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viernes, 19 de abril de 2013

PSICODRAMA TRANSITORI D'UN WORKALCÒHOLIC



Gabriel Orozco



En un món on tothom es passa tantes hores davant l'ordinador, els colzes hauríen de ser tous com les natxes del cul, les parpelles haurien de moure's com els parabrises i el llagrimal anar cap amunt, enlloc de coll avall. Llàgrimes com a forma d'higiene matutina més que com a embut on zigzaguegen les penes quotidianes. Crec que agafaré abans una capsulitis a aquestes zones mortes (les dels colzes, que es claven al cos com esquadres) que no seré testimoni d'un foc artificial centrífug a la zona craneal. No hi haurà catarsi, el museu de les idees absurdes romandrà intacte. Si la cervesa pogués refrescar les articulacions per dins, si els fotons fossin nutritius, si Spotify no fos tan pesat, si les terrasses dels veïns plenes de gent afartant-se de riure no fossin tan envejoses, si la playlist dels crooners activada per fer-ho tot més digerible no expliqués tantes mentides... Demà ja rondaré la vida.

viernes, 15 de enero de 2010

KILL YOUR IDOLS (1)

CLICA encima de la imagen para conocer los personajes

(este texto nace a partir de un video que vi, el primero que está lincado en el texto, el último minuto, cuando Kim Gordon se pone a bailar con el shake-shake-shake; es un divertimento idiota con algunos de mis ídolos y consiguió hacerme pasar mi tristeza circunstancial y un engorroso y lapidario "bad mood" el viernes pasado, es decir, ayer)



Kim era una hermosísima diosa hindú, la única que no salía en el Mahabharata. Y solía bailar ASÍ. Kim tenía dos ángeles guardianes, dos cupidos immaduros, llamados Lee (por Bruce Lee, ya que su ángel progrenitor lo odiaba) y Thurston, que era un ángel-cíclope, de aquí que nunca dejara ver su ojo. En el reino de Kim en lugar de liras había guitarras que siempre sonaban, ¡y cómo sonaban! Como los ángeles, ni más ni menos, como lo que eran. Kim tenía una prima que pasaba por diosa, aunque no lo era, Marylin, con la que se teñían juntas. Marilyn se pasaba horas leyendo un libro titulado Ulises de su tío Joyce, una novela pseudoerótica sobre un antiguo primo que aprovechó los vuelos de bajo coste para recorrerse medio mundo mientras su mujer se lo hacía con su corte de pretendientes; la misma cantidad de tiempo la dedicaba a posar desnuda para fotógrafos o mirones de tres al cuarto como consecuencia de sus arduas horas de lectura del libro del tío Joyce. En el libro salía un tipejo llamado Dédalus, arquitecto borracho que diseñaba celdas para prisiones imposibles. Gracias a un pelo de oro teñido de Kim su amigo Teseo consiguió salir de una relación sentimental tortuosa y laberíntica con su hermano, un boxeador al que llamaban “Minotaurus” y que había decidido vivir en una de las celdas de Dédalus como si de un gimnasio se tratara. Ambos, de tanto en cuanto, se acostaban con Ariadna, la amada de Teseo, una modelo del reino de Creta que salía en todas las revistas de moda por aquel entonces y que ahora ya forma parte de la industria del reciclaje. Teseo le solía cantar “I put a pelo on you” mientras ella pensaba en otros y ambos se morían de la risa. Ariadna siempre pensaba en otros, mientras que Teseo componía las peores letras de las peores canciones del reino. La joven Ariadna a veces iba a ver a Kim a pedirle consejos, conocida como era por su innata sabiduría, pero a Kim sólo le gustaba bailar, de hecho era lo único que podía hacer la pobre diosa. Y vaya si bailaba, como si fuera más diosa de lo que en realidad era, a pesar de que era la número uno. A fin de cuentas era la danza de Kim la que daba cuerda al mundo al ritmo de las guitarras de sus cupidos. Y cuando ella tenía que cubrir alguna de sus necesidades enchufaban una máquina que reproducía sus movimientos a partir de un holograma. Kim solía repetirle a la jovencita: ¿es que vas a permitir que se acabe el mundo por culpa de tus problemas sentimentales? Y Ariadna, que además de engreida era cortita, pensaba que, ¿por qué no? Al fin y al cabo para ella el mundo, la vida, eran sólo el sexo y el amor en su vertiente pesimista y su cómplice principal era su espejo. A veces también se deleitaba oliendo el bote de tinte amarillo de sus amigas, pero poca cosa más. Ariadna intentaba conquistar a los cupidos sin saber que aquellas guitarras eran la base sobre la que Kim giraba y un día que Teseo se había ido de viaje, decidió ir a por ellos. “¡Dos en uno!”, pensó. Y aquel día fatídico en que Kim dio órdenes estrictas a sus ángeles de que enchufaran el holograma a las cinco de la tarde (puesto que era su día de teñirse el pelo), los senos de Ariadna la pura consiguieron parar el mundo. Todos quedaron petrificados: Marilyn, que siempre iba por la página 384 del libro, Minotaurus, que sólo se preocupaba de alimentar sus históricos músculos, el tío Joyce que quien sabe si aún existía en algún rincón del mundo de los dioses postolímpicos (de tanto en cuanto llegaba una misteriosa carta suya), el idiota de Teseo, y Thurston y Lee con sus culos al aire, su pelo en la cara y las guitarras abandonadas, Dédalus que se había construido una celda imposible para perderse a sí mismo en sí mismo y la misma Ariadna, que con toda la boca rebosante de “vida láctea” parecía una fuente de aquellas donde las sirenas emanan el agua de sus cuerpos petreos. Incluso a Kim se le endurecieron sus abismáticos ojos, su jadeante voz, las blancas carnes de diosa número uno. Y en menos de un segundo lo que fuera piedra se convirtió en polvo, cumpliéndose así la máxima de que tiran más dos tetas que dos carretas y de que de un polvo venimos y en polvo nos convertimos. Y de todos aquellos dioses postolímpicos nada quedó vivo más que un pelo de oro teñido flotando en el magma del espacio sideral. Un pelo, ¿pero un pelo de quién? En aquel hilo, quien sabe, podría permanecer la esperanza de reestablecer este mundo creado por unos dioses melómanos, aburridos, perturbados algunos y sin sentido la mayoría, la Biblia de los cuales era un par de números del Rockdelux que habían quedado sepultados en su día. En un futuro cercano alguien o algo recordará que Kim era una hermosísima diosa hindú, la única que no salía en el Mahabharata, y que durante dos o tres eternidades solía bailar ASÍ, ASÍ, ASÍ, ASÍ, ASÍ.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

COLLAGE


En el suplemento cultural de la Vanguardia de hoy, el Culturas, salen los collages de una amiga, Gloria, su blog está lincado a este en el apartado de blogs que visito. Al lado de los collages han incluido un fantástico cuento de Alphonse Allais: Collage. Lo copio aquí en su versión original.

COLLAGE

Le Dr Joris Abraham W. Snowdrop, de Pigtown (U.S.A.), était arrivé à l’âge de cinquante-cinq ans, sans que personne de ses parents ou amis eût pu l’amener à prendre femme. L’année dernière, quelques jours avant Noël, il entra dans le grand magasin du 37th Square (Objets artistiques en Banaloïd), pour y acheter ses cadeaux de Christmas. La personne qui servait le docteur était une grande jeune fille rousse, si infiniment charmante qu’il en ressentit le premier trouble de toute sa vie. À la caisse, il s’informa du nom de la jeune fille.

– Miss Bertha.

Il demanda à miss Bertha si elle voulait l’épouser. Miss Bertha répondit que, naturellement (of course), elle voulait bien. Quinze jours après cet entretien, la séduisante miss Bertha devenait la belle «mistress» Snowdrop. En dépit de ses cinquante-cinq ans, le docteur était un mari absolument présentable. De beaux cheveux d’argent encadraient sa jolie figure toujours soigneusement rasée. Il était fou de sa jeune femme, aux petits soins pour elle et d’une tendresse touchante. Pourtant, le soir des noces, il lui avait dit avec une tranquillité terrible:

– Bertha, si jamais vous me trompez, arrangez-vous de façon que je l’ignore.

Et il avait ajouté:

– Dans votre intérêt.

Le Dr Snowdrop, comme beaucoup de médecins américains, avait en pension chez lui un élève qui assistait à ses consultations et l’accompagnait dans ses visites, excellente éducation pratique qu’on devrait appliquer en France. On verrait peut-être baisser la mortalité qui afflige si cruellement la clientèle de nos jeunes docteurs. L’élève de M. Snowdrop, George Arthurson, joli garçon d’une vingtaine d’années, était le fils d’un des plus vieux amis du docteur, et ce dernier l’aimait comme son propre fils. Le jeune homme ne fut pas insensible à la beauté de miss Bertha, mais, en honnête garçon qu’il était, il refoula son sentiment au fond de son cœur et se jeta dans l’étude pour occuper ses esprits. Bertha, de son côté, avait aimé George tout de suite, mais, en épouse fidèle, elle voulut attendre que George lui fasse la cour le premier. Ce manège ne pouvait durer bien longtemps, et un beau jour George et Bertha se trouvèrent dans les bras l’un de l’autre. Honteux de sa faiblesse, George se jura de ne pas recommencer, mais Bertha s’était juré le contraire. Le jeune homme la fuyait; elle lui écrivit des lettres d’une passion débordante:

«…Être toujours avec toi; ne jamais nous quitter, de nos deux êtres ne faire qu’un être!…»

La lettre où flamboyait ce passage tomba dans les mains du docteur qui se contenta de murmurer:

– C’est très faisable.

Le soir même, on dîna à White Oak Park, une propriété que le docteur possédait aux environs de Pigtown.

Pendant le repas, une étrange torpeur, invincible, s’empara des deux amants. Aidé de Joe, un nègre athlétique, qu’il avait à son service depuis la guerre de Sécession, Snowdrop déshabilla les coupables, les coucha sur le même lit et compléta leur anesthésie grâce à un certain carbure d’hydrogène de son invention. Il prépara ses instruments de chirurgie aussi tranquillement que s’il se fût agi de couper un cor à un Chinois. Puis avec une dextérité vraiment remarquable, il enleva, en les désarticulant, le bras droit et la jambe droite de sa femme. À George, par la même opération, il enleva le bras gauche et la jambe gauche. Sur toute la longueur du flanc droit de Bertha, sur toute la longueur du flanc gauche de George, il préleva une bande de peau large d’environ trois pouces. Alors, rapprochant les deux corps de façon que les deux plaies vives coïncidassent, il les maintint collés l’un à l’autre, très fort, au moyen d’une longue bande de toile qui faisait cent fois le tour des jeunes gens. Pendant toute l’opération, Bertha ni George n’avaient fait un mouvement. Après s’être assuré qu’ils étaient dans de bonnes conditions, le docteur leur introduisit dans l’estomac, grâce à la sonde œsophagienne, du bon bouillon et du bordeaux vieux. Sous l’action du narcotique habilement administré, ils restèrent ainsi quinze jours sans reprendre connaissance. Le seizième jour, le docteur constata que tout allait bien. Les plaies des épaules et des cuisses étaient cicatrisées. Quant aux deux flancs, ils n’en formaient plus qu’un. Alors Snowdrop eut un éclair de triomphe dans les yeux et suspendit les narcotiques. Réveillés en même temps, Georges et Bertha se crurent le jouet de quelque hideux cauchemar. Mais ce fut bien autrement terrible quand ils virent que ce n’était pas un rêve. Le docteur ne pouvait s’empêcher de sourire à ce spectacle. Quant à Joe, il se tenait les côtes. Bertha surtout poussait des hurlements d’hyène folle.

– De quoi vous plaignez-vous, ma chère amie? interrompit doucement Snowdrop. Je n’ai fait qu’accomplir votre vœu le plus cher: Être toujours avec toi; ne jamais nous quitter; de nos deux êtres ne faire qu’un être…

Et, souriant finement, le docteur ajouta:

– C’est ce que les Français appellent un collage.

viernes, 14 de agosto de 2009

LA MORT D’OSIRIS




(us adjuntem una adaptació que vam fer per a nens del mite d'Isis i Osiris amb en Víctor)


LA MORT D'OSIRIS

En un entorn ancestral voltat de vegetació. Una piràmide al fons. Estem a Heliòpolis.

NARRADOR: Els déus egipcis tenen una història molt llarga, i encara més complicada. La llegenda d’Heliòpolis diu que en un principi existia el caos. El sol es va fer a sí mateix i va aparèixer Atum, aquest va escopir i va crear la primera parella, Shu i Tefenut. D’aquests dos van néixer Nut, deessa del cel i Geb, déu de la terra. Quan el cel i la terra es van separar van aparèixer els quatre fills: Osiris, Isis, Neftis i Seth.

Al costat del narrador apareix, d’entre unes túniques, la figura d’Isis. Porta una màscara amb dos corns al cap que encerclen un disc solar.

NARRADOR: Heus aquí Isis, la naturalesa, la mare de la creació, l’avantpassat primitiu del temps, la primera entre els déus i les deesses del cel, la reina de les ombres, el poder etern venerat en tot el món sota les més diverses formes, la que aplega tots els noms. Ara us explicarem la història dels déus més venerats, Isis i Osiris.

Isis comença a parlar i el narrador desapareix.

ISIS: Jo, Isis, i el meu espòs Osiris, vam regnar sobre Egipte, al llarg de l’esplanada del Nil. Un dia, però, Osiris va anar a conquistar el món i va tenir tantes victòries que el seu germà Seth, gelòs de mena, va preparar-li una emboscada. Va utilitzar la nostra germana Neftis que es va transformar amb mi per enganyar-lo. Quan Osiris, el meu marit, dormia, Seth el va matar amb el trident, el va desquartitzar i va tirar els quatorze trossos al riu. Jo mateixa, boja de dolor, em vaig tallar els cabells, em vaig cobrir el cos de cendres, vaig demanar construir una barca i vaig sortir a la recerca dels fragments del meu espòs.

Mentres Isis parlava, al seu costat, una figura s’ha anat embolcallant amb uns teixits talment un cos momificat. En aquest moment el cos s’ha girat i veiem la figura d’Osiris amb una màscara coronada per un ocell.

ISIS: Heus aquí Osiris, germà i espòs, déu egipci de la mort. Jutge en el judici de tots els morts. Avui és el dia en què tots els trossos del cos del meu marit jeuen aquí. Els he embalsamat per tal de ressucitar-los, ja que sense ell el meu cos també està desquartitzat.

Isis s’acosta amb to invocador al cos del seu marit. Sona un fragment de La Passió Segons Sant Mateu de J. S. Bach.

ISIS: Desperta! Oh, tu que estàs adormit, desperta! La teva boca és pura, la teva llengua és justa i verídica. Tu detestes les deixalles i estàs exempt de culpa. Ara els teus enemics són portats a la vasta sala del judici. A favor teu es pronuncia la balança de la Justícia dels Móns. Sí, estàs lliure. Heus aquí que la vida és tornada als teus ulls, al teu nas, al teu front, a la teva boca. Heus aquí que la vida és tornada.

Osiris s’aixeca, es treu el teixit que el guardava i desperta.

OSIRIS: Per Ra, què veuen els meus ulls, si és Isis? On sóc?

ISIS: Benhaurat tu que has tornat a la vida.

OSIRIS: La vida? Quina vida?

ISIS: La vida de l’ànima, però també la del cos.

OSIRIS: És com si em despertés d’un llarg somni.

ISIS: D’un malson, espòs meu.

OSIRIS: Què ha passat?

ISIS: Va ser Seth…

OSIRIS: No diguis més, ara ho recordo tot. Tot el que en l’ahir vaig viure m’ha donat la llum que tinc ara.

ISIS: Tot l’amor que en l’ahir et prodigava t’ha portat la llum a l’ànima i t’ha refet els membres.

OSIRIS: Ara recordo quan vagava per les terres d’Egipte, conquistant-les. Recordo els perills que constantment m’amenaçaven. Recordo la fúria d’aquell pop de mil cames.

Osiris recorda la batalla amb el pop i l’escenifica turbulentament.

ISIS –frenant el deliri del seu marit-: Deixa la memòria tranquil·la, estimat espòs.

OSIRIS: La memòria només es calma amb la pau de l’ànima i la pau de l’ànima la dóna la justícia divina. Cridarem a Toth, déu dels escrives, aquell que fixa la justícia.

ISIS: En veritat et dic que no molt lluny d’aquí habita Toth.

Isis agafa una màscara, es dirigeix al públic i busca a qui li ha d’encaixar la màscara. L’escollit és portat a escena. Entra Toth.

OSIRIS –donant-li un ceptre a Toth-: Oh Toth, tu que calmes el furor dels Combatents, tu que disperses les tenebres i les tempestats, reclamo un judici just. Porta’m davant de Seth, el meu assassí i posa el seu cor tacat de crim a la balança. Invoquem-lo llavors!

Osiris invoca a Seth i aquest apareix a escena.

SETH: M’heu cridat? Aquí em teniu.

OSIRIS: Digues, oh Toth, si declaras culpable a Seth, el meu assassí, o no.

TOTH: Pel greu crim comès, declaro a Seth culpable. A partir d’ara el turment no et deixarà viure fins que la puresa del teu cor no sigui tornada, quan tot el mal que has comès et sigui perdonat.

Seth desapareix fulminat.

TOTH: La meva feina, Osiris, acaba aquí. Que Ra t’acompanyi.

Toth se’n va.

OSIRIS: Heus aquí que ara penetro en la pau, sóc santificat en la meva ànima i la meva ombra mira, atentament, en silenci, sobre el meu passat, i perdona.

Final.