violencia del capitalismo se encontró con un intérprete social y político fuerte: la clase obrera. En torno a las fuerzas del trabajo industrial y a sus formas de organización podía construirse un frente social capaz de resistir y a veces hasta de derrotar a la violencia económica. La transformación provocada por la globalización del mercado de trabajo, por las nuevas tecnologías y la ofensiva neoliberal ha destruido la importancia central de la política obrera y ha disgregado el mundo del trabajo, transformando el proceso de producción en un aluvión de trabajo precario. La centralidad política de la clase obrera se ha disuelto y el proceso de (re)composición del trabajo se ha vuelto muchísimo más difícil; es más, imposible de hacer sirviéndonos de las formas que conocimos en el pasado.
Pero eso no significa que las fuerzas políticas tradicionales sean capaces de garantizar el gobierno de la sociedad. El gobierno ha sido sustituido por la estructura de poder: la democracia ha sido reemplazada por la imposición de automatismos técnicos y por la ferocidad matemática del poder financiero, que le sustrae al poder político todo espacio de decisión. El dominio del capital no se expresa en forma de gobierno democrático, sino a través de la agresión financiera. La clase político-financiera que detenta el poder en Europa no gobierna a la sociedad, sino que la está destruyendo. Y aun así, en los últimos años, hemos visto que buena parte de la sociedad permanece irreductible al dominio; lo sufre, pero al mismo tiempo resiste y se rebela.
La resistencia del cuerpo social se manifiesta de múltiples maneras, que en muchos casos se transforman en revuelta. Sin embargo, al ser incapaces de recomponerse en una estrategia común, estas formas de resistencia se manifiestan de manera multitudinaria.
El concepto de multitud fue propuesto en un primer momento por el filósofo holandés de origen judío Baruch Spinoza. Mientras Thomas Hobbes piensa que solo la fuerza central del Estado puede hacer posible una suspensión del estado de guerra entre los hombres, asentando, en consecuencia, la teoría política autoritaria moderna sobre la idea de un Estado-Leviatán que gobierna a un pueblo sometido, Spinoza reconoce que la complejidad de la vida social se manifiesta como una multitud irreductible.
En la última década, los pensadores post-obreristas (en especial, Michael Hardt y Toni Negri) retoman el concepto spinoziano y afirman que la resistencia social contra la violencia capitalista se reconoce, subjetivamente, de forma multitudinaria.

Toni Negri escribe: “La multitud es una suma de singularidades. La multitud es un concepto de clase. La multitud, de hecho, es siempre productiva y está siempre en movimiento.”

En la realidad contemporánea, las políticas neoliberales y el poder del capital financiero, tras haber provocado una concentración de la riqueza, el empobrecimiento de los trabajadores y la privatización de los servicios sociales, se revelan incapaces de garantizar un gobierno democrático, reducen los márgenes de decisión política de los parlamentos, y al mismo tiempo, suscitan reacciones cada vez más violentas por parte de la sociedad.
Son reacciones de tipo multitudinario, es decir: descoordinadas a nivel de organización e incapaces de proponer una dirección estratégica a las protestas y de convertirlas en un proceso de transformación consciente. La ola de revueltas que, entre el 2010 y el 2011 se expresó en varios países europeos (en Grecia, en España y en Italia y hasta en la metrópolis londinense), han demostrado que la sociedad reacciona con rabia al intento de reducirla a condiciones de miseria generalizada en pos del enriquecimiento de una pequeña minoría financiera. Pero esta ola de revueltas no ha hallado una síntesis política, el trabajo precario no logra concretarse en movimiento solidario, y gran parte de la protesta se organiza en partidos nacionalistas o abiertamente fascistas. Por ejemplo, es impresionante la incapacidad de los progresistas y de la sociedad europea por oponerse al martirio y a la  humillación al que la clase política-financiera europea ha sometido al pueblo griego durante los últimos tres años. Y el crecimiento de formaciones nacionalistas como Alba Dorada es una respuesta agresiva ante esa soledad, ante ese aislamiento. Las multitudes se rebelan, pero no logran convertirse en un movimiento de transformación consciente y autónomo.
La visión negriana se revela, por tanto, como correcta, pero solo a medias. Negri está en lo cierto al ver en la multitud una fuerza de resistencia irreductible, pero la pretensión de que la multitud desarrolle un papel de (re)composición social es infundada. La multitud es esa tendencia dispersiva que mantiene abierta una tensión democrática que impide que la sociedad se someta al capitalismo, pero no es capaz de derrocar al poder financiero, que sigue persiguiendo su proyecto de austeridad.
Otro pensador de la escuela obrerista, Paolo Virno (autor, entre otros, de un libro titulado Gramática de la multitud), expresa una visión más compleja de este concepto. Aunque en los textos virnianos no se encuentre ninguna polémica ni disquisición abierta respecto al modo en el que Toni Negri y Michael Hardt elaboran la noción spinoziana de “multitud” es evidente que su manera de proponer este concepto es distinta a la de aquellos. Mientras en la trilogía de Negri y Hardt (que va desde el Imperio y la multitud y llega hasta el bien común) se halla implícita la exaltación del carácter activamente subjetivo de la multitud, Virno habla de la multitud sin ninguna retórica de la subjetividad.
Multitud para él significa: “aquello que no ha aceptado devenir pueblo, en tanto que contradice virtualmente el monopolio estatal de la decisión política, es decir, una reaparición del 'estado de la naturaleza' de la sociedad civil” (2002).
Como Hobbes, también Virno considera el concepto de “multitud” como negativo, aunque, naturalmente, Hobbes odia esa negatividad porque la considera un peligro, mientras que Virno extrae de esa negatividad la condición para un proceso de (re)composición social autónomo y consciente. 
A partir de esa negatividad, o mejor dicho: de esa irreductibilidad que expresa el concepto de multitud, se hace necesario desarrollar un proceso de subjetivación que requiere la emergencia de tendencias sociales reagrupantes.
¿De dónde podrá provenir esa tendencia a la (re)composición que sustraiga a la sociedad contemporánea -en particular a la europea- del retorno a la barbarie que la violencia financiera está provocando? Solo el trabajo cognitivo, actualmente fragmentado de forma precaria y competitiva, puede poner en marcha un proceso de (re)composición y de autonomía respecto a la catástrofe que el neoliberalismo ha preparado para el futuro del continente.

“Los muchos deben ser pensados como individuaciones de lo universal, de lo genérico, de lo compartido” (2002) escribe también Paolo Virno.

¿Qué es lo compartido? Aquello que compartimos es el lenguaje y el conocimiento. El proceso de (re)composición puede emerger de la dimensión común del trabajo cognitivo: el trabajo de millones de individuos que se conectan a través de la red y crean conjuntamente la riqueza y los servicios que la sociedad necesita. Solo a partir de la auto-organización del trabajo cognitivo, de los millones de trabajadores de la educación y de la ciencia, del ámbito de la salud y de la tecnología; esto es: solo a partir de la capacidad del trabajo intelectual de separarse del dominio financiero podrá emerger una dinámica de (re)composición.

Esta dinámica se manifiesta especialmente cuando hablamos de la forma plenamente desarrollada del trabajo social en la época post-fordista, una época en la que la intelectualización del trabajo ha llevado hasta el extremo la tensión entre el dominio y la emancipación dentro de la organización tecnológica misma del capital.
Los movimientos de protesta que se han desarrollado en los últimos años no serán capaces de reconstruir la autonomía de la sociedad respecto a la violencia financiera que la desangra; no al menos hasta que logren construir las formas culturales, sociales y políticas que vehiculen la solidaridad de los trabajadores cognitivos.

La multitud es vida que resiste a la mortificación financiera, pero advertimos, con urgencia creciente, la necesidad de un proceso de (re)composición de las fuerzas de trabajo, y ese proceso debe estar centrado en la autonomía del trabajo cognitivo.

(Traducción de Sara Alcina Zayas)

MULTITUD Y CULTURA, Ingrid Guardiola

En el primer capítulo de Propaganda, Edward Bernays dice que quienes manipulen los hábitos y opiniones organizados de las masas en sociedades democráticas, “constituirán el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de los países”. Como nos contaba Adam Curtis en The Century of the Self, Bernays era el sobrino de Freud, y aplicaba todas sus teorías sobre el “inconsciente humano” al consumo de masas y a las “relaciones públicas”. Para Bernays, ahí estaba el filón, es, precisamente, esa “manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones” del hombre tipo, condicionado biológicamente por su deseo y emancipado económicamente, que resultará el talón de Aquiles de este “hombre-masa”. Todo esto ha permanecido en el discurso publicitario y propagandístico, pero a nivel social otra figura con comportamiento distinto ha reemplazado al hombre-masa: la multitud. Nuestra época se define por parámetros diferentes a los que contextualizaban el hombre-masa de Ortega y Gasset: Frente a la estabilidad política, la inestabilidad y el descrédito; frente a la seguridad económica, la escasez y la deuda; frente el confort y el orden público, la precariedad y el caos. Con relación a Freud y Bernays, puede decirse que a medida que el ciudadano va apropiándose de las herramientas de comunicación y producción cultural (que pasa por las nuevas tecnologías), esa “manipulación de los hábitos y las opiniones” es más detectable y, por lo tanto, menos eficaz. Según Paolo Virno, la multitud parte de tres presupuestos: la idea de pluralidad de singularidades, la emancipación política con respecto al Estado y el contexto de capitalismo cognitivo o postfordista donde la producción de conocimiento y de otros tipos de bienes inmateriales están en la misma consideración sistémica que la producción de bienes materiales propios del fordismo. Como dice Ruben Martínez (uno de los autores del proyecto #masacritica), en los actuales procesos productivos la materia prima son “el saber, la información, la cultura, las relaciones sociales, es decir, todo aquellos que vehicula el lenguaje”. El lenguaje es el nuevo puño, la gramática de la nueva “multitud”. Es lo que contará Howard Rheingold en Multitudes Inteligentes, cuando indica que el 20 de enero de 2001 el corrupto presidente de Filipinas, Joseph Estrada, se convierte en el primer jefe de Estado de la historia que pierde el poder a manos de una colectividad inteligente: más de un millón de residentes de Manila a través de mensajes de texto masivos con el eslogan “Id a Edsa, vestidos de negro” inundaron las calles y derrocaron al dictador en lo que Rheingold llama la “Generación Txt”. Estos nuevos espacios textuales, como las clásicas pancartas, son inseparables de su correlato físico, de la misma forma que las fuerzas productivas inmateriales lo son de las materiales o la resistencia de la red de la de la calle. Rheingold analiza algunas de las reglas de cooperación de las nuevas “comunidades de acción colectiva” partiendo de contextos como Internet que aceleran nuevas formas de integrar los  “bienes públicos” y la acción coral. Roberto Gelado, en un artículo sobre Hardt y Negri, lo reafirma indicando que los motores para vencer las desigualdades de este sistema son la cooperación (física y cognitiva) y la hibridación en un marco de intercambio lingüístico facilitado por las nuevas redes sociales. Negri entiende que “la multitud necesita de un proyecto político para empezar a existir”. ¿Cuál es este “proyecto”? En un artículo en este mismo suplemento el 30/04/2003, Carles Guerra decía que la multitud había aparecido como un nuevo sujeto político que se organiza de forma diaspórica, y lo decía a raíz de las manifestaciones en contra de la invasión de Iraq (que propició, a su vez, el relevo político de Aznar). ¿Existe tal “esperado” proyecto político al margen de la política oficial representada por un Estado al que la multitud ya no respeta?

Individualismo Conectado

Si Don Tapscott en The Digital Economy decía que los “mercados son conversaciones”, ¿ahora podríamos decir que las conversaciones son posicionamiento en el mundo y acción política que transforman los mercados? Yochai Benkler (gurú del MIT) habla de la emergencia de la “economía informativa en red” y de como ésta conforma nuestra esfera pública en comunidades virtuales que se articulan alrededor del “social software”. Desde entonces hasta hoy, ha aparecido Wikileaks, Twitter, Facebook, Google +, Diáspora, N-1, etc., las primeras plataformas de crowdfunding (“Wikinomics”), el crowdsourcing, la primavera árabe, el 15M, Occupy Wall Street y, sobretodo, la indignación generalizada. Es esa indignación la que convierte al cuerpo informe de la multitud en un audífono y en un altavoz de los acontecimientos, que hace visible las estafas de toda índole, esa multitud que protege los desamparados o cambia las ILP, que tensa la política desde la base mientras hace filigranas para llegar a fin de mes. Es esa multitud que convierte un hashtag en una plaza pública y una plaza pública en un seudo-referendum transformando la multitud en “individualismo conectado” (ver Networked: the new social operating system, MIT, 2012). En ese “individualismo conectado” también hay espacio para los trolls, para los suicidios, para los virales, la basura informática y las chorradas, pero a la vez la estructura conectiva permite darle una suerte de “cuerpo político” a la multitud: el hecho que la gente ya no trabaje desde el gremio para el gremio, sino desde uno mismo, agremiándose para el bien común, y eso pasa de la red a la calle y de la calle a la red. Puede verse en proyectos como Mapping: Change for sustainable communities (una respuesta a la “Agenda 21” donde diferentes grupos se dedicaban a la sostenibilidad urbana, con la colaboración de la University College London y London 21), Dengue Torpedo (un intento de disminuir los afectados por la fiebre “dengue”, muy común en el mundo tropical, a través del Social Apps Lab de CITRIS que usaba la tecnología móvil, el “general intellekt” y las herramientas de geolocalización para alertar de la presencia del mosquito portador del virus), Marea roja: cultura en lluita (una asociación abierta de trabajadores del sector de la cultura que se ha agrupado para hacer frente al incremento abusivo del IVA cultural y a la desprotección y desconsideración que sufre la cultura), Mecambio.net (una página web que sirve como guía selectiva de servicios para particulares que no respondan a los intereses corporativos, sino a una economía práctica y real que siga una lógica de producción sostenible, justa, distributiva y participativa), la red de Educación Sin Fronteras, La Xarxa d’Universitats Lliures o el mismísimo desarrollo del software libre (el modelo primigenio de estas nuevas formas organizativas del trabajo). Si la esfera pública es como un “sistema operativo”, para que opere bien tendrá que eliminar aquellos elementos que lo controlan y lo vuelven inoperante. Este individualismo tiene que entenderse como un espacio donde la ecuación “Obra-Bien común” toma cuerpo a partir de una centralidad (sujeto) que fructifica gracias a la inteligencia/fuerza colectiva (directa o indirectamente); es la única forma de transformar lo cuantitativo de nuestra “era conectada” en cualitativo, de pasar del “trending topic” o del líder mediático al “social topic” y a la “comunidad mediada”, a las necesidades culturales reales de nuestra época que apuntan, por todos lados, a un fallo integral del “sistema”, no sólo de sus protagonistas. Como decía hace poco Rancière en una entrevista, “hay que recrear comunidades visibles, comunidades ejemplares de vida (…) Se trata de dar figura a las capacidades empleadas en esos procesos de trabajo y de lucha”, lo que son los núcleos duros de una “multitud” no regida por el deseo de consumo inoculado desde los medios y las corporaciones, sino por el deseo de vivir en un mundo más habitable. Ya hay muchos “nosotros” trabajando en ello.